miércoles, 19 de febrero de 2014

JOSÉ LUIS GUARNER

JOSÉ LUIS GUARNER


NOTICIA DE SU FALLECIMIENTO
 
El escritor y crítico de cine José Luis Guarner murió en la mañana de ayer en su domicilio familiar de Barcelona, víctima de un cáncer. Nacido en Barcelona en 1937, Guarner había ejercido la crítica en numerosas publicaciones, entre ellas el diario La Vanguardia y las revistas The Movie, Fotogramas y Film Guide, y había escrito las biografías de cineastas como Roberto Rossellini y Pier Paolo Pasolini. Guarner impulsó en 1959 la creación de la Semana del Cine de Barcelona, que después se transformó en el Festival Internacional de Cinema. No será posible escribir sobre los avatares del cine y de la reflexión cinematográfica en España prescindiendo del papel central que José Luis Guarner desempeñó en estas lides. José Luis fue en los años oscuros del franquismo uno de los motores del cineclub Monterols de Barcelona (en donde consiguió exhibirse El acorazado Potemkin disfrazado como Las escalinatas de Odessa); fue uno de los introductores y exégetas de las novísimas reflexiones del equipo de Cahiers du Cinéma; fue analista y crítico en Film Ideal, Documentos cinematográficos, Fotogramas, La Vanguardia y la revista británica Movie, entre otras publicaciones.Estuvo en el equipo fundador, y fue timonel, hasta su naufragio, del Festival de Cine de Barcelona, que transitó procelosamente desde la novedad estética del color en los años cincuenta hasta el diálogo entre la imagen fotoquímica y la electrónica en los años ochenta.


Fue colaborador en España del director italiano Vittorio Cottafavi, presidente de la Asociación de Críticos y Escritores Cinematográficos de Cataluña, y escribió libros (le referencia obligada, como 30 años de cine en España (1971), una monografia sobre Visconti (1978) y, sobre todo, su fundamental Roberto Rossellini, que aparecio publicado en inglés en 1970, convirtiéndose inmediatamente en un clásico para la historiografía mundial. A pesar de que su vista y su oído estaban muy disminuidos por una vieja afección neurológica, consiguió el milagro de ser el crítico de cine más perspicaz y agudo de nuestro país. Nunca supimos cómo consiguió superar su limitación perceptiva en las salas oscuras, pero sus ojos y sus oídos tenían en su interior una finura excepcional. José Luis navegó además con excepcional elegancia por encima de las múltiples querellas teóricas y políticas que asolaron el reñidero de la crítica nacional. No todos estuvimos siempre de acuerdo con sus opiniones, pero puedo afirmar que no conozco ninguna enemistad suya o de otros colegas surgidos por tales discrepancias, que con frecuencia desbordaron el ámbito de la cinefilia. Porque tuvo la suprema virtud intelectual de estar por encima de las controversias.


José Luis se ha ido demasiado pronto', después de que le precedieran en este viaje dos amigos suyos de la estatura artística de Néstor Almendros y de Federico Fellini. Supe con sorpresa de su enfermedad terminal en los últimos días de octubre, estando en Florencia en un simposio sobre las nuevas tecnologías de la imagen en el que José Luis debía participar. El director Jorge Grau leyó su ponencia, seguramente su último texto, divertido y culto como todos los suyos, en el que afirmaba que los dinosaurios de Spielberg estaban mucho mejor que los actores de Jurasic Park. En esta reunión de Florencia se anunció la gravedad de su estado y los presentes le rendimos un recuerdo por su lucha constante pero discreta por la dignificación de un medio de expresión. Y entonces no pude dejar de pensar que hace pocos años su nombre fue propuesto para el Premio Nacional de Cinematografía del Ministerio de Cultura, pero que un pequeño sector de la industria le vetó con rotundidad. Tampoco la Generalitat de Cataluña se acordó de él a la hora de los honores y condecoraciones. Tal vez sea este silencio vergonzoso de la burocracia cultural el mejor elogio a su insobornable independencia.

Román Gubern.- 4 de noviembre de 1993.- El País


Ciertamente merece un texto en solitario. Porque para muchos cinéfilos de 2014 sigue siendo el crítico más importante que el cine ha tenido en el país de nuestras vergüenzas. Y puede que tengan razón los que así opinan. Disgustaría mucho a Guarner que le llamasen “crítico”, ya que él un buen día se acordó de Albert Camus y de “La peste” y decidió autonombrarse EL CRONISTA. Fue Guarner y nadie más que Guarner el que llevó “el cahierismo con causa” a Film Ideal y el mayor apóstol que haya tenido jamás Roberto Rossellini. Con el paso de los años fue sintiéndose incómodo en la revista de Martialay y sus textos se espaciaban con demasiada frecuencia. Hasta que un día hizo las maletas y se largó a la competencia, política y cinematográfica: Nuestro Cine. Para solo escribir, que yo recuerde, en un solo ejemplar de la revista de la izquierda. Naturalmente un pormenorizado análisis de todas – una por una – las películas de……Roberto Rossellini.


Al margen de sus reseñas en “La Vanguardia” – jamás leí ninguna -, Guarner recaló después en “Fotogramas”. El puesto de crítico oficial de la revista más popular – y no poco frívola, aunque entonces conociese sus mejores años en su larguísima trayectoria – lo detentaba el excelente Jaime Picas, por lo que Guarner pasó a ocuparse de una página destinada al cine visto en televisión. Eran los tiempos en que en la cadena UHF podían verse míticas películas que no, no habíamos contemplado antes. Solían emitirse a horas intempestivas y en blanco y negro, aunque hubiesen sido filmadas en rutilante technicolor. Gran labor la de esta suerte de Filmoteca paupérrima en la que el mérito correspondió a los sres. Cormenzana y Moreno. Los comentarios de Guarner, breves, sintéticos, adornados de las dosis justas de cultura y sentido del humor., fueron memorables. En Fotogramas – finales de los 60 y comienzos de los 70 – convivían el citado Picas, el mejor Belvedere, Terenci Moix y su serie “solo para amantes de mitos”, Maruja Torres y sus entrevistas, Jorge Fiestas dedicando odas a la belleza de Ava Gardner, los críticos musicales Daniel Carbonell y Angel Casas, la Barcelona de Bocaccio, de Tuset Street, de la “Escola de cine”, de su excelente Festival de Jazz, del Liceo de la Caballé…. Era la ciudad por la que pululaban García Märquez, Vargas Llosa, Cortázar, Gil de Biedma, Juan Marsé, Carles Barral, los Goytisolo, Els Setze Jutges y hasta, ocasionalmente, Jorge Luis Borges. Sí: en el tardofranquismo y sin paranoias nacionalistas, Barcelona era una fiesta. Un ejemplo: no habíamos visto nada del esencial Ozu. Ni Guarner, ni nadie. En esa “Filmoteca” y en terribles horarios se pasó un miniciclo dedicado al maestro japonés. Guarner iba analizando película tras película sin emitir un juicio de valor. Terminado, el todavía no cronista escribió simplemente: sí,  Ozu posee esa pluma de oro de la que habló Balzac.


A la muerte – prematura – de Picas (al que Guarner no dudó en calificar como el mejor crítico que jamás había tenido la publicación de la familia Nadal), él pasó a ocupar la plaza vacante. Y enseguida dio muestras de su independencia. Otro ejemplo; en la crítica de la mediocre película de John Huston “Evasión o victoria” no vaciló en anotar: no fastidiemos, Huston memorable halconero aunque no aquí. Sabido es que el director de “El halcón maltés” estaba – y todavía está en las “canónicas” junta palabras de nuestros días – anatematizado por Truffaut, Cahiers y Film Ideal. Le fastidiaba lo de las estrellitas y lo mismo que hizo con Huston, lo repitió con Visconti en su recensión de “El inocente”, amén de escribir un librito sobre el Conde de Modrone sumamente esclarecedor. Parecía no tener fobias aunque si filias (Rossellini, Mizoguchi, Ford, Lang pero también Eisenstein, Melville, Dovjenko, Murnau, Fellini…..). Un buen día habló de “el espectro de Caín”. Y ya bajo la advocación de “El Cronista”, supimos que se refería al crítico que más admiraba. Guillermo Cabrera Infante. Con el tiempo se hizo amigo del autor de “La Habana para una infanta difunta”, y a su muerte (la de Guarner), el escritor cubano afincado en Londres le dedicó un sentido obituario en “Cine o Sardina”. Allí lo describió como el hombre más pacífico y educado del mundo, afirmando “de cine lo sabía todo”.


Al final le llamaron de RTVE, lo que le valió para elogiar al asmático y singular Alfonso Sánchez. Pero cuando le vimos y oímos en la caja tonta, pudimos comprobar que su voz era aflautada u que, increíblemente, no quedaba natural como Chistera (1) sino amanerado e incluso pomposo. Lógicamente, retornó enseguida a sus cuarteles de invierno. Cuentan que ya enfermo terminal pidió ver una última película y que la elegida fue “Centauros del desierto”, de John Ford. Si non e vero e ben trovato. No se ni me importa el hecho de que Guarner fuese o no el mejor crítico y/o cronista de cine en la deformación grotesca de Europa (Valle-Inclán). De lo que no tengo duda alguna es que siempre será un placer leerle y que ninguno, absolutamente ninguno, de los plumíferos que si que se autodenominan “críticos” le llega ni a la suela del zapato. Por decir algo.


Luis Betrán

1) Era el apelativo que usaba Alfonso Sánchez en los viejos tiempos en que era un fijo de “La Codorniz” o “la revista más audaz para el lector más inteligente”.

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