jueves, 17 de octubre de 2013

LAS DOS PELÍCULAS ESPAÑOLAS DE BUÑUEL


Vaya por delante que es “Viridiana” la más famosa y considerada, tanto por la cinefilia de Hispanistán, como por la crítica nacional y extranjera. Incluso el recientemente fallecido Andrew Sarris – el hombre que prácticamente tradujo las teorías, filias y fobias de “Cahiers du Cinéma” a las revistas especializadas estadoudinenses – se rendía ante esta película mítica por razones cinematográficas y extracinematográficas. “Viridiana” es, obviamente, una de las obras maestras de Buñuel que mayor unanimidad han concitado. Vaya también por delante que considero a “Tristana” (1970) tan solo por debajo unos muy livianos escalones, y otra obra maestra sin mácula alguna. Ambas deben no poco a Galdós (la más famosa vía “Halma”, la menos ensalzada por tratarse de una adaptación libérrima de una de las peores novelas del gran escritor canario , filmada en color con Catherine Deneuve, Fernando Rey (en el papel de su vida, trasunto parcial del propio don Luis) y Franco Nero. Las dos fueron coproducciones aunque el mayor capital fuese español. Sorprendentemente, o no, Cahiers du Cinéma al finalizar sus años de rojerío – los “estados generales” (guiño a Termidor o a Brumario), creados por Godard tras mayo del 68 y en los que la revista castigó a sus incondicionales ¡¡¡no eligiendo las mejores del año!!  - publicó bastantes años después una relación de las “meilleures” de los 70, y en ella “Tristana” ocupaba el lugar nº 2 o 3, creo recordar. Y, finalmente, vaya asimismo por delante que ,en puridad, no se puede considerar “Tierra sin pan” (La terre sens pain) o “Las Hurdes” (1930) como un film español. Cierto que se financió con el billete de lotería premiado del anarquista oscense Ramón Acín, pero siempre ostentó nacionalidad francesa.

