lunes, 21 de febrero de 2011

Confesión.- Parte 1: Mitologías





El título proviene de un delicioso opúsculo de Roland Barthes el estructuralista  que fue muy leído hace ya bastante tiempo. Lo he utlizado para aventurar unas cuentas perlas de mi cosecha que alcanzarían muy bajos precios en un hipotético mercado de joyas. Como bien sabemos el mercado es el amo y los políticos sus servidores. Son mala gente, la peor de la aldea global. Me imagino lo que hubiese sucedido en Egipto de haber estado en la Casa Blanca mr. George Bush jr. Los genocidas, con todo, van a ver incrementadas sus longuísimas listas con asesinos vocaciones como Gaddafi, Bouteflika, los ayatolás, los talibanes.... Ante la indiferencia de la pútrida Europa y del tío Tom. Los antisemitas de Sefarad dirán que la culpa la tiene Israel, hasta de las disensiones en Palestina.





Llevo dos noches seguidas sin dormir y ya me han contratado - yo solo firmo - un plazo dicen que fijo de tiempo vital. Tengo que darme prisa y renunciar, lo siento, a mis memorias cinéfilas que comenzaron a ser escritas, y no publicadas en lugar alguno, en 1964. He llegado hasta 1966 así que como escribía Borges "el tiempo desgasta incesante"; poquitas etapas más voy a completar de este absurdo "tour" que me propuse cuando cree -mentira, me crearon - vergerus. No va ser  una peli  larguísima, sino más bien breve y sintética. Ni me desespero, ni lo pienso más de los justo y espero pregonarlo por última vez. Alguien del mal llamado sexo débil - esa fragilidad asoma impúdicamente en aquellas clases sociales marginadas en las que la mujer sufre la vejación infame del maltrato y la judicatura no castiga lo que debiera a las energuménicas bestias que las matan - me apuntó en una comida que los blogueros no eramos otra cosa que pedantes narcisistas que nos autoconvencíamos de que lo que escribíamos podía interesar a cualquier ser humano que no fuera otro que nosotros mismos. A lo mejor es verdad. Se da la circunstancia de que lo piensen de mi a estas alturas me es por completo indiferente. Todavía tengo amigos y no me cruje el majín con enemigos Se que mi carácter se ha ido agriando con la edad y las pupas. Lo asumo, pido disculpas, el propósito de la enmienda lo veo una quimera. Nadie me va a privar de mi libertad de expresión y de opinión hasta que me cierren la boca los linfomas. Lo juro por Karl Marx. No me van ni Cristo, ni Buda ni Mahoma. Estos si.





En este lastimoso país que yo no elegí para vivir, crecer, madurar y morir, ya todo o casi me repugna. La clase política en primer lugar, los banqueros, los empresarios y hasta muchos de los que se creen artistas o portadores de cultura. Ejemplos: en las aceras de más de 3 metros de anchura se va a priorizar a los ciclistas sobre ¡¡¡los peatones¡¡¡. Yo pensaba que entre la retahíla de objetos con ruedas que circulan, los automóviles eran los más aterradores. Lo siguen siendo pero a continuación están los que caminan. Los bípedos. Segundo juramento: si algún velocípedo me atropella en las mentadas aceras será capaz, si mis debilitadas fuerzas, lo permiten de aplastar a patadas el objeto en cuestión. Aunque me cueste multa y cárcel, que al fin y al cabo de recaudar se trata para engrosar las arcas de los ladrones con cargo. Y no me importaría ir armado si fuese imprescindible, con la consciencia bien clara de que no dejo de ser un habitante más de Españaovejuna.




Cuando coloqué datos en "mi perfil bloguero" fui demasiado sobrio. Hoy no me da la gana serlo. Mis afinidades electivas se inclinan hacia el socialismo que dejaron escrito en el Manifiesto Comunista Marx y Engels. "Proletarios del mundo entero uníos". Ya sabemos que la Malamadre Historia ha traicionado ese materialismo dialéctico con tiranos chorreando sangre como Stalin o Mao y sus descendientes. En absoluto Fidel Castro, un alma de la caridad en comparación con los ejecutores a sueldo implantados por los Usacos: los milicos argentinos, Pinochet, Strossner, Somoza, Trujillo, Papá Doc Duvalier y el Baby, Netanyahu, los jeque árabes podridos de petrodólares, Osama Bin Laden, Mubarak, basta ya. Y a años luz de los azules o pardos. Hitler, Mussolini, Franco, Hiro-Hito. los jefes del apartheid, Leopoldo rey de Bélgica, Hassan II. Vale. Mi odio al capitalismo salvaje y a la globalización es como las paralelas que solo se juntan en el infinito. Me autodefino asimismo como freudiano y ma da risa y pena que el otrora lúcido Carl Jung escribiera en las postrimerías de su vida que "la Segunda Guerra Mundial no había sido más que la consecuencia de cruces gamadas mal. escritas"





La cultura puede y debe ser una fuerza revolucionaria. No lo es. A esa bajada de pantalones han contribuido escritores, filósofos, artistas plásticos y cineastas. Ya avisé que "vergerus" seria no un blog exclusivamente cinematográfico. Pero la inundación sangrienta del pasado siglo convivió con el Arte que le identificó mejor que cualquier otro. Ya llevo dos horas escribiendo y hasta la segunda parte de este "confesión" creo que mi vida ha sido bastante feliz y privilegiada. No en la infancia, si en la primera y segunda juventud aunque me cercenaron mi vocación y terminé en una profesión cómoda y carente de alicientes. Luego vino una etapa bastante estúpida en la que anduve depresivo, consecuencia de hacer/no hacer lo que no me gustaba a cambio de dinero y a una primera experiencia amorosa que salió rana y me dejó muy marcado. Conocí buena gente, le día al frasco y hastá canté en masa coral a punto de nieve estúpidas canciones como "Desde Santurce a Bilbao".  Fue una tía flaca más mala que la Cruella de Ville la que me jodió; tenía por hermana a una gorda más buena que el pan. Naturalmente fue la obesa la que se murió. Las demás tampoco fueron para echar cohetes. Con todo el sexo es lo mejor de la vida. Y en quedándome solterón se que siempre estuve bajo sospecha......de mentes cuadriculadas.

Esto no debe tomarse como un melodrama. Mantengo mi sentido del humor y me reafirmo en que las personas que no saben reirse de si mismas son cadáveres ambulantes. Y veremos, veremos. La única abuela que conocí siempre decía aquello de que "el come escapa", y a mi desde luego no se me han ido las ganas de darle a las mandíbulas. Y siempre me gustarán más las ostras que la las inmundas acelgas.


Luis Betrán

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