martes, 12 de octubre de 2010

La Stupenda




 
Mientras continuaba sus peleas con la gran  Renata Tebaldi (1), La DIVINA MARIA CALLAS se encontró con otra gran rival como estilista del bel canto: JOAN SUTHERLAND. Callas, que actualizó una tradición adocenada , poseía estilo, dramatismo y musicalidad. Pero Sutherland poseía la voz; sonora, dorada, radiante. Otra vez el mundo de la ópera se dividió en dos bandos. Los admiradores de la australiana señalaban que no habían conocido una voz igual en décadas, una soprano que podía cantar la Reina de la Noche o Constanza (La flauta mágica y El rapto del serrallo, W.A. Mozart) en una función  y Norma (V. Bellini) o Lucía di Lamermoor (G. Donizetti) en los días subsiguientes. Y era verdad: no la habían escuchado. Era una voz de volumen casi wagneriano que podía realizar las proezas de coloratura más exigentes. Callas tenía una buena opinión de Sutherland. Asi que en una ocasión le dijo a Walter Legge, el mítico productor de EMI y esposo de Elizabeth Schwarzkopff (2), "Hará una gran carrera, aunque solo nosotros sabemos cuanto mejor soy yo". En efecto: María Callas fue/es, en mi opinión, la mayor cantante operística de todo el siglo pasado, la que entendió - o se lo enseñó Visconti - que la ópera es teatro cantado. Joan Sutherland se mantuvo en el sitial de las superdivas durante casi 30 años  y la llamaron LA STUPENDA. A renglón seguido, en el Metropolitan de Nueva York , surgiría otra voz maravillosa, cercana en timbre a Tebaldi, que ni era una trágica ni una maestra de la coloratura. Montserrat Caballé. La llamaron LA SUPERBA. Joan Sutherland falleció ayer en Suiza,  día 11 de octubre de 2010. Había nacido en Sidney (Australia) el 7 de noviembre de 1926. Tenía, por tanto, 83 años. Los operófilos de todo el mundo estamos de luto. Los cinéfilos tambien: en pocos días han muerto Claude Chabrol, Arthur Penn, Tony Curtis, Gloria Stuart, Roy Ward Baker y hoy el magnífico característico del cine español Manuel Aleixandre. Vaya entrada de otoño.








Georg Friedrich Händel fue quien convirtió a la soprano Joan Alston Sutherland en La Stupenda en 1960. Fue bajarse del escenario de la Fenice de Venecia después de haber cantado Alcina, la genial ópera del  fabuloso compositor alemán nacionalizado inglés, y pasar a ocupar uno de los espacios más destacados en el firmamento de las grandes divas. Existe una grabación, junto a Teresa Berganza, que sigue siendo referencia a pesar de no ser una versión historicista, de esas que hoy se consideran las únicas válidas en el repertorio barroco e incluso en Mozart. Naturalmente, discrepo.


Sutherland era una mujer de aspecto enorme, decididamente poco agraciada en su extraño rostro y que se concentró siempre en el vocalismo - como Caballé -, no porque fuera insensible musicalmente sino acaso porque el esfuerzo que le exigía la emisión incesante de diferentes tonalidades provocaba una dicción descuidada. A veces, su italiano o su francés resulta totalmente ininteligible. Fue menos en los últimos años de su larga carrera en los que aprendió a actuar, una pésima actriz. Una estatua cantante. Se casó con el director de orquesta Richard Bonynge que fue quién la dirigió en la mayoría de sus representaciones o de sus grabaciones discográficas, casi siempre con Decca. Aunque tambien la dirigieron los grandes sir John Barbirollu y Erich Kleiber y los muy notables directores de foso Tullio Serafin, Vittorio Ciu, Antonino Votto, John Pritchard, Nello Santi.....Acaso el punto de inflexión de su carrera fue la "Lucía de Lamermoor" que cantó en el Covent Garden de Londres en 1959 con dirección escénica de Franco Zefirelli. Sería, junto a Norma, su papel más demandado que interpretó por última vez en el Liceo de Barcelona junto a Alfredo Kraus (inmejorable Edgardo) en 1988. Poseo el DVD correspondiente y lo conservo como oro en paño. Las interminables ovaciones se adornan con una lluvia de papeles en los que está escrito: Sutherland-Kraus, los monarcas de la ópera.