VIRIDIANA, 1961
“Viridiana” es, probablemente, la mejor película de la historia del cine español y la que marca el retorno de Buñuel a España . Exiliado desde la Guerra Civil había prometido solemnemente no pisar suelo español mientras persistiera la dictadura franquista. La película – como todas españolas de aquella época – pasó por una censura previa del guión que obligó a Buñuel a modificar su primitiva historia en la que “mi heroína iba a tocar la puerta de la recámara de su primo y lo encontraba en la cama con la criada (Margarita Lozano), la cual se marchaba y Viridiana tomaba su lugar. La censura encontró escandaloso que un hombre – fuera del matrimonio – tuviera relaciones con dos mujeres sucesivas. Entonces imaginé sustituir este desenlace por una partida de tute con tres jugadores: el hombre, la sirvienta y Viridiana. Y ahora estoy avergonzado  de mi primer final: era demasiado directo, demasiado grosero” (Luis Buñuel: “Mon dernier soupir”). En efecto, resulta mucho más sutil y sarcástica la frase que Francisco Rabal (Jorge) le espeta sonriente a Silvia Pinal (Viridiana): “ya sabía yo que mi prima acabaría jugando al tute conmigo”. Este nuevo desenlace obtuvo la aprobación de los censores y la película dio comienzo el 4 de febrero de 1961. Buñuel había incumplido su antigua promesa pero le marcaba a Franco y sus inquisidores un auténtico gol olímpico. “Viridiana” resultaría ser una película violentamente blasfema.
En principio el film había sido invitado a título particular al Festival de Cannes, pero como no existía representación oficial  española en el certamen, se estudió la posibilidad de que “Viridiana” asumiese ese papel. Tras la obligada visión por parte de los censores – debían estar dormidos en la secuencia de la parodia de la “Ultima Cena y el “aparato” que utiliza Lola Gaos para hacer la fotografía levantándose las faldas -, se obtuvo el reticente acuerdo de la Junta de Productores que opinó en principio que el film carecía de calidad (¿???) para poder representar a España en un Festival Internacional. Como las mezclas se estaban haciendo en Paris, y Buñuel pasaba por un período de mala salud, el tiraje de la copia se retrasó y la proyección, prevista para mediados del Festival, únicamente pudo tener lugar el último día de la competición. Al día siguiente se hacía oficial la noticia de que el film – ex aequo con “Une aussi longue absence” de Henri Colpi – había obtenido la Palma de Oro, y esa misma noche el Director General de Cinematografía, Muñoz Fontán, subía al escenario a recoger el premio. La reacción del órgano vaticano “L’Osservatore Romano”, que acusaba a la película de blasfema trajo como consecuencia la destitución de Muñoz Fontán, la prohibición de la película y hasta la sola mención de su existencia. Franco pide ver personalmente el film  y ordenó a continuación la destrucción de todas sus copias. Pero la existencia de un contratipo en Paris evitó la pérdida total de esta obra maestra. Dieciséis años más tarde, y presentada como película mexicana, pudo finalmente estrenarse en España.
Dentro de la filmografía de Buñuel, “Viridiana” representa en cierto modo una continuación de la prodigiosa “Nazarín” y su Ecce Homo riendo a carcajadas. Pero a diferencia del cura que trata de poner en práctica  la doctrina de Cristo entre los hombres recorriendo los caminos, Viridiana se esconde del mundo en el convento. Buñuel la obliga a salir haciendo que la madre superiora la fuerce a visitar a su lascivo tío (Fernando Rey). La novicia se ve lanzada a afrontar el mundo y no se encuentra preparada para ello. Al igual que Nazarín, incorpora una concepción católica de la existencia que reniega  de lo humano para mejor alcanzar lo divino. Al hacer un bien abstracto y desencarnado solo logra provocar catástrofes. Recoge a los mendigos en su casa y únicamente consigue que se despidan los criados. Se aprovechan de su ausencia para celebrar una orgía en la casa que los acogió, y uno de los favorecidos por su caridad está a punto de violarla.
Si “Nazarín” había suscitado opiniones encontradas hablándose hasta de una conversión de Buñuel (¡¡¡¡¡), con “Viridiana” esto no ocurre, porque se trata de un film mucho más explícito que el basado en la novela de Galdós. Frente a la filosofía católica encarnada por Viridiana, Buñuel contrapone la materialista de Jorge, hijo natural de don Jaime y, por tanto, primo de la joven. El mas claro exponente puede hallarse  en el montaje paralelo de Viridiana y los mendigos rezando el angelus mientras que Jorge junto con los obreros trata de arreglar la finca y conseguir, mediante el trabajo, que ésta de frutos. La actuación individual de Viridiana  será siempre inútil porque trata de solucionar problemas sociales. La caridad nunca podrá ocupar el lugar de la justicia. De nada sirve que Viridiana socorra a unos mendigos, si se mantiene intacta una sociedad injusta que los produce constantemente. Es inútil que se trate – como hace Jorge – de liberar a un perro que va atado con una cuerda a un carro porque unos segundos mas tarde pesará otro perro en idénticas circunstancias que el anterior.
En “Viridiana” Buñuel deja muy clara su manera de pensar – y en “Nazarín” nunca hubo incógnita alguna a despejar -. Para él la religión es el opio del pueblo  que predica la sumisión en la tierra y la recompensa en el cielo, lo que significa el aumento de la injusticia, de la desigualdad social y económica y la justificación y perpetuación de la opresión y de la tiranía en este mundo (visión que a día de hoy podemos presenciar en la España pepera, virtual y real heredera del franquismo, la lucidez de Buñuel siempre fue asombrosa). Los representantes de Cristo en la tierra son, a juicio de Buñuel, hipócritas y acomodaticios: pactan siempre con el poder y el dinero, mientras afirman estar a favor de los desheredados y de los oprimidos. Crean y sostienen que las instituciones – lo que se ha dado en llamar los pilares de la sociedad cristiana – que perpetúan la opresión, impiden el desarrollo del individuo y el avance de la comunidad. En definitiva Buñuel piensa que la clara toma de partido por parte de la Iglesia a favor de la clase dominante
Y explotadora, hace imprescindible su destrucción  si se pretende llegar a una sociedad justa e igualitaria.
En la confrontación entre la manera de pensar de Jorge y la de Viridiana, se impone la de aquél. Dirigiendo la partida de tute final como una escena de humor, Buñuel multiplica su virulencia convirtiéndola en una iniciación amorosa de Viridiana por parte de su primo ante la atenta mirada de la criada Ramona. Esta astuta forma de presentar un “menage a trois” supone la claudicación de Viridiana., la confesión de su impotencia y la posibilidad de que la exnovicia acabe asumiendo su propia persona. Lo que supone igualmente asumir su propio cuerpo. Sin alma alguna.

Luis Betrán

5 comentarios:

  1. Gran artículo. Buen regreso, Vergerus. Hace unos días tuve oportunidad de volver a ver Viridiana en la Filmoteca de Zaragoza. Qué grande era Rabal!

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  2. Gracias Sergio y un placer reencontrarte. Es curiosa la historia de Francisco Rabal como actor. Le enseño casi el oficio el franquista Rafael Gil (que no fue mal director en los 40 y parte de los 50) y le elevó al Olimpo el furioso antifranquista Buñuel. Con todo, la lección magistral de don Luis en tanto que director de actores se la impartió a Fernando Rey. ¿Quién le iba a decir que al ridículo Felipe el Hermoso de "Locura de amor" que acabaría siendo nada menos que don Lope en "Tristana"?

    Muy cordiales saludos.

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  4. Una vez más, gracias por el comentario. Pero sigue sin decirme cual es para usted la mejor película que se haya filmado con el ajedrez de tema de fondo. Le aguardo. Ni a Buñuel ni al enano genocida consta que les gustase ni el ajedrez ni el tute. Y, en efecto, el tirano, hoy tan amado por las huestas peperas, en su juventud jugaba al mus como Fraga jugaba al dominó. Mis más cordiales saludos.

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