jueves, 8 de septiembre de 2016

DOSSIER ALEKSANDR o ALEXANDER SOKUROV (3)


LA TETRALOGÍA DE LOS DICTADORES (Hiro Hito y Fausto)

SOLNTSE (EL SOL)

º DIRECTOR: Aleksandr Sokurov
º GUIÓN: Iurii Arabov y Aleksandr Sokurov
º AÑO: 2004
º PAÍS: Rusia Rusia
º MÚSICA: Andrei Sigle
º FOTOGRAFÍA: Aleksandr Sokurov
º PRODUCTORA: Coproducción Rusia-Italia-Francia-Suiza
REPARTO
Issei Ogata, Robert Dawson, Kaori Momoi, Shiro Sano, Shinmei Tsuji, Taijirô Tamura, Georgiy Pitskhelauri, Hiroya Morita

Premios
2005: Festival de Berlín: Nominada para Oso de oro
2006: Italian National Syndicate of Film Journalists: Nominada para Mejor director extranjero
2006: Premios Nika: Mejor guión: Yurii Arabov
2005: Russian Guild of Film Critics: Mejor película
2005: Yerevan International Film Festival: Mejor película

Tercera entrega de la tetralogía del poder que Sokurov dedica a las grandes figuras políticas del siglo XX. La historia se centra en la vida cotidiana, en la intimidad del emperador japonés Hirohito, que, tras el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki, se hace consciente de que su naturaleza no es divina sino estrictamente humana.


Tercera entrega de la Tetralogía de los Dictadores, Sokurov se aproxima en “Solntse” a la figura patética del emperador Hiro Hito, al que se consideraba una divinidad (Imperio del Sol Naciente) brutalmente cercenada por las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Hiro-Hito fue un verdadero genocida, tanto en la llamada Guerra de Manchuria, en la que las tropas japonesas cometieron atrocidades indecibles con la población civil china, como cuando su ministro, el almirante Tojo (juzgado y ejecutado por USA, merced a su condición de criminal de guerra) decidió el bombardeo de Pearl Harbour. La crueldad de los campos de prisioneros japoneses ha sido descrita varias veces por el cine. La del ejército imperial en China, llevó al gran cineasta japonés Masaki Kobayashi a realizar su portentosa y terrible “La condición humana”, film en el que el autor de “Harakiri” empleó cerca de 10 horas para crear una suerte de exorcismo penitencial por las bestialidades japonesas en China.

“Solnse”, es muy distinta a sus predecesoras “Moloch” (Hitler), “Taurus” (Lenin). Nada de filtros y un sorprendente clasicismo en la puesta en imágenes de Sokurov. Con ello, el maestro ruso adopta un estilo observacional e indiferente que respeta (por primera y única vez en su cine) la exposición, nudo y desenlace. Sokurov se permite, eso sí, una bellísima metáfora visual, al sustituir los aviones bombardeando Japón por unos aparentemente inofensivos pajarillos . Hiro Hito en su intimidad, en su pequeño bunker, desayunando, ajeno a la comprensión de los humanos, con su servidumbre. Otra vez “la banalidad del mal” de la que habló Hanah Arendt. Y con una secuencia magistral: la entrevista del ya exemperador con el general Douglas Mac Arthur, en la que el militar se burla del dios abatido considerándole un “niño”.

Una película que detalla magistralmente la energía y el ánimo reinante en una época triste para el mundo, especialmente para los involucrados directos. En este caso el derrotado pueblo japonés. El director logra apoderarse de la mentalidad y sabiduría de un país culturalmente grandioso, y, a través de Hirohito, nos muestra el renacer del alma en momentos extremos. Una película de imágenes potentes, sutiles, poéticas, deliberadamente morosa. Creo que las escenas de exteriores dan un respiro al monótono escenario del bunker. El guion es inteligente, sabio, no dice lo innecesario, no hay palabras ni frases sobrantes, es preciso, acotado y exquisitamente revelador en cuanto a las emociones y actitudes humanas. El orgullo y soberbia del pueblo americano, y la necesaria humildad de los japoneses. Un film que muestra el lado humano de la guerra y sus ángulos desconocidos, y no la típica obviedad de tantas películas sobre la segunda guerra mundial, que solo buscan captar la atención a través de imágenes impactantes, como la violencia, la muerte, el abuso. Particularidades que todos conocemos y que no aportan nada nuevo. El cine debe hacernos entrega de una nueva mirada, de una opinión, un enfrentamiento de reflexiones y no algo evidente y nada objetivo, que no permite otras lecturas. Sokurov nos regala un gran film, otra obra maestra. Hiro Hito es tratado, como Lenin, con una cierta compasión por el cineasta. Con la cuarta, y última entrega, “Fausto” llegará el horror, la monstruosidad de los dictadores y en los títulos de créditos finales aparecerá: Aleksandr Sokurov, Tetralogía de los Dictadores.