Sin embargo su partenaire más habitual fue el inolvidable Luciano Pavarotti que la adoraba ya que había sido decisiva en el impulso de su carrera. Tambien conservo grabada su retirada en 1990, que tuvo lugar (como no) en la Opera de Sidney haciendo el rol breve pero intensísimo de Marguerite de Valois en "Los hugonotes" de Meyerbeer. Australia se volcó y de que manera. Sus anodinos compañeros de reparto apenas saludaron, pero ello salió la última y vestida con un bellísimo traje de gala. Como los aplausos - el público en pie - no terminaban nunca, cantó "Home sweet home" y en las ciudades de Sidney, Melbourne y Camberra (capital administrativa de Australia) los cielos se llenaron de fuegos artificiales en su honor.


Hoy nada de esto sería posible. La gran época de las divas terminó hace años. Hoy se vive la dictadura de los registas escénicos, capaces de montar "Rigoletto" en los años veinte del siglo pasado, en plena Ley Seca y en Chicago. O sacar a los personajes sentados en tazas de retretes como hizo el temible Calixto Bieito en el tambien verdiano "Un ballo in maschera". No obstante; los mayores desmanes se cometen con las óperas barrocas, y de forma especial con las de Haendel que conocen un revival extraordinario. Ver a señores y señoras con americanas o minifaldas cantando los amores de Julio César con Cleopatra resulta particularmente ridículo. Pero parece que no hay nada que hacer. Lo mismo que con los dichosos "instrumentos de época". Una pena. Antes la ópera era mucho más divertida. Y creíble, lo que es asunto bien dificil.








Los mejores roles de Sutherland fueron, además de Lucia di Lammermoor, las mencionadas La Reina de la Noche, Constanze y Donna Anna (Don Giovanni, W.A. Mozart) Amina en (La sonnambula, Bellini), y Elvira (I Puritani, Bellini)), Semiramide (Rossini), Marguerite de Valois (Les Huguenots, Meyerbeer), Lakmé (Delibes), Alcina y Cleopatra (Giulio Cesare, Haendel) y Norma. Es admirada particularmente su interpretación de Marie, la soldado tamborilera en La Fille du Regiment (Donizetti). Durante los últimos años de su carrera, personifica los cuatro papeles de Los Cuentos de Hoffmann, Offenbach), Lucrezia Borgia y Anna Bolena (Donizetti), Esclarmonde (ópera olvidada de Massenet que la diva y Bonynge rescataron y que le pertenece a ella y solo a ella). Tan solo me resulta excepcional en Offenbach y Massenet


No me convence ni su Violetta en la "La traviata" (no hay dramatismo alguno y eso es imperdonable en esta ópera), ni su Margarita en el "Fausto" de Gounod cantado mecánicamente y con peregrina dicción francesa (a años luz de Victoria de los Angeles). Es excelente en lo vocal su Gilda de "Rigoletto", pero plana su Leonora de "Il trovatore". Ni Verdi ni Puccini se le dieron bien. No cantó nunca en teatro la princesa "Turandot" del segundo, más su grabación discográfica junto a unos compañeros de lujo como Pavarotti, Caballé, Ghiaurov y hasta Peter Pears bajo la dirección de Zubin Metha ,es un dislate en lo que a ella se refiere. Aquí es nuestra querida Montse la que se lleva el gato al agua en una maravillosa personificación de la esclava Liú. Y Pavarotti en su "Nessun dorma", faltaría más. Hoy algunos de los roles en que sentó cátedra Sutherland, los canta Nathalie Dessay que tiene asimismo excelente coloratura pero una voz tan pequeñita como la ......de otra genial mezzo de agilidades, Cecilia Bartoli.










Y ahora el recuerdo. En 1989 llevo a cabo un viaje de quince días a Egipto en la segunda quicena de septiembre. No me voy a referir aquí ni a las innumerables y eternas bellezas del país de los farones, ni al calor ni a nada de eso. En el delicioso crucero por el Nilo, en una buque de la cadena hotelera Sheraton,sucedió que bajo de mi camarote al comedor a la hora del almuerzo y.....me encuentro sentada en una gran mesa y en compañía de su esposo y un grupo de amigos o familiares a la mismísima Dame Joan Sutherland. Creí que estaba soñando o algo así, pero no era ella en persona. Así que tras vencer mi timidez me acerqué a su mesa y le dije "señora, enhorabuena, usted ha sido la mejor Norma y Lucía de la historia" (no me lo creía yo habiendo existido Callas, pero la ocasión bien merecía la mentira). Sorprendentemente, tanto la eximia como Richard Bonynge se levantaron de sus sillas, me estrecharon la mano y la Stupenda exclamó "Oh, thank you, thank, you very much!", me estampó un beso en la mejilla y remató con una simpática carcajada. Palabra de honor. Queda para mi biografía.



