miércoles, 5 de marzo de 2014

DOSSIER CHALES CHAPLIN III



Solo cuando expiró su contrato con la First National pudo Chaplin rodar su primer largometraje para que lo distribuyera la United Artist, la productora que había fundado junto a Douglas Fairbanks, Mary Pickford y D.W. Griffith cuatro años antes. “Una mujer de Paris” (A woman of Paris, 1923) fue su primer intento de rodar una película dramática y seria, sin Charlot en la pantalla, y se trataba de un proyecto largamente acariciado. Con él pretendía lanzar a la fiel Edna Purviance como actriz dramática, y es innegable que su interpretación sobria y elegante merecía ese esfuerzo, aunque su carrera posterior fuese más bien efímera. Además fue literalmente aplastada por un inconmensurable Adolphe Menjou que, él sí, se convirtió en una gran estrella. El propio Chaplin – guión y dirección – solo apareció en un par de planos haciendo de transeúnte. El resultado fue la segunda carga en profundidad del genio contra el sistema capitalista, una obra maestra increíblemente adelantada a su tiempo – como los films de un Von Stroheim – y, naturalmente, un fracaso de un público que podía esperar cualquier cosa del largometraje menos tanta turbiedad, ácida sátira, lubricidad y mirada radicalmente desesperanzada. 


El argumento de “Una mujer de Paris” parecía extraído de un melodrama victoriano: la tragedia de una chica de pueblo convertida en “mantenida” e incapaz  de decidirse entre un artista y un playboy. Chaplin aplicó a esa historia sencilla un tratamiento visual extremadamente sutil y sofisticado, que influiría, a la postre, decisivamente en la comedia cinematográfica como género. El gran Lubitsch de Hollywood siempre reconoció su deuda con “Una mujer de Paris”. Sin embargo, para desconcierto y humillación de Chaplin, y a pesar de la entusiasta acogida de la crítica de entonces, “Una mujer de Paris” fue un desastre comercial. Y luego una obra maestra tras otra, quizá con excepción de la simplemente excelente “El circo” (The circus”, 1928). Así, hasta la testamentaria y conmovedora “Candilejas” (Limelight, 1952). Chaplin sería el autor total, incluyendo el músico, de toda su restante filmografía. Y pronto recuperaría las pérdidas que le originó su osada severidad. Sus dos películas siguientes: “La quimera del oro” (The gold rush, 1925) y “El circo” (1928) le devolvieron al éxito.

Luis Betrán

Este texto ha consulta “Mi autobiografía” o las “Memorias” de Charles Chaplin.


EL CHICO (THE KID, 1921)


Tras el triunfo de la memorable “Armas al hombro” (Shoulder arms, 1918) y el relativo fracaso de la cualquier cosa menos memorable “Sunnyside”, 1919), film que hay que ubicar entre lo menos logrado de Chaplin, aunque no un fiasco total como había sido su lamentable “Carmen” (1916), nuestro hombre sufrió una crisis de carácter personal, debida al naufragio de su matrimonio con Mildred Harris. El mismo cuenta en su autobiografía que iba todos los días al estudio, junto con su equipo de colaboradores fijos, y esperaba en vano una inspiración o una idea que nunca llegaban.


En esta postración, nos cuenta Chaplin, se dirigió al teatro de variedades “Orpheum”, en el que Jack Coogan realizaba su número de baile exótico. Su hijo de cuatro años, Jackie, llevó a cabo una breve aparición junto a su padre, y Chaplin se sintió tan cautivado por la personalidad del pequeño que empezó a pensar de inmediato en un guión en el que interviniesen su famoso personaje de Charlot y el niño. Jack Coogan acababa de firmar un contrato con Fatty Arbuckle, pero su retoño estaba disponible. Chaplin lo contrató de inmediato, como recuerda en la citada autobiografía el comentario del padre: “Si claro, mr. Chaplin, puede contar con ese golfillo”. Verdadero o no, es una bonita historia.

Jacckie Coogan interpretó al hijo menor de Charlot en “Un día de juerga” (A day’s pleasure, 1919), como preparación  para su papel mucho más largo e importante en “El chico”. Chaplin descubrió que se trataba de un actor nato y que aprendía con enorme rapidez. “En el arte de la pantomima hay unas reglas básicas que dominar, y Jackie pronto lo logró. Era capaz de aplicar emoción a la acción y acción a la emoción, así como de repetir una y otra vez una misma escena, sin perder por ello espontaneidad”. El cariño real que nació entre Chaplin y el niño resulta evidente en la película. Según Chaplin, la emocionante escena en la que Jackie llora de verdad cuando los empleados del orfelinato se lo llevan, se logró haciendo que su padre le amenazase  con que si no lloraba se lo llevaría del estudio y le pondría a trabajar en un taller. “El chico” empieza con un título que reza: “una película hecha con una sonrisa y quizá con una lágrima”. Así es.


Aunque en sus películas anteriores Chaplin había introducido ya los sentimientos y el patetismo, ésta fue la primera vez que en la Historia del Cine Cómico alguien se arriesgó a combinar una historia dramática y casi trágica con las risas y la farsa. El film era también mucho más largo  (casi 88 min.) de lo habitual. Con su acostumbrada minuciosidad y detalle (se dice que la escena de un minuto de duración, del desayuno de Charlot y Jackie, tardó dos semanas en rodarse), su plan de realización fue asimismo uno de los más costosos hasta la fecha. La suma de medio millón de dólares, otra vez según Chaplin, invirtió, era disparatada para una película cómica en aquella época.




Se terminó con grandes dificultades. Mildred Harris se divorció de él justo cuando “El chico” estaba en fase de montaje. Temiendo que los abogados de su exmujer intentasen apoderarse de la película, Chaplin se llevó a escondidas 500 bobinas a Salt Lake City, donde se montó en la habitación de un hotel con una rudimentaria moviola. Incluso se organizó una “preview” en uno de los cines locales. Chaplin no había visto todavía la película acabada y proyectada en una pantalla. Sus inevitables temores resultaron infundados: desde ese primer visionado los espectadores respondieron con entusiasmo a la película, aceptando sin el menor problema su peculiar mezcolanza de sentimentalismo y humor. Los críticos no se mostraron tan convencidos y adujeron que la secuencia onírica estaba fuera de lugar, o rechazaron la investigación de Chaplin sobre el sexo de la criatura abandonada, las bromas sobre el pis etc. El puritanismo estadounidense ya era entonces repulsivo. Dio igual, “El chico” es y será para siempre un clásico inmarcesible.

Luis Betrán

Este texto ha consultado “Mi autobiogrfía” de Charles Chaplin..,


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