FAUST

º TÍTULO ORIGINAL: Фауст (Faust)
º DIRECTOR: Aleksandr Sokurov
º GUIÓN: Aleksandr Sokurov (Obra: Johann Wolfgang von Goethe)
º AÑO: 2011
º PAÍS: Rusia Rusia
º MÚSICA: Andrei Sigle
º FOTOGRAFÍA: Bruno Delbonnel
º PRODUCTORA: Pro Line



REPARTO
Johannes Zeiler, Anton Adasinsky, Isolda Dychauk, Hanna Schygulla, Maxim Mehmet, Georg Friedrich, Antoine Monot Jr., Katrin Filzen, Eva-Maria Kurz, Florian Brückner, Stefan Weber


PREMIOS

2011: Festival de Venecia: León de Oro (mejor película) y premio SIGNIS
2011: Festival de Gijón: Mejor dirección artística
2011: Satellite Awards: 4 nominaciones, incluyendo mejor película de habla no inglesa
2011: Mar del Plata Film Festival: International Oficial Selection
2011: London Film Festival: Sección oficial largometrajes a competición
2012: Premios del Cine Europeo: 2 nomin: mejor fotografía y mejor diseño de producción
2013: Premios Nika: Mejor: Película, Director, Guión, Actor (Anton Adasinsky)

SINOPSIS
Ambientada en el siglo XIX. Se basa en la leyenda alemana de Fausto, un sabio que hace un pacto con el diablo, y en las adaptaciones literarias del mito por parte de Goethe y Thomas Mann. Broche final de la tetralogía que Sokurov dedicó al estudio de la naturaleza del poder .En ella se elucubra una disertación, que tiene mucho de metafísica del mal, en torno a la corrupción y la decadencia

El cine de Sokurov es complejo, y, en cierto modo, experimental. A prori cuesta acercarse a sus películas, aunque al final el aficionado queda satisfecho. Ocurre con ‘El arca rusa’, una de sus obras más populares (en un prodigio técnico y narrativo, la rodó en una única toma), y la historia se repite con ‘Faust’, en la que el cineasta se inspira de forma libre en la tragedia de Goethe. Con ella el genio ruso, cierra su extraordinaria Tetralogía de los Dictadores. ¿Y tras Hitler, Lenin e Hiro Hito, porqué Fausto? Sokurov considera que el imperialismo alemán, desde Federico II de Prusia a Hitler, tiene su origen en la obra seminal de la literatura germana: “el “Fausto” de Goethe. Pero además añade diálogos extraídos del dr. Faustus de Thomas Mann y de Marlowe, mientras que en el apartado visual el referente es “El Bosco, y en lo que se refiere a Margarita, el renacentista Mantegna. El arranque de esta portentosa y esencial película, en terrible. La cámara baja desde el cielo hasta la mesa de disección del dr. Fausto, que abre en canal un cadáver, extrae sus vísceras, las mira y grita ¡donde, donde está el alma! El mito de Fausto ha conocido varias versiones, por lo que el espectador ya está más o menos familiarizado. La trama se centra en Fausto, un doctor en crisis de identidad que vende su alma al diablo. Aquí Mefistófeles es un ser grotesco y deforme (por ejemplo, tiene el pene en la espalda) que guía a Fausto por situaciones que representan las tentaciones mundanas antes de llegar al infierno.

‘Faust’, rodada en alemán, sobresale por su virtuosismo visual y su ambientación, por lo que no extraña que se llevara el premio a la dirección artística en el Festival de Gijón. El hipnotismo que provocan sus imágenes y la profundidad de sus diálogos que se adentran en varios filósofos alemanes: Schopenhauer, Fichte, Nietzche, Kant, Wittgenstein…., ‘Faust’ exige mucho al público, porque no es una adaptación de la obra de Goethe en el sentido habitual de la palabra, sino una lectura de lo que queda entre líneas. ¿De qué color es un mundo que da a luz, ideas tan colosales? ¿A que huele? El universo sokuroviano es sofocante: ideas que harán temblar el mundo nacen en el espacio reducido en que se mueve. El Fausto de Sokurov es un pensador, un portavoz de ideas, un transmisor de palabras, un soñador, un maquinador. Un hombre anónimo empujado por instintos básicos: el hambre, la codicia, la lujuria. Una criatura infeliz y perseguida que plantea un reto al Fausto de Goethe. ¿Por qué contentarse con el momento si se puede ir más allá? Cada vez más allá, siempre hacia adelante, sin darse cuenta de que el tiempo se ha detenido.

“Fausto” se estrenó en España, al contrario que “Moloch”, “Taurus” y “Solntse”. Había ganado el León de Oro de Venecia y ello garantizaba su distribución en varios países de Occidente, incluyendo Estados Unidos. La película fue saludada con un general entusiasmo crítico, y el prestigioso Roger Ebert, ya fallecido, gran gurú de la crítica USA la saludó como la obra más importante de la Historia del Cine, afirmación a todas luces exagerada, y añadiendo irónicamente que justamente el cineasta que había afirmado que “el cine todavía no era un arte” nos ofrecía “la obra de arte total”, como si fuese un Wagner del Séptimo Arte. El rodaje de “Fausto” resultó extenuante por las exigencias de Sokurov, convertido aquí en una especie de Kubrick ruso. Consideró que el único país en el que se podía rodar “Fausto” era Islandia, sobrepasó con creces el presupuesto previsto y, al final, la Rusia de su poco querido Putin tuvo que aportar el dinero necesario para su finalización pese a que el film está hablado en alemán. Algunas tomas, como las del citado arranque, llegaron a alcanzar el número de 50 veces o más. Sokurov renunció a su equipo habitual y prescindió de su guionista habitual, Yuri Arabov (en realidad un heterónimo del propio Sokurov), volvió a estirar las imágenes como en “Madre e hijo”, esta vez homenajeando a Caravaggio. Prescindió de la música incidental y tan solo al final, mientran aparecen los títulos de créditos suena la fabulosa banda sonora de Andrei Sigle.

“Fausto” es, probablemente, la obra cumbre de Sokurov, junto a “El arca rusa”. Destacar de este prodigio fílmico, la secuencia del infierno en la que Sokurov se burla de Goethe y le da la vuelta a su desenlace cristiano. El dr. Fausto gritará de felicidad al haberse reencarnado en la encarnación del Mal Absoluto, en un Infierno con géiseres humeantes que resulta ciertamente pavoroso.  En mi opinión, una de las cuatro películas esenciales de la última década, las otras serían “El caballo de Turín” de Bela Tarr, “Sueño de invierno” de Nuri Bilge Ceylan e “Hijo de Saúl” de Laszlo Nemes.

Luis Betrán

jueves, 25 de agosto de 2016

DOSSIER ALEKSANDR o ALEXANDER SOKUROV (2)


LA TETRALOGÍA DE LOS DICTADORES (Hitler y Lenin)

MOLOCH (1999)

1999: Festival de Cannes: Mejor guión y Nominada a la Palma de Oro
1999: Premios del Cine Europeo: Nominada a mejor película y fotografía
1999: Russian Guild of Film Critics: Mejor guión, Mejor fotografía y Mejor actor y actriz

Sokurov no es un cineasta que se atenga a convencionalismo alguno. De ahí, la duracion variable de sus largometrajes, su serie de "Elegías", las "Sonatas" y esta tetralogía de los dictadores que el genio ruso concibió en 1998 y que va de 1999 (Moloch), a 2011 (Faust) y cuyos detinatarios son Hitler, Lenin, Hiro Hito y el doctor imaginado por Goethe. Entre ellas, Sokurov filmaría en 2002 su maravillosa "El arca rusa" y en 2003 "Padre e hijo" como una réplica a ras de tierra a su pictórica "Madre e hijo". En Moloch (deidad presente en las antiguas mitologías fenicia, griega e israelí, a la que se ofrecían niños en sacrificio), Sokurov se detiene en el intrascendente transcurso de un día en la vida de Hitler y Eva Braun. La anodina acción transcurre en el nido de águila del Führer, su residencia de retiro alpina y en la primavera de 1942, unos meses antes de la devastadora derrota nazi en Stalingrado. Una atlética Eva Braun danza desnuda por los pasillos, hace gimnasia y se aburre esperando a su querido Adolf. Cuando éste llega con su comitiva no cambia en nada la ambiental monotonía con la que Sokurov nos introduce en su particular retrato de estos personajes que marcaron terriblemente la historia del siglo XX: el contrahecho Goebbels y su esposa, el todopoderoso Martin Borman....se integran armónicamente en una conjunta actividad destinada a perder el tiempo, pasear por la montaña, cenar, prolongar una sobremesa sin muchos diálogos,

En pocas palabras, Sokurov ha decidido mostrarnos "el sopor de la historia". El Hitler de Sokurov está obsesionado con la muerte y con la descomposición de su cuerpo. Le vemos en paños menores, defecando y enterrando sus heces con sus propias manos. Este Hitler ocupa el tiempo de la historia, no como un simple pasado sino como un pasado continuo que permanece, moroso, en nuestro tiempo. En "Moloch" no se produce una articulación dialéctica. Su Hitler es transhistórico. Sokurov parece preguntarse cómo se van descomponiendo, erosionando las grandes imágenes de la historia en su propio devenir histórico. Es un Hitler flácido y verdoso que solo puede pronunciar un discurso escatológico en el doble sentido del término. Hacia el final de "Moloch", Hitler y su séquito asisten a la proyección de películas de propaganda nazi. El führer, desganado, comenta a Goebbels: "El trabajo de la cámara es pobre y descuidado ¿porqué hacen películas así? Eva Braun sentencia jocosa: "¡Todo el equipo de rodaje directo a Auschwitz!, Hitler la mira abstraído y pregunta: ¿Dónde Ausch...Auschwitz?. No es una pregunta bufonesca; está articulada en un alarmante tono amnésico que obliga a pensar que hacemos con estas imágenes, que de tan desgastadas han olvidado Auschwitz. El film de Sokurov se postula como una impostergable visita de Hitler al coliseo hitleriano que aún habita entre nosotros. Una propuesta de originalidad deslumbrante. Una estadía en el horror que no lo parece. Otra probable obra maestra de un cineasta que es pródigo en aquello que Serge Daney definió como la perfecta conjunción en celuloide de fonda y forma que acaban siendo lo mismo. Imprescindible, claro está.

TAURUS (2000)

2001: Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro (Mejor película)
2002: 7 Premios Nika: Película, Director, Guión, Fotografía, Actor y Actriz, Vestuario y Sonido
2001: Russian Guild of Film Critics: Mejor: Película, Director, Guión, Fotografía,
Dirección artística, Actor y Actriz (Leonid Mozgovoi y Maria Kuznetsova)

Las últimas horas del atardecer del día 21 de enero de 1924 cubrieron a Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, con la bruma de la muerte que tanto había anhelado en el curso de su convalecencia. Apenas una semana después de fallecer a causa de un derrame cerebral, se celebraron las exequias del líder bolchevique; el cuerpo embalsamado fue depositado en un mausoleo levantado para la ocasión en la Plaza Roja de Moscú y entre el clamor de las sirenas y el estampido inacabable de las salvas, el austero revolucionario que tanto había detestado el culto a la personalidad fue elevado a los altares de una auténtica beatificación laica. Las convicciones de Lenin no impidieron que sobre la imagen de su catafalco se gestase un icono votivo que constituye el punto de partida de la exploración que Sokurov realiza en “Taurus”. Es, en efecto, el gesto sereno con el que la momia de Lenin ha pasado a la posteridad, el eje que vertebra el relato de una morosa espera de la muerte. “Taurus” suscita una cierta solidaridad con el personaje protagonista, allí donde “Moloch” presentaba la mediocre banalidad del mal, a través de un Hitler hipocondríaco, obsesionado con el deterioro físico, recluido en un palacete y aislado de los asuntos de estado, Lenin apenas halla oportunidad para dictar en sus cartas y diarios les preocupaciones que le acechan, sobre todo relacionadas con la autocracia de Stalin: “gracias al hecho de que se ha convertido en Secretario General, ha acaparado un poder inconmensurable en sus manos y no estoy del todo convencido de que sepa hacer uso de él con la prudencia necesaria”.

Único signo del exterior que irrumpe en el asfixiante día a día de Lenin, el rostro de Stalin constituye el anclaje historicista concreto de una aproximación al declive del líder, basada en una fenomenología de la duración de la memoria que impone un cortocircuito sobre la sólida noción de un historicismo académico. Si un buen número de films de Sokurov están encabezados por la palabra Elegía, el género que parece acoger su tetralogía sobre el poder es el del réquiem. Se trata menos de aventurar un lamento lírico por los ausentes que de oficiar una liturgia cuyo punto de partida son las frías efigies del poder. Como en las conmovedoras, y casi panteístas, imágenes de “Dersu Uzala” (1975) de Akira Kurosawa, Sokurov se propone en “Taurus” prender una luz antes de que la oscuridad de la Historia se adueñe por completo del rostro de Lenin.

Para conferir el espesor del encuentro entre el sueño y la historia, al guión de su heterónimo Yuri Arabov, Sokurov firma personalmente una fotografía que alcanza, merced a un lánguido virado verdoso que transpone la evocación de una memoria y unos ojos que flaquean, y con un perpetuo y suave movimiento de cámara, el genial cineasta ruso construye una evocación que se alimenta de ese sentimiento de tristeza abisal y dolorido exilio tan propio de la gran literatura rusa. “Taurus” parece moverse entre dos extremos pictóricos: “El sueño de Constantino”, de Piero della Francesca y “El perro semihundido“ de Goya. Como en el oscuro fresco del pintor aragonés, el poderoso cráneo de Lenin, su figura grávida y fatigada tienden a desaparecer por el límite inferior del encuadre, marcando un fuera de campo que no es sino el de la inhumación, en esa obsesiva presencia del imaginario de la tierra y su resistencia que impregna todo el cine de Sokurov.

Pero en Lenin habita la dureza y el magnetismo propio de su signo, el Tauro que da título a la película, y su fijación por su propia función histórica le lleva a inquirir en una de las secuencias más extraordinarias del film, mientras gatea con su esposa en unos trigales: “¿Saldrá todavía el sol una vez que yo me haya ido?. ¿Habrá todavía la misma vileza y brutalidad o acaso todo acabará, se fundirá lentamente, se esfumará? ¿Soplará el viento, lo hará?”. No hay en Sokurov la voluntad de construir un biografía del Lenin real, sino de tomar de la mano al espectador y convertirlo en mudo testigo de sus deslavazados recuerdos. La única respuesta que encuentra su amargo llanto de muerte es el mugido de una vaca, mecido por el vaivén de los árboles y el ulular de los pájaros de un crepúsculo que trae consigo un sosiego que se extiende, que dura, que no constituye el punto y final de la Historia. Película fascinante que contradice a la aparente, que no real, “banalidad del mal” a lo Hanah Arendt que se erigía en la seña de identidad de “Moloch”. Las apariciones, reales o soñadas de Stalin, nos hablan de la malignidad del Mal. Así, con mayúsculas. “Taurus” es un paso adelante en relación a “Moloch”, como luego lo será “Solntse” (Hiro Hito) hasta llegar a la representación en su totalidad del horror que significará “Fausto”, que poco tiene que ver con Goethe sino con el hecho de que la tragedia del mal habitará para siempre entre nosotros. Una obra mayor.

Luis Betrán

jueves, 18 de agosto de 2016

DOSSIER ALEKSANDR o ALEXANDER SOKUROV (2)


BIOGRAFÍA Y TRAYECTORIA

Aleksandr Nikoláyevich Sokúrov (ruso: Александр Николаевич Сокуров, aldea Podorvija, Óblast de Irkutsk, 14 de junio de 1951), a veces también llamado Alexandre Sokúrov, es un director de cine y guionista ruso establecido en San Petersburgo. Sus películas poseen una marca distintiva y alta realización estética.

Trayectoria
Nació en Siberia en la familia de un oficial militar. Se graduó en el departamento de Historia de la Universidad de Nizhni Nóvgorod en 1974 y comenzó a trabajar en los estudios VGIK al año siguiente. La mayoría de las primeras películas de Sokurov fueron prohibidas por las autoridades soviéticas. Durante este periodo inicial, produjo numerosos documentales, entre ellos una entrevista a Aleksandr Solzhenitsyn y un reportaje sobre la caída de Grigori Kózintsev en San Petersburgo. Llevó a cabo luego dos grandes proyectos documentales, encadenados por su visión apocalíptica de la historia actual: Voces espirituales, de 1995, que es una crónica parsimoniosa —de más de 300 minutos— sobre la vida cotidiana en Afganistán de un grupo de soldados (acaso reflejo de la vida militar de su padre); por entre cuyos tiempos muertos se desliza una reflexión sobre su país, lleno de tantas incertidumbres. Por otro lado, en 1998, rodó Confesión: son 260 minutos que se desarrollan es un barco de la marina rusa; lentamente, mientras cruza el mar de Barents, se va viendo la vida cotidiana e incierta de los marinos, con una extraña suspensión en el tiempo, y se oye la voz del capitán. Es un largo trayecto melancólico, con apariciones entre la niebla, que muestra la relación diaria entre los tripulantes durante su trayecto asimismo incierto, y seguramente con escasa consistencia vital.

Además de Dolorosa indiferencia (1983–1987) destaca entre sus películas narrativas Días de eclipse, de 1988; esta se desarrolla en un árido Turkmenistán, donde un joven médico al par que atiende a niños analiza por qué puede suceder que en familias creyentes la enfermedad infantil se atenúa infantil (hay un trasfondo de ciencia-ficción en este relato). Más tarde rodaría Madre e hijo (1997), en un paraje campestre de tonalidades pictóricas y de fuerte simbolismo, donde un joven cuida tiernamente a su madre mortalmente enferma, casi ya un cadáver; fue su primera película comercial internacionalmente aclamada. Tiene este film su paralelo en Padre e hijo (2003), que desconcertó a los críticos por su supuesto homoerotismo (considérese que el mismo Sokurov ha criticado esta particular interpretación). Entre ese díptico familiar, Sokurov filmó una trilogía sobre políticos del siglo XX: Moloch (1999) sobre Hitler (que narra un día en la vida de Hitler en el refugio alpino "El nido del Águila", con Eva Braun, Joseph Goebbels y su esposa Magda y Martin Bormann), Taurus (2000) sobre Lenin, y El Sol (2004) sobre el emperador Hirohito.

Su película más exitosa tanto crítica como comercialmente ha sido El arca rusa (2002), aclamada sobre todo por sus imágenes visuales hipnóticas y su gigantesca toma sin corte alguna: es un inmenso travelling dentro del Hermitage de S. Petersburgo los donde fotografía los fondos de ese gran museo. Hay que señalar que ya en Elegía de un viaje, rodó muchas escenas de cuadros en un museo de Holanda, el famoso Bojmans de Rotterdam. Fue descubierto para el mundo occidental por el Festival de Locarno, y la primera retrospectiva íntegra de su obra documental que se realizó en España tuvo lugar en Pamplona, en 1999, en el marco del Certamen de Creación Audiovisual, antecesor del actual Festival Punto de Vista. En la tercera edición de este último, celebrada entre febrero y marzo de 2007, se estrenó en España Elegía de una vida: Rostropóvich, Vishnévskaya (2006), perteneciente a su serie de elegías que inició en 1979.Preocupado por los conflictos bélicos desde su juventud, dada su historia familiar —como en Dolorosa indiferencia—, ha vuelto a esa reflexión en Alexandra, estrenada en 2007, que aborda los efectos de la guerra en los seres humanos en la figura de una abuela rusa que viaja a Chechenia a encontrarse con su nieto militar en un campamento. Mostrada en el Festival de Cannes, la protagonista es la legendaria soprano rusa Galina Vishnévskaya actuando ahora como actriz. Muchos de los planos de soldados recuerdan a Voces espirituales.

Fausto, que ganó el León de Oro del Festival de Venecia 2011,1 completa su tetralogía sobre el poder, formada por la trilogía mencionada, sobre políticos, más esta interpretación del célebre personaje de Goethe. Dice Sokurov “que el cine no puede aún pretender ser un arte y, aunque aspire a serlo, todavía está lejos. Algunos pueden fabular, inventar historias sobre su muerte; yo opino, por el contrario, que ni siquiera ha nacido. Le falta todo por aprender, especialmente de la pintura, porque la apuesta principal es pictórica. La elección más importante para el cine sería renunciar a expresar la profundidad, el volumen, nociones que no le conciernen y que incluso revelan impostura: la proyección ocupa siempre una superficie plana, y no pluridimensional. El cine no puede ser sino el arte de lo plano. Este principio me permite, cuando trabajó en una película, permanecer concentrado en uno o dos aspectos, y dedicar a ellos el tiempo necesario”. Esta dedicación le ha valido la admiración de espectadores y críticos, como ya lo hizo Susan Sontag; hoy está considerado como uno de los más importantes e innovadores cineastas actuales. Su última propuesta, la formidable “Francofonia” (2015) no ha hecho sino confirmarlo. En mi opinión el mayor cineasta del mundo.

Luis Betrán