Recibió innumerables galardones y fue Dama del Imperio Británico. Gloria inmortal para Dame Joan Sutherland, la Stupenda.



Luis Betrán



1) Ya saben la frase de Callas respecto a la Tebaldi. "Yo soy el champagne y ella es la gaseosa"



2) La más exquisita de las sopranos mozartianas y straussianas amén de formidable liederista. Una de mis cantantes líricas preferidas. Gran actriz, asimismo.

domingo, 10 de octubre de 2010

¿Cuando se jodió Perú?



Ese es uno de los interrogantes más célebres de la literatura de la segunda mitad del siglo pasado. Corresponde a "Conversación en la catedral", probablemente la obra cumbre de Mario Vargas Llosa el esperadísimo y celebradísimo Premio Nobel 2010.


Es cosa sabida que me gusta echar mi cuarto a espadas en noticias de gran calado como esta. ¡¡Cáspita¡¡. Parece que el dichoso Nobel se lo han concedido a España entera. Vaya cobertura informativa en las radios y las televisiones. Que enorme cantidad de páginas en los diarios. Cuantiosas felicitaciones a este caballero que es peruano, aunque se nos haya recordado tropecientas veces que tambien tiene la nacionalidad española y es miembro de la Real Academia de la Lengua, la que limpia, fija y da esplendor. Como yo soy yo y mi circunstancia, comenzaré que a mi eso de los Nobel me la trae más bien al fresco. Tan solo podría esgrimir una opinión en este de las Letras y, acaso en el de la Paz. En todos aquellos científicos ni bola ya que mis conocimientos de Física, por ejemplo, rayan en el analfabetismo. Amén de la cuestión política, que como bien sabemos le privó a Borges del que hubiera sido indiscutible, y ahora la señora coyuntura ha favorecido a Vargas Llosa que pienso tampoco admite polémica alguna. Me queda la pregunta del millón: ¿para cuando un premio Nobel del Cine?. Aunque la cosa da un poco de miedo aunque los suecos son muy suyos en inventarse talentos literarios y traer a las editoriales de culo, en lo del llamado Séptimo Arte igual van y se lo adjudican a Christopher Nolan con lo cual se crearía y perdería toda credulidad el mismo año.




Puestos a manifestarme sobre los P.N. concedidos a escritores que se han servido del castellano me sobran unos cuantos: Echegaray, Benavente, el guatemalteco Asturias, el colombiano García Márquez y ¡¡¡¡Camilo José Cela!!!. Me explicoteo. Era yo bien joven cuando la eclosión del celebérrimo boom de la literatura latinoamericana. Dado que se citaban a autores, algunos de los cuales no tenía ni la más repajolera idea de su existencia, formatee un cajón de sastre inicuo en el que lo mismo cabían Octavio Paz, Borges o Carpentier que Rulfo, García Márquez....y don Mario, naturalmente. No fui el único. Afectó a toda una generación de lectores que acudieron a la cinta de salida y disputaron etapas del Tour Hispanoamericano Lector, que no tenía montaña, e infinidad de sprints para llegar el primero a comprar "Cien años de soledad", "La ciudad y los perros", "El siglo de las luces" o "Pedro Páramo". Sobre todo, la de García Márquez que yo me se de quién, a lo largo de un año o más, no leyó novela alguna que no fuese esa. (1).





Tempus fugit. Yo leí "Cien años de soledad" a los veintitantos y quedeme anonadado. Y eso que había recibido un avisete de alguien que de cine andaba algo pez y solía salirse de las pelis a pesar de ganarse parte de su pan en el oficio de crítico cinematográfico de "Mierdaldo de Aragón". Pero de literatura estaba puestisimo y nunca se le hizo la debida justicia en este aspecto en la, con toda seguridad, futura capital europea de la cultura. Joaquín Aranda, obviamente. Yo adquiri mi ejemplar de la novela de García Márquez en la desaparecida librería Hesperia, sita en la Plaza de los Sitios entonces José Antonio. Como Aranda y yo nos conocíamos - yo era crítico en lo del cine en la radio - el fallecido don Joaquín me sopló al oído; no te compres esa mierda, cambiala por "El siglo de las luces". Se ve que no le gustaba el realismo mágico. Al cabo de más de 20 años me dio por releer las cuitas de Macondo....y se me cayeron de las manos. Lo mismo el citado "realismo mag.". Ahora del colombiano solo me gusta "El amor en los tiempos del cólera". El resto de su obra me parece una nadería ajardinada. Un floripondio con menos olores que los sueños inducidos de "Origen". Puestos a recordar otra vez; me volví a topar con Joaquín Aranda y le dije aquello de cuanta razón tenías. Ahora que ya he leído a Borges, a Cortázar, a Carpentier, el colombiano ese no es más que un analfabeto funcional de la literatura que estuvo de moda porque iba de rojo.



