miércoles, 27 de noviembre de 2013

EL CINE ESPAÑOL DURANT EL FRANQUISMO I

CIFESA


Nacida durante los años de la República, concretamente en 1932, al amparo de capital valenciano, CIFESA acabaría por convertirse durante la década de los 40 y principios de los 50 en la empresa productora más importante del cine español. Sus inicios, no obstante, pueden, asimismo considerarse de notables con la financiación de éxitos tan elocuentes como “Morena Clara” y “Nobleza baturra”, ambas de 1935, ambas dirigidas por el aragonés Florián Rey con la gran estrella – y más que aceptable actriz – Imperio Argentina y ambas ejemplos de un muy digno cine folclórico en el que el franquismo se mostraría especialmente torpe.. La repercusión de estas películas auguraba a CIFESA una firmeza productiva que habría de confirmarse. Con el estallido de la Guerra Civil, y, tiempos después, con los difíciles momentos de la posguerra, la industria cinematográfica española se vio seriamente afectada. A pesar de tan delicada situación, la empresa valenciana resulta ser la única  con la capacidad suficiente como para afrontar con dignidad un sistema de producción eficaz y continuo. Su envidiable in fraestructura , basada en un cuidado modelo organizativo, logra que en pocos años se haga con el reinado del mercado interior. Puede decirse que CIFESA es la primera empresa productora  española que lleva a cabo un planteamiento de su actividad desde un punto de vista eminentemente industrial, con una recepción comercial que, en cierta medida, se aproxima a los métodos imperantes en Hollywood. Sus proyectos eran abordados tras una minuciosa planificación  que iba desde la toma en consideración del elemento humano (técnicos, actores, realizadores, etc..) que intervendrían en una película, hasta la posterior comercialización de la misma as través de de empresas filiales de distribución que daban salida al film a los mercados nacionales e incluso a los internacionales como luego se verá.


La política esencial de CIFESA era la programación a largo plazo. Cualquiera de sus producciones no era el resultado de los beneficios obtenidos por la producción anterior, sino el fruto de un estudio en el que se contenían varios proyectos simultáneos. Cada uno de ellos respondía a unos intereses determinados, a un género específico, según las exigencias del momento, de manera que era fácil cubrir la demanda cinematográfica con garantías. En consecuencia, CIFESA consigue alcanzar y mantener un estimable volumen de producción que, durante la década de los 40, se sitúa ya en un promedio de cuatro películas por año. Siempre por delante de sus competidoras: Suevia Films y Emisora Films. Otra de las características que definen el modo de hacer de CIFESA era sus sistema de contratación, asimismo muy de acorde con los gustos americanos. A la usanza de Hollywood, la empresa española mantiene a su cargo toda una plantilla integrada por un amplio grupo de profesionales indispensables en la confección de una película. La contratación es fija lo que explica  esa facilidad suya de producción que, con otro modelo distinto de organización, hubiera sido inalcanzable. De cara a su promoción exterior CIFESA es la primera en imponer un sistema de exclusiva, por el cual ciertos actores y actrices de relevancia quedan ligados únicamente a ella, sin que les sea posible – mientras dure su contrato – su participación en en otra producciones ajenas. La fórmula, no obstante, será tambien de recibo en el resto de la competencia, fundamentalmente en los años 40. Tal fue el caso de Suevia Films que incluye en su nómina a Jorge Mistral y Lola Flores o Emisora Films que se hace con los servicios de Conrado Sanmartín y Tomás Blanco entre otros. Pero, sin duda, los artistas más destacados del cine español se adhieren a CIFESA: Manuel Luna, Rafael Durán, Luis Peña, Aurora Bautista, Amparo Rivelles y Alfredo Mayo…Es decir, las grandes estrellas que llenaban de admiración  y esplendor las pantallas de aquellos años y que ofrecían de la empresa productora una imagen dorada y mítica. Era lo que podía definirse como un “star-system” a la española.


La firmeza con la que CIFESA consiguió mantenerse no era solamente consecuencia de su bien planificada estructura. Existían otras razones al margen que favorecían notablemente su actividad productiva. Sin lugar a duda, la más importante de ellas la constituía su vinculante sentido patriótico, su enorme carga ideológica que hacían de su cine una bandera ondeando los profundos ideales de la Dictadura Franquista. Las películas de CIFESA, en su mayor parte, preconizaban los más puros sentimientos de la patria, el imperio y la voluntad católica. Con ello conseguía  que sus films fueran objeto  de un claro favoritismo por parte de la Administración, cuya protección  le sirvió de creciente fortalecimiento. Es preciso no olvidar, sin embargo, que a pesar de esa voluntaria y beneficiosa imposición ideológica, CIFESA logró que de su seno surgiera un cine de plausible dignidad para la época. No fue el caso, pero el público entendió que sí, de “Locura de amor”, realizada en 1948 por Juan de Orduña y que marcó el cénit de su producción.Durante sus largos años de activa presencia en el panorama cinematográfico español, CIFESA cuenta en su historial con una extensa filmografía en la que pueden encontrarse los títulos más diversos y las más heterogéneas producciones. Así, en la década de los 30, a las ya citadas de Imperio Argentina-Florián Rey pueden añadirse del mismo director “La hermana San Sulpicio” (1934, horrorosa ella); “La verbena de la Paloma” (estupenda, por cierto) y “Es mi hombre”, ambas de Benito Perojo y en 1935; la escalofriante (por mala) “La reina mora” (1936) de Eusebio Fernández Ardavín. A finales de estos años y comienzos de la década siguiente merece resaltarse su inquieta incursión en el cortometraje: “Mariñeiros”, “la ciudad de las flores”, “Romería del Rocío”, “Costas vascas”, “Viejos palacios”, “La albufera”, “Pueblos singulares de España” y “España en Tánger”. Los creo perdidos y ya inencontrables. En cualquier  caso yo no he logrado ver ni uno solo y, leyendo los títulos, se me antojan temibles.


Los años 40, a su vez, los inaugura CIFESA con films tales como  “El último húsar” (1940) de Luis Marquina, “La gitanilla” de Fernando Delgado, y “Boy” (1940), de Antonio Calvache. A éstos seguirán la interesante “El hombre que se quiso matar” 1942) de Rafael Gil,  “La culpa del otro” (1942) película dirigida por Ignacio F. Iquino con la que se inicia una larga serie de producciones confiadas al mismo realizador, y la ya comentada y excelente “El clavo” (1944) de Rafael Gil, que sigue a distancia el éxito precedente de “El escándalo” (1943) de José Luis Sáenz de Heredia, menos conseguida pero para nada mediocre. Finalmente la década queda cubierta  con la referida y engoladísima – y no poco divertida – “Locura de amor” de Juan de Orduña con la primera estrellísima – con permiso de Imperio Argentina – del cine español: la recientemente fallecida y grandilocuente (no siempre, recuérdese “La tía Tula” de Miguel Picazo) Aurora Bautista. Injusto no citar algún que otro título como “Don Quijote de la Mancha” (1947) de Rafael Gil, para muchos – yo entre ellos – la más destacada versión española de la novela de novelas de Miguel de Cervantes. El Ingenioso Hidalgo estaba magníficamente interpretado por el gran actor teatral Rafael Rivelles, esposo de la no menos renombrada María Fernanda Ladrón de Guevara. La pareja regia del teatro español en los 40 y aun parte de los 50, papás de la muy querida Amparo Rivelles, otra estrella sobresaliente de aquel cine de la España una, grande y libre. Con la llegada de los 50 se inicia la decadencia productiva y financiera de Cifesa. A éste período pertenecen la muy reivindicable “Don Juan” (1950) de José Luis Sáenz de Heredia con Antonio Vilar, Annabella y Maria Rosa Salgado, la épica y explosiva “Agustina de Aragón” (1950) con Aurora Bautista disparando el cañón (pareado) y la en todo fallida “Alba de América” (1951), ambas de Juan de Orduña. El estrepitoso fracaso en taquilla de la del descubrimiento del Nuevo Mundo por el españolísimo Cristobal Colón (Antonio Vilar, portugués) refleja claramente que el espíritu productor se hallaba a las puertas de la extinción.

Las causas que motivaron la desaparición de CIFESA no están aún suficientemente esclarecidas. En principio se especula con el hecho de que la empresa valenciana no fue sino víctima de su propia ambición, de su afán de poder, de su denodado esfuerzo por monopolizar al máximo la producción nacional aprovechando el claro apoyo del Régimen. No obstante, una nueva circunstancia parece jugar en el silencioso hundimiento de CIFESA. Se trata del paulatino crecimiento de Suevia Films-Cesáreo González que fue desarrollándose a la sombra de CIFESA, pero con una política de afianzamiento progresivo, por medio de la cual conseguía poco a poco ir arañando para si misma trozos del Imperio de CIFESA.  Nacida al abrigo de la más pura fidelidad al  franquismo, Suevia Films–Cesáreo González  comenzó pronto a convertirse en la más directa rival de CIFESA, primero en el ámbito nacional y posteriormente en la conquista de los mercados exteriores, especialmente el Latinoamericano, hecho éste, que resultará decisivo en el desenlace de los futuros acontecimientos. De este modo va produciéndose un lento y callado traspaso de poder que culminará finalmente  con la sorprendente desaparición de CIFESA, de quién Suevia Films-Casáreo González herederá todos sus más significativos privilegios, entre ellos naturalmente el apoyo del Régimen Dictatorial y su Admnistración que vio en la nueva empresa un renaciente y eficaz aliado. En la bastante aburrida y poco recordada revista Cinestudio (donde vino al mundo del cine José Luis Garci, más tarde factótum inicial de “Dirigido por”), su director, el falangista José María Pérez Lozano, escribió un cruel epitafio: “si CIFESA ha muerto, crisantemos”. Los de la camisa azul nunca le tuvieron cariño a la productora valenciana.

Luis  Betrán

Chascarrillos: yo nací en 1947 y tuve una madre enormemente aficionada al cine y que mas allá de los 80 años aún suspiraba por Gregory Peck (ella pronunciaba Gregory Pi). Siempre había revistas en mi infancia del tipo Cine Mundo o Primer Plano y mi progenitora, cuando uno ya fue algo mayorcito, no vayáis a creer, me contaba que las folklóricas o “las de mi arma” que siempre trabajaron para Cesáreo González tenían que abonarle al productor el derecho de pernada. Y tambien cantaba una copla verdusca que rezaba: “debajo de la capa de Alfredo Mayo, Amparito Rivelles monta a caballo”. Estés donde estés te recuerdo y te dedico este texto, Doña María Josefa Colás de Betrán.

TRES ESTRENOS


LA VIE D’ADÉLE, DE ABDELLATIF KECHICHE


¡¡Luz, más luz!!. Cuentan que fueron las últimas palabras de Goethe antes de fallecer. Luz que ilumina los rostros que parecen aplastarse, sin deformarse, contra la cámara de  Kechiche. Ojos que resplandecen de luz y que parecen mirarnos. Es una falsa ilusión. Somos nosotros los que vemos esos ojos que expresan amor, indiferencia, dolor, perplejidad. Somos nosotros los que estamos absortos por la luz. Es el milagro del cine cuando prescinde de la industria y abraza el arte. Es “La vie d’Adèle”, Palma de Oro de Cannes 2013 y una de las más hermosas películas de la última década. Cegadora en su emoción, en esas dos actrices entregadas a un extenuante trabajo que – tras posar sonrientes junto al cineasta francotunecino en el momento de recibir el premio más importante del año cinematográfico – no dudaron en calificar el rodaje de durísimo. Y en verdad que debió de serlo, Sino esas dos actrices, que compartieron laureles con el film y su autor, no lograrían quedarse en nuestra memoria cinéfila, En nuestro poso artístico. Ahora, en una semana, en años, en décadas. ¿Quién sabe?.

El cine puede ser fungible y perecedero o marmóreo e e imperecedero. Solo el inexorable dictamen del paso del tiempo pronunciará la última palabra. A los que nos acercamos a la setentena, ahítos de cine - habiendo incluso confundido en más de una ocasión el cine con la vida - con una salud menos que precaria y una esperanza de prolongar los que más amamos evidentemente limitada, esas imágenes, esos rostros, esa película ya pertenecen a nuestro sueño y a nuestra realidad. Estamos impregnados de ellas. Abdellatif Kechiche, en pocos años, lleva construyendo una filmografía ejemplar. Si “La faute a Voltaire” o “Couscous” no rebasan – ni lo pretenden – la categoría siempre agradecible del divertimento, “L’esquive” – claro antecedente de Adéle -, la extremadamente cruel “La Venus noire” - ¿cómo es posible que esta obra maestra no haya sido estrenada en Choricistán? -, desembocan en esta cinta arrolladora y maravillosa que es “La vie d’Adèle”. El Jurado de Cannes estuvo presidido por Steven Spielberg – monarca absoluto del cine industrial – que entregó esa codiciadísima Palma de Oro – un año si y otro también – a quién representa la otra cara del Jano bifronte. El Arte del Cine.
DON JON, DE JOSEPH GORDON LEVITT

Siempre será tildada de obra menor, acaso de insignificante, quizá de estúpida. Al fín y al cabo J.G.L. no es una superestrella (¡ooohhhhh!) ni parece que esa sea su meta. Si este film lo hubiese firmado, pongamos por caso, George Clooney ya se estaría hablando y escribiendo de obra maestra, de película genial y demás majaderías…. en ese lenguaje, plagado de anglicismos de Dakota del Norte o New York City con el que los autoproclamados críticos vejan al idioma español. Se da la circunstancia de que Clooney, en sus estimables films como director, ha jugado siempre la carta de la estrella progre y concienciada políticamente, siguiendo el camino que trazó en su día Robert Redford y en el que aún persiste sin evitar que no sepamos donde hay más arrugas, si en su rostro o en su último film “Pacto de silencio”. Ni Redford ni Clooney han sido/son  grandes actores. Nunca se les demandó que fuesen Alec Guinness o Spencer Tracy. Su apostura física suplía con creces sus límites histriónicos. J.G.L. tan solo tiene 32 años, más parece el chico más listo de su clase,  junto a James Franco. Ha participado, como actor, en buenas y en malas películas. Lógicamente en las buenas – la seminalMysterious skin”, “Brick”, “Looper” – ha estado excelente y en las malas – “¿Batman XV?”, “Origen” (ambas del infumable C. Nolan) – no ha rebasado le ínfima categoría de adornillo innecesario. Con “Don Jon” firma su primera película como guionista y director, y deja bien claro que tiene
cosas que decir y ni un solo pelo de tonto. 


Esta transposición del mito donjuanesco a la era de Internet es tan divertida como políticamente incorrecta. J.G.L. no el gran masturbador de Dalí, pero si el inofensivo pajillero de una familia de origen italiano, que comen juntos – los varones, padre e hijo, con camiseta neorrealista – rezan juntos, van a misa y el muchacho se confiesa regularmente y cumple su penitencia mientras trata de ponerse cachas. “Dom Jon” parece hablarnos de que el sexo carnal, con una mujer tan despampanante y mandona como Scarlet Johansson,  ya no es de recibo si desde una pantalla nos excita una pelandusca guarrindonga. Esa es la apariencia, porque luego llegará Juliane Moore (experta en incestos) y pondrá las cosas en su sitio aún pudiendo tener casi la edad de la “mamma” de J.G.L. Y es una lástima, porque además de fastidiarnos, en la zona final la película niega lo que evidentemente estaba fuera de tono. Lástima. El apreciable éxito en las taquillas de ésta semindie que es “Don Jon” hará, o no, que J.G.L. siga, o no, dirigiendo películas. Amén de que tenga un papelito secundario en ese “Superman contra Batman” que tanto se nos anuncia y que ya no me deja dormir de excitación ante tan faraónico monumento. Me abstendré de comprobar – si es que el proyecto llega a buen puerto, que será sí o sí, - ¡¡vive Dios!! tanta grandeza. Y huiré en mi imaginación a las Seychelles si la dirige el temible Zack Snyder. Soñar no cuesta dinero. 

BLUE JASMINE, DE WOODY ALLEN

 
La película anual de Woody Allen debería ser, por lo menos, bianual. Se comprende perfectamente al ya octogenario gran cineasta neoyorkino, cuando explica que se aburriría mucho y se sentiría inútil si descansara en escribir guiones. Exactamente lo mismo le sucede al también octogenario Clint Eastwood y al más que centenario Manoel de Oliveira. Y a los espléndidos, filipino y coreano respectivamente, Brillante Mendoza y Ho Sang.-so Y en los tres casos primeros – y no oculto mi admiración por el cine de, por este orden, Oliveira (cineasta esencial), Allen (autor total) e Eastwood (excelente realizador al que, dígase lo que se diga, le llevó años y varios films infames el necesario aprendizaje). Con Woody Allen, en Europa, se da una relación de amor inquebrantable en cinéfilos, o no, de entre los cuarenta años y más. En uno y otro sexo. Me temo que una mayoría juvenil muy mayoritaria pase de Woody Allen. No es un director de juegos infantiles, ni de tebeos malos. Es un intelectual, rara avis en U.S.A. Y como tal se tiró años y más años – a partir de la oscarizada “Annie Hall” – sin que su cine hiciese tilín a sus compatriotas. ¿Como un declarado admirador de Bergman, Fellini o Buñuel iba a gustar a los más bien poco cultivados estadounidenses?. Así que las peores películas de Allen en estos últimos años – “Vicky Cristina Barcelona” (conste que a mi no me parece tan mala) o esta “Blue Jasmine” – sí que han gustado a los ciudadanos del superalcahuete país – mientras que el resto, en su periplo europeo o en casita lo de siempre. Sí en Europa. No en USA. Y tenemos muy claro quién manda.


“Blue Jasmine” no tiene más que una sola idea – Blanche Dubois de Nueva York a San Francisco, sustituyendo la discutible locura de la genial Vivien Leigh pòr el victimario en la crisis de la no menos genial Cate Blanchet  - y es muy difícil hacer una película con tan solo una idea. Y por más que Woody Allen, en su retorno a su único país, enaltezca su propuesta con Cinemascope (inédito en si filmografía desde la estupenda “Manhattan”), el resultado es monótono y, inaudito en el director de una única obra maestra “Delitos y faltas”, aburrido. La Blanchett, como dicen los futboleros, está que se sale. Tambien lo estaba Gena Rowlands, la excelsa actriz viuda del no menos excelso John Cassavettes, en “Otra mujer”. Y tampoco pasaba nada, salvo el tedio. “Blue Jasmine” es tan decepcionante como “Melinda y Melinda” aunque no tan atrozmente mala como “To Rome with love”. Woody Allen ya ha realizado otra película. Entiendo que no pare. Entiendo que unas veces sí, otras no, las más ni sí ni no sino todo lo contrario. Calma querido Woody.

Luis Betrán

miércoles, 20 de noviembre de 2013

ANIVERSARIOS, CENTENARIOS, OBITUARIOS, EFEMÉRIDES (Y II)

MANOLO ESCOBAR

Pocas veces he leído tantas majaderías como en la triste circunstancia del fallecimiento del popular tonadillero. Como era de esperar en la España de Franco sin Franco (gobierna desde el cielo, sin duda a la vera de Dios padre, como pensarán los catolicazos, monseñor Rouco Varela – al carajo, ya era ahora- los enamorados de una ideología – el franquismo – que como me enteré no hace mucho es tan respetable como cualquier otra -¿nazismo, fascismo, estalinismo, maoísmo? – ministros y sujetos del Opus Dei y demás personal del que muy a gusto algunos, el que suscribe, podríamos vivir sin necesidad de sufrirlos en el día a día). Ignoro si Manolo Escobar fue una buena persona o no. Jamás le conocí ni mucho menos almorcé con él. Lo que si se es que compartió con el Raphael (el cantante phantástico, phenomenal y phabuloso) el dudoso honor de ser la voz canora del franquismo con Franco. Cantaba el buen hombre espantosas canciones – “El Porompompero”, “Mi carro”, “!!Que viva España¡¡” (que le birló a una cantatriz holandesa, lo que nunca se dice ni se escribe), “No me gusta que en los toros te pongas la minifalda” (claro, él hubiera preferido los pololos) -, representaba a la España más cañí y panderetera, y fue el más “eximio” representante de la “canción ratonera”, en afortunada definición de Manuel Vázquez Montalbán. Protagonizó filmes que da vergüenza solo el nombrarlos y en los que, menos mal, jamás pretendió ser actor. Descanse en paz, claro que sí, aunque yo no le echare de menos. Villano que es uno.

CARLO LIZZANI

Notable cineasta italiano al que le tocó, como a tantos otros de su maravilloso país, defraudar en más de una ocasión las esperanzas que despertaron películas tan notables como “Achtung banditi” (1950), “Cronache di poveri amanti” (1954, excelente adaptación de un relato de Vasco Pratolini), “Il processo di Verona” (1963) o “L’oro di Roma (1961). En el caso de “El proceso de Verona” , con la colaboración de una extraordinaria Silvana Mangano, llegó a rozar la obra maestra y se adelantó a lo más florido de los popes del realismo crítico (Rosi, Zurlini, De Seta….en sus obras maestras “Salvatore Giuliano”, Cronacca familiare” o “Banditi a Orgosolo”), a la vez que se alejaba de los postulados neorrealistas ya entonces obsoletos. Luego evolucionó a un thriller de izquierdas en las interesantes “Svegliatti e uccidi” (1966, tambien con la colaboración aquí de una excelsa Lisa Gastoni), “Banditi a Milano” (1968), “L’amante di Gramigna” (1968) o “Torino nero” (1968). Su “Mussolini ultimo atto” (1974) fue un baldío intento de regresar al historicismo de “El proceso…..”, y aunque no resultó una mala película tampoco rebasó la medianía con el agravante de que Il Duce fue interpretado por el casi siempre insufrible Rod Steiger. Spaghettis-westerns, giallos y marranadas de similar jaez probablemente le garantizaron la pitanza. No se lo tengamos en cuenta. Lizani, un comunista hasta el último aliento, merece ciertamente un respeto.

EDITH PIAF

Odié a Marion Cotillard por haber profanado la sacrosanta memoria de “la môme”. Luego comprobé que había sido injusto con una actriz estimable que nunca debió aceptar un reto de imposible victoria. Para los franceses y, por ejemplo, sus vecinos del sur de Europoa (“los Pirineos por fin guillotinando, la fina Francia, la brutal España”, Blas de Otero, gran verdad). Ni entro ni salgo en todo el amarillismo que rodeó a la inmensa Piaf. Ella fue la más genial y dramática intérprete de aquella portentosa “chanson” en la que reinó entre las féminas. Jamás la vi en vivo y en directo, pero actuó en España. ¿Dónde?. En el mismo programa de la televisión franquista en blanco y negro por el que tambien dejó su impronta el más genial y dramático intérprete (y poeta) de aquella portentosa “chanson” en la que reinó entre los machos: Jacques Brel. El programo citado se llamó “Amigos del martes, luego del lunes”, lo realizaba Arthur Kaps y lo presentaba Franz Johan (“los vieneses”). Tanto Piaf  como Brel cantaron en vivo y sin playback alguno.

Conservo todo lo que existe en dvd de aquella mujer, baja de estatura, baqueteada por la vida, adicta al alcohol y a las drogas, y que se metamorfoseaba en un escenario (el Olympia, el Bobino….) con su eterno vestido negro de extraño escote. Verla, y oírla, cantar “Milord”, “Padam”, “Misericorde”, “Hymne a l’amour”, (escrita por ella misma), “Exodus”, “Johnny tu n’est pas un ange”, “Mon Dieu”, “La foule”, “C’est en Hambourg”, “Non je nén regrette rien”…..y tantas otras, es una experiencia que nunca ha dejado de hacerme temblar de emoción. Mejor olvidarse de sus escasos acercamientos al cine, con la excepción de sus “cameos” en el estupendo “Napoleón” de Sacha Guitry o en la obra maestra de Jean Renoir “French Can-Can”.

THE BEATLES

Confieso que estoy hasta el gorro de la avalancha de loas, alabanzas y “miles gloriosus” con motivo de no se cual aniversario de la disolución del “mítico” grupo poprock de Liverpool. Sucede que a mi el rock me gusta más bien escasamente y el pop ni aún eso. Así que me uno al excelso cineasta inglés (de Liverpool, por supuesto) Terence Davies – uno de los cinco o seis que más me fascinan actualmente y del que no he visto (y han sido todas) una película que no sea buena, muy buena o extraordinaria – cuando en su exuberante y más o menos autobiográfica “Of time and the city” (acaso primus inter pares en su breve filmografía) afirma jocundamente “que cuando escuché por primera vez a The Beatles, me aficioné instantáneamente a la música clásica”. Bueno, no seré tan severo. En su extensísimo cancionero hay diez o doce piezas de Lennon, Mac Carney o Harrison que me parecen muy agradables: “Yesterday”, “Girl”, “Michelle”, “Eleanor Rigby”, “Something”, “A day in the life”, “Lucy  in the sky with the diamonds”, “Here comes the sun”. “Hey Jude”, “Let it be”……….que conviven con horrores como “Help”, “Obladi, oblada”, “Yellow submarine”, “She loves you”.
En cualquier caso debo ser el más excéntrico de los mortales ya que no poseo ni un solo cd del celebérrimo cuarteto. Que le vamos a hacer, ninguna de esas canciones me parece comparable a, por ejemplo, “Bridge over trouble water” de Simon y Garfunkel. Para mas inri mi nula empatía con ellos se agrava con las terribles películas que hicieron con el tan a menudo terrible Richard Lester. “Que noche la de aquel día” y “Help” fueron en la época en la que la beatlemanía arrasaba consideradas como “geniales” (¿????????), e incluso algún crítico llegó a escribir que The Beatles superaban a los mismísimos Hermanos Marx. Espero que con el paso del tiempo nadie ose hoy proclamar tamaña estupidez. El inefable García Márquez (el más sobrevalorado de los escribidores latinoamericanos) llegó a redactar en la tribuna de “El País” “que los mejores músicos de la Historia habián sido Johan Sebastian Bach y……Lennon y Mac Carney. Ni perdono ni olvido.

MARILYN MONROE

El que lo desee que escuche la canción del nonagenario Pate Seeger “Who killed Norma Jean” y nos ahorramos la crónica negra en torno a miss Monroe. Terenci Moix escribió una novela, más bien floja, titulada “El día que murió Marilyn” en la que rindió pleitesía a la “mayor diosa del cine”. Y en esas seguimos. No creo ser cabronecete pero otra vez me toca ser “el abogado del diablo”. Fïsicamente Marilyn , guapa y rotunda de formas, no deja de recordarme a una de tantas barbies del cine americano. Y no fue en absoluto una buena actriz. Podía defenderse bien en comedias inocuas del tipo “Como casarse con un millonario” o en otras de sabor más agridulce como “Bus stop”. No se comía para nada a Laurence Olivier en “El príncipe y la corista”, pero ella si que era devorada por Jack Lemmon y Tony Curtis en la memorable “Some like it hot”. Su gran rol dramático se lo sirvió su maridísimo Arthur Miller en la sobresaliente “The Misfits” de John Huston………, que no fue la obra maestra que bien pudo ser justamente por el ridículo y molesto personaje que le endilgó el autor de “La muerte de un viajante”. Estos inadaptados o “vidas rebeldes” hustonianos son Clark Gable (en su mejor, y última, prestación dramática), el ya roto Montgomery Clift, los desencantados Eli Wallach o Thelma Ritter, pero en ningún momento Marilyn que estorba hasta en sus gritos ecologistas sobre los caballos en la portentosa secuencia que cierra el film.

No me gustan The Beatles, no adoro a Marilyn. No, yo no quiero ser políticamente incorrecto. ¡Ay, la edad!. Estoy pirado. ¡¡Socorro, Help, Au secours, Aiuto¡¡.

Luis Betrán.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

ANIVERSARIOS, CENTENARIOS, OBITUARIOS, EFEMÉRIDES (1)



PATRICE CHÉREAU

Chéreau amaba el teatro pero siempre declaró que también el cine sin decantarse por prioridades. Es obvio que el “metteur en scène” fallecido será más recordado por su contribución al arte de Talía que al de Lumière. Nunca vi una representación teatral servida por Chéreau. La ópera vino a mi auxilio. La concepción del famoso “Anillo del Nibelungo” wagneriano la guardo en dvd como un tesoro refulgente. Y en verdad que lo es. Fue en el Festival de Bayreuth de 1987, y su puesta en escena es, en si misma, una obra de arte extraordinaria. Probablemente la última que podo gozar herr Richard desde el Walhalla, ya que si algún compositor de óperas ha sido desvirtuado, masacrado, insultado y vulgarizado por los modernos “regisseurs”, éste ha sido justamente el más grande de todos ellos cuyo bicentenario conmemoramos. Lástima que el esfuerzo de Chéreau no se viese acompañado ni por la dirección orquestal de Pierre Boulez ni por los desvaídos y/o chillones cantantes.
Patrice Chéreau fue un gran cineasta y no por la película que de la que más satidfecho estaba: “La reina Margot” que le salió confusa y más bien “ratée” como dicen los franceses. Y es que la tremebunda noche de San Bartolomé en la que los católicos apiolaron a un montón de hugonotes no ha sido objeto de buen cine. En la seminal “Intolerancia” de Griffith, éste episodio y el de Jesucristo rozaron el “kitsch” menos aconsejable en tanto que el babilónico y el contemporáneo si alcanzaron la grandeza. Para acabarla de fastidiar, Meyerbeer se marcó una ópera, “Les huguenots”, tan larga como aburrida y acartonada. Curiosamente el acto dedicado a Marguerite de Valois es el mejor y si canta el rol Dame Joan Sutherland se eleva a subimes alturas que al olvidado – con merecida justicia – compositor casi siempre le fueron negadas. “La reina Margot” fue el único éxito de taquilla de Chéreau y, en su estreno, un acontecimiento aplaudidísimo para el judío Jakob Meyerbeer.


La corta filmografía de Chéreau incluye films de exquisita sensibilidad, de bello romanticismo y de fuertes emociones. “El hombre herido”, “Mi hermano”, “Intimidad” y “Gabrielle” justifican por si solas la calidad de Chéreau como director de cine. Y en el caso de “Mon frére” se aproxima a la obra maesta. Su “Persecución” (2009) terminal a Roman Duris desmereció de las anteriores (no se estrenó en España). Quizá porque el singular actor era muy querido por el cineasta y aquí no vale el componente gay de Chéreau. Duris, que en su su ya larrga carrera casi nunca me ha gustado como actor, debe ser un portento en teatro. Nos lo ha contado estupendamente Marcos Ordóñez que casi levitaba cuando veía representaciones teatrales en la que se unían el trío Koltés/Chéreau/Duris. Poco antes de fallecer, Patrice Chéreau no se cortaba en afirmar las ganas que tenía de volver al cine. No pudo ser. Desolé.


ALBERT CAMUS

El 50 aniversario del trágico accidente que terminó con la joven vida de Albert Camus ha sido comentado desde casi todos los ángulos posibles. La larguísima polémica sostenida entre él y Sartre desde sus respectivos diarios hoy favorece obviamente al autor de “La peste”. Sartre no dejó de militar nunca en el P.C.F., lo que le valió – más ahora que en su tiempo – el calificativo poco amable de estalinista. Camus, por el contrario, en la era del pensamiento único y la aldea global resulta fácilmente asimilable y consumible. Sartre rechazó el Premio Nobel – seamos honestos, no acudió a Estocolmo a recoger tan prestigioso y discutible galardón pero si percibió la notable suma dineraria que lleva aparejado (1) -, Camus se vistió de gala y no disimuló su felicidad por haberlo obtenido. Hasta aquí lo anecdótico pero inevitable.

Albert Camus es el autor – escribo subjetivamente – de “El extranjero”, una de las novelas fundamentales del pasado siglo, obra maestrísima que habré leído unas tres veces y que es invulnerable al paso de los años. Mäs aún. Puede incluso resultar muy actual y Mersault, ese hombre indiferente al bien y al mal, en tanto que paradigma de la filosofía existencialista es muy de recibo en una sociedad en la que cualquier asomo de ética puede evaporarse en segundos. Es la única novela de Camus que admiro. Ni la bienintencionada y nihilista “La caída” ni la plomiza y reiterativa “La peste” carecen, para mi, de atractivos. Literarios y extraliterarios. “L’homme révolté” bastaría y sobraría para calificar al escritor francoargelino de gran ensayista. Pero éñ mismo acabó por traicionar el radicalismo e independencia que proclamaba en su “rebelión”. Su actitud – y esa boba respuesta de “prefiero a mi padre” – en el conflico sangriento entre el F.L.N. y el ejército francés de ocupación, roza la condición de traidor y colaboracionista del más repugnante colonialismo. En teatro brilló en “El malentendido”, “Los justos” y su algo confusa “Calígula”. Recuerdo vívidamente las representaciones en el Teatro Principal de Zaragoza de esta pieza arrolladora en la que creo ver que las acciones del psicótico emperador – pasar a la Historia por haber matado más que nadie con el fin de preservar a la posteridad de otro sanguinario criminal como él – exentas no ya de racionalidad sino incluso aquejadas de un pensamiento que se me antoja pueril. Muchos actores se entregaban entusiásticamente al querible rol. El “Calígula” que yo vi fue José María Rodero. Dudo que pueda haber algún otro actor, antes y despues del quizá más eximio monstruo de las tablas que habitase en este país, capaz de aproximarse ni aín tímidamente a ese intérprete genial (bárbaramente desaprovechado por el cine) que fue el arriba citado.

Parece bella la historia de amor entre Camus y María Casares, la insigne actriz hija de Casares Quiroga y exiliada en Francia donde llegó a ser maravillosa tanto en el teatro como en el cine (recurdénse sus prestaciones fílmicas con Bresson o Cocteau). Tambien alcancé a ver a la Casares en el mismo escenario zaragozano interpretando “El adefesio” de Alberti. Tras una ausencia tan prolongada como la suya de su país de nacimiento, su dicción española era magnífica y su creación impresionante. La obra no la merecía. Si el cine fue gentil con María no sucedió lo mismo con Albert. Hasta Visconti fracasó, con más dignidad de lo que se ha escrito, en su adaptación de “El extranjero”. Marcello Mastroianní fue un excelente Mersault y la primera mitad de la película a mi me parece de notable alto. Luego, y sobre todo en las secuencias del juicio, parece como si Visconti hubiese dejado la cámara en manos de un ayudante caulquiera. Resumo: Albert Camus es santo de mi devoción………con evidentes reticencias.

Luis Betrán

1)      El único escritor galardonado con el Permio Nobel que no sólo rechazó los laureles sino tambien las coronas suecas, fue el inimitable y fascinante Samuel Beckett.