Con Vargas Llosa sucedióme lo opuesto. Me habían gustado "La ciudad y los perros", "Los cachorros" y me habían entusiasmado "La casa verde" y "Conversación en la catedral", novelas estas últimas que contienen todo un universo que no desdeña ni el realismo ni la magia pero los junta en el prodigio casi inalcanzable de la armonía de la obra total, amén de sumergirnos en una nación de la que poco sabíamos (Perú) o de un paisaje (la Amazonía, antes de su destrucción) que tenía algo de mítico. El burdel donde el viejo don Anselmo tocaba el acordeón o la taberna en la que se discutía la historia y la política del país del Machu Pichu pasaron ya a formar parte de mi adorado edén literario que en modo alguno me correspondía sino a quién lo había descrito.

Pero llegó la la puta alcahueta de la política y se nos jodió Perú. ¿Como íbamos a admirar a un señor que  presentaba su candidatura a la Presidencia de su país liderando un partido conservador?. Que le enviaba flores verbales a la mala bruja de Margaret Thatcher, que dijo apoyar al P.P.. Vade retro Satanás. Se acabó Vargas Llosa y, como tantos otros donde dije digo dije diego. Vargas Llosa carecía de interés, era un mal escritor y una mala persona. Un chaquetero que había dejado tirado a Fidel y se había pasado a las filas de la más ultramontana derechona. Se acabó. Ni un libro más de ese peruano traidor..........Aunque me temo que tanta animadversión era de boquilla. Más falsa que Judas en mi persona....que seguí leyendo al "malvado escritor". Y encima rematé de cabeza cuando allá por los ochenta y pico, en una de mis anuales visitas a mis amigos de Santander, escuché su preciosa voz en los Cursos de Verano de la Universidad Menéndez y Pelayo (Palacio de la Magdalena). Y como todo el auditorio, se partió de risa cuando Don Mario - al que nunca le faltó el sentido del humor - explicó aquello de que en lo referente al erotismo tenía un severo problema. A saber: solo experimentaba la pulsión sexual explosiva con mujeres de su familia. En efecto, se casó primero con su tía (la Julia) y luego con su sobrina (la actual señora de Vargas).



Quisiera terminar exponiendo mi pequeña exclusión del general vocerío. Creo que Vargas Llosa es un gran escritor y un memorable ensayista y articulista. Creo y reitero que "La casa verde" y "Conversación en la catedral" son dos obras maestras. Que su ensayo sobre la inmensa Madame Bovary roza la genialidad. Que "Pantaleón y las visitadoras" y "La tía Julia y el escribidor" son tan divertidas como estupendas. Que "La fiesta del chivo", en ese tema al que se sienten obligados a escribir todos del boom y los de antes, es junto a "Yo el supremo" de Roa Bastos la mejor novela sobre el dictador de turno. Por tanto Vargas Llosa triunfa allí donde fracasaron García Márquez (¡¡que horror "El otoño del patriarca"¡¡¡), Alejo Carpentier ("El recurso del método"), Miguel Angel Asturias (¡¡que tostón "El señor Presidente") y hasta el padre fundador del subgénero, el mismísimo Valle Inclán en su amanerada y pijotera "Tirano Banderas" (2).

Sus oscilaciones políticas igual se deben al lío de faldas con García Márquez y el puñetazo que dejó al del liqui-liqui (iba con mono de obrero en la sesión de pugilato) con un ojo a la virulé. Que yo soy muy macho y a este mequetrefe no le permito que me quiera birlar a recia moza. Y si el va de rojo, pues me hago azul y le llevo y le llevaré la contraria por los siglos de los siglos amén. Que risa.

Resulta un tanto rarillo que un tipo tan facha como Vargas Llosa escriba siempre novelas más bien críticas con las derechas, el facherío, los militares, los energúmenos con mando en plaza, la globalización y hasta el Imperio.

Y a modo de estrambote no me calló que "La guerra del fin del mundo" me pareció mala, malísima. Y el Rigoberto por ahi, por ahí.  La del "Conselheiro" simulaba una de aquellas más bien siniestras, con las debidas excepciones, películas del "novo cinema brasileiro". Bueno "la debida excepción" en mi caso es "Antonio Das Mortes" de Glauber Rocha, un auténtico musical con muchos tiros y conciencia política. Por cierto, mala suerte la de Mario Vargas Llosa con el cine. Vaya petardos que hicieron él mismo y Francisco Lombardi. Recomiendo no verlos por nada del mundo. Ni en nombre de un Premio Nobel, venga que lo digo, justo e imprescindible.


Luis Betrán


1) No ocultaré mi animadversión por ese cerdo llamado Camilo José Cela del cual solo soporto, y admiro, "La colmena" y "El primer viaje a la Alcarria".

2) Del mismo modo que el teatro de don Ramón me parece extraordinario, su "Tirano" y sus "Sonatas" me dejan gélido.


miércoles, 6 de octubre de 2010

Memoria de 1.964 ( II )



Estamos en 2010, así que estas memorias cinematográficas que conservo desde 1964 será difícil que vean la luz en vergerus en su totalidad. Para ello tendría que llegar a la edad de don Manoel de Oliveira (101 años), el mayor cineasta vivo y en activo, y con sus facultades físicas y mentales. Como soy consciente que esa feliz circunstancia no se va a repetir con mi persona, escribiré "mientras el cuerpo aguante". Burla, burlando he aquí la segunda parte del lejanísimo 1964. Servidor tenía entonces 17 años, razón que exige actualizar un tanto textos tan amarillentos.

Además de la invariable lista de las "diez mejores del año", ya publicada, siempre tuve por costumbre otorgar mis "oscars" del año y "el petardo del año". Yo les denomino los "luises" del año", ya que durante mi juventud fui "más hermoso que un San Luis", modestia aparte. Lo del "petardo" no significa que tan malhadado premio fuese a parar a la peor película que había visto sino a la que más me había indignado o decepcionado porque se le suponía "a priori" una cierta calidad.

Dedicado especialmente a Ava Gardner la mujer más bella de la historia del cine.

LUISES DE 1944




Mejor director:                 Luchino Visconti (El gatopardo)
Mejor actor:                     Burt Lancaster (El gatopardo)
Mejor actriz:                    Ava Gardner (La noche de la iguana)
Mejor guión:                    Suso Cecchi d'Amico, Ennrico Medioli, Luchino Visconti (El gatopardo)
Mejor banda sonora:       Nino Rota (El gatopardo)
Mejor película española: El verdugo, de Luis García Berlanga
Petardo del año:               Piel de serpiente (The fugitive kind, 1960), de Sidney Lumet

Otras grandes películas de 1964: "Suspense", "Crónica familiar", "La escapada", "La noche de la iguana", "La clave del enigma". "El buscavidas", "Rebelde sin causa", "Los paraguas de Cherburgo" y "El verdugo".

Prescindo de las dos de Blake Edwards - "Desayuno con diamantes" y "Días de vino y rosas" porque fueron comentadas en la parte primera. Así que vamos con la segunda mejor del año 1964.


¡¡¡SUSPENSE!!! (THE INNOCENTS) de Jack Clayton (1961)




Basada en el relato de Henry James (“Otra vuelta de tuerca”).
Estrenada en el Cine Coliseo Equitativa de Zaragoza en 1.964



Jack Clayton procedía del free-cinema inglés. Un tipo de cine plano, lineal, esquemático, buscando siempre la eficacia tras visiones primarias del mundo real. Su fama se debió más bien a que reflejó los deseos de quienes por los años 1959/65 no veían en la nouvelle vague francesa más que callejones sin salida recorridos por un esteticismo diletante y un sentimentalismo abandonista. Ni el trayecto ni el objetivo final seducían a quienes creían ¡una vez más! que los jóvenes habían errado el camino. Sus ojos se volvieron a los productos Woodfall y a los sainetes costumbristas, con aditamentos de aspectos fácilmente entendidos como “sociales”. Tabernas de mala muerte, puré de guisantes, obreros, fútbol, sábados jaraneros, vacaciones de agosto, bailes y cantes pre-Beatles y problemas de abortos, habitaron los films Woddfall y similares. Pero la presencia de estos conceptos no supuso otra cosa que el grito de ¡presente! al pasar lista. Su desangelada utilización –casi siempre por cauces naturalistas y con tendencias folletinescas– privó de un conocimiento vivo de una sociedad tan anclada y tan cambiante de forma como la Inglaterra que se empezaba a exportar desde Carnaby Street. Tony Richardson, Lindsay Anderson, Desmond Davis, Karel Reisz, John Schlesinger, Julie Christie, Rita Tushingham, Vanesa y Lynn Redgrave, David Warner, Richard Harris, Albert Finney, Tom Courtenay… Y hasta Richard Burton mirando hacia atrás con ira. Y dos obras notables que superaron el paso del tiempo: “La soledad del corredor de fondo” (The loneliness of the long distance runner, T. Richardson 1962) y “Morgan, un caso clínico” (Morgan, a suitable case for treatment, K. Reisz 1965). Parvo bagaje.




En estas circunstancias, Jack Clayton rodó un film “free”, absolutamente free, pero nada libre: “Un lugar en la cumbre” (Room at the top, 1959), que le valió un oscar a la gran actriz francesa Simone Signoret. Esa película, más bien mediocre, consistía en carreras para llegar al lugar bajo el sol con ayuda moral de señora madura (Signoret), críticas al arribismo etc. Aceptado el envite, entendido el mensaje y se acabó. No había más de donde sacar. Por ello sorprende que Mr. Clayton (gran director de fotografía, flojo realizador) rodara “The innocents”, película que responde a opuestos planteamientos de lo que parecía ser norma entre los films free.

Una institutriz (extraordinaria, inmejorable Deborah Kerr) llega a un viejo castillo. Los pupilos, un niño y una niña, viven hechizados por la historia de amor que tiempo atrás habían vivido un criado y su predecesora. La nueva profesora cree ver posesión de los amantes –que habían terminado sus días trágicamente– en los niños a través de un comportamiento que ella juzga como perverso. Existe una vieja criada que “se sale” de la historia buscando una tierra de nadie, cuando a su alrededor la gente se compromete hasta el cuello en una forma de vida de extrema intensidad y funesto desenlace.





The innocents” (no utlizaré el ridículo título español que apelaba al casi siempre exitoso Alfred Hitchcock) presenta una única historia contada simultáneamente a varios niveles. El de la institutriz Deborah Kerr; un mundo aparentemente real con intromisión de elementos tangibles procedentes de otro nivel. El de los niños; siempre en el plano de lo real sin otra dimensión que las partes de comportamiento apreciables como impropias de sus condiciones de edad y situación. Existe el nivel de la criada; equivalente al coro de las funciones que, desde la tragedia hasta nuestros días, ha utilizado semejante elemento escénico. De hecho la criada quita y pone razones para que los ojos de los demás engañen o no a sus mentes. Al final, los distintos planos se fusionan de manera nada violenta, conformando una unión de las distintas formas de la realidad. Recurso utilizado en revisión “deconstruida” por el cine de nuestros días y, no siempre, con resultados satisfactorios. Además de producir fatiga y redundancia.




Obra profunda, objetiva, “The innocents” jamás se compromete con el espectador más allá del significado exacto del dato que presenta; sean las reacciones ante la irrupción de lo insólito o ante la corporeización de las obsesiones. Nada se niega ni se afirma. Existen componentes realistas en un ambiente, marcadamente “fantastique”, pero la mente que los relaciona con el mundo de la fantasía –la institutriz Deborah Kerr – nos hace dudar que sea capaz de contemplar el mundo real sin introducir de su propia cosecha interpretaciones que acerque todo el mundo que la rodea al de sus sueños y frustraciones. Pero “The innocents” es un espectáculo y como tal debe guardar ciertas normas que, a fuerza de repetirse en el género de terror al que la película, de una forma u otra se adhiere, nos han enseñado a circular entre ellas, abstrayéndonos de cuanto sabemos que es impuesto por circunstancias que juzgamos impuras. Así sabemos que esta película es “de miedo” (1), y ello supone un sometimiento a la ley del exorcismo del pánico, pero la distorsión de elementos reales para producir terror jamás oculta que tal objetivo es secundario. Que, previo a él, existe la voluntad –llevada intensamente a cabo por el director (y por Henry James, por supuesto) de situar tales elementos a aquel nivel funcional que más contribuya a dar la visión que pretende.

La inquietud, el desasosiego y el profundo hechizo de esta obra maestra (2), surgen porque las relaciones de lo real y lo fantástico no están adscritas a mundos irreconciliables sino que pertenecen a una visión unívoca de la realidad, que desnuda de misterio al terror y reviste al misterio de acto cotidiano. Cada acontecimiento cumple varias funciones. La primera la de hacer avanzar la anécdota a caballo del susto deliberadamente buscado, mas estos rituales arrastran la enorme complejidad de las relaciones de los personajes en la obra. Un acto tiene una expresión clara desde la perspectiva de la realidad cotidiana, y sin embargo su valor dramático se potencia cuando es visto desde otro plano de la realidad, o desde la interpretación que los personajes dan al acontecimiento.




Mientras tanto, el espectador queda desarmado, porque lo que ve es la ambivalencia de interpretaciones sin intromisiones que fuercen su voluntad del lado de lo real o de lo fantástico, aún admitiendo lo equívoco de ambos términos. La "puesta en escena" no indica señal alguna en un sentido o en otro, sino que alterna planos pertenecientes a una supuesta realidad objetiva con otros que pertenecen al dominio de lo subjetivo –a través del personaje de la institutriz-. Esto lo sabemos porque aplicamos nuestro conocimiento del mundo de una forma objetiva, real, vacía de interpretación. Porque creemos saber cómo es la realidad en forma primitiva, pero, una vez más, la institutriz nos ha hecho saber que su concepción del mundo es la menos adecuada para aceptar la realidad en su aspecto más inmediato. El encanto de la perversión, la búsqueda de un más allá – último liberador de sus fantasmas – pueden hacerle ver y sentir de distinta manera a como el espectador aplica su experiencia. Viendo lo mismo lo sienten de distinta manera. (3)





La posesión diabólica de los amantes sobre los niños es algo a interpretar por debajo de los datos que da el film. El comportamiento de los niños, su voluntad de ser, la proyección de sus obsesiones, la visión de un mundo sexual soñado entre la naturaleza muerta que rodea viejas estatuas, hace que progresivamente el universo onírico de la maestra absorba más grandes parcelas de lo real, sin que el espectador, teniendo toda la libertad para pensar, acabe no teniendo ninguna para reconocer fronteras que quizá no existen. Al final, de nuevo la abducción de una realidad neutra por el universo subjetivo que la institutriz ha proyectado será absoluta. In eternam se verá inhibida en el mundo que, como nuevo aprendiz de brujo, provocó en su propia mente. A su llamada acudirán sus más queridos y odiados espectros. Es el punto de no retorno, en el cual las alucinaciones serán simples actos de cada día, vacías del sueño doloroso que las embellecía. Se verá obligada a vivir en el infierno que ha construido pacientemente, día tras día. En una eclosión absoluta, pero ni siquiera en ese momento, en brazos de sus perversiones ante la visión de la muerte y del futuro amor a obtener del amante muerto y redivivo, ni siquiera entonces, ya se podría decir en tanto que espectadores ¡esa es la cuestión!. La confusión de planos reales y fantásticos habrá alcanzado su más alto grado, despojando al individuo que ve la película de su preciado don de la capacidad de interpretación y análisis, ante unos hechos que se niegan a ser codificados y cuyo recuerdo inquietará a quienes crean tener la llave del cofre de los sueños bajo siete candados. Evidentemente.


Luis Betrán Colás

1) Y tan de miedo. Cuando la vi en el cine Coliseo a la tierna edad de 16 años, salí literalmente sobrecogido de espanto. Y pasé una noche inenarrable en la que los fantasmas me acosaban sin descanso. El paso del tiempo, naturalmente, consigue que las 4 o 5 veces que he vuelto a ver esta película hayan conseguido eliminar el terror. No así la inquietud, el estupor y, siempre, el desasosiego. Hablo en una oscura sala de cine. En el salón de mi casa, el DVD correspondiente solo consigue que refuerce mi admiración por esta obra prácticamente perfecta.

2) En ninguna disciplina artística, los llamados “especialistas” o “críticos” han encontrado tantas obras maestras como en el cine. Cosa asaz surrealista, teniendo en cuenta que solo tiene poco más de cien años de edad. Por ello siempre he tratado de evitar esa denominación, salvo en casos –como el que nos ocupa– en que la relación propósitos/resultadas es alcanzada de forma absoluta. Añádase que el film en modo alguno es inferior artísticamente a la asimismo obra maestra de Henry James a la que sigue fielmente. Pero esto ya es asunto de las relaciones cine/literatura. Tema espeso donde los haya.

3) Como es sabido este genial film fue prácticamente plagiado por el maestro español de estos menesteres don Alejandro Amenabar. "Los otros" (2001) tuvo mucho éxito aunque  le saliese chunga. Nicole Kidman no le llegó a miss Kerr ni al más bajo pliegue de la enagua y el "astuto", siguiendo su lema de que el cine empieza con "Tiburón" (Jaws, Steven Spielberg  1975, será asno), debió pensar de que quién se iba a acordar de "The innocents". O en su majestuosa incultura cinematográfica ni siquiera la había visto ni conocía su existencia. Mira por donde en esto último le salió el tiro por la culata.




martes, 5 de octubre de 2010

Triunfo

Miguel Ors que retransmitía un partido de fútbol se encontró una vez con que en la pantalla aparecía solo y orondo un balón. Y el hombre dijo por si la audiencia estuviera despistada: "Señores, el balón"

Luis Carandell.- Celtiberia show.- Triunfo

Slogan de una candidato a concejal en las elecciones municipales franquistas: "Deportivamente se vota a Vicente"

Luis Carandell.- Celtiberia chow.- Triunfo

El viernes 1 de octubre, falleció José Angel Ezcurra a los 89 años. Fundador y director de la revista Triunfo.

Otro obituario, acaso el más sentido para mí porque "Triunfo" ayudó no poco a configurar mis señas de identidad. Fue, y me temo que será por tiempo indefinido, la mejor revista cultural y política de la segunda mitad del pasado siglo. Duró desde 1946 a 1982.






TRIUNFO

La democracia y el socialismo - que alcanzarían el poder poco despues de la desaparición de esta mítica revista - fueron desagradecidos con la publicación que más había luchado por el advenimiento de la una y de los otros. Hoy no existe nada en la prensa que pueda ni siquiera acercarse a la punta de los pies de "Triunfo". Y no por ello dejaría de ser necesario algo similar. Independiente aunque de izquierdas, no ligada a partido político alguno. Información y cultura: dos cosas imprescindibles para no ser un analfabeto funcional o un infantilizado por el "pensamiento único" y Christopher Nolan. ¿Tendría lectores una revista antiglobalización?. Lo dudo, pero ello no impide que añore lo que pudo ser y desee lo que no podrán ver mis ya algo cansados ojos. Yo fui, soy y espero seguir siendo, miembro de la generación "Triunfo".




Y el caso es que "Triunfo" vino al mundo en plan frívolo y dedicada al cotilleo cinematográfico. Con el fin de  derrotar a "Primer Plano" y competir con "Fotogramas" (la eterna superviviente). Fue en 1962 cuando la revista cambió de orientación y se convirtió en la voz del antifranquismo (lo que le costó numerosos cierres), se inclinó a una izquierda de resistencia y, poco a poco, fue convirtiéndose en el Credo de una generación, la mía, que aguardábamos ansiosos los jueves (día en que salía en los quioscos cuando era semanal) para comprarla, degustarla y susurrar o gritar que sí, que estábamos de acuerdo con todo o casi de lo que allí se escribía. El tenebroso mundo franquista se iluminaba una vez a la semana. Y los que odiábamos aquella dictadura ominosa - y sus descendientes que si no lo impide un cataclismo van a gobernarnos en breve (1) -y esperábamos la muerte del siniestro caudillo, sentíamos una ráfaga de felicidad. Como cuando, en Zaragoza, Alberto Sánchez avisaba "secretamente" que el Saracosta iba a proyectar "Viridiana" o "El acorazado Potemkin". O cuando asistíamos, en una Universidad convulsa, concicnciada políticamente y mayoritariamente antifascista, a los recitales de Raimon, Paco Ibañez, Luis Llach, Xavier Ribalta o.....Labordeta.




"Triunfo" reunió una nómina de redactores absolutamente impresionante. Eduardo Haro Tecglen, verdadera alma mater de la revista, comunista hasta su fallecimiento hace muy pocos años y el mejor analista político que yo haya leído en castellano. Firmaba con su nombre y usaba heterónimos más que Pessoa. En el aspecto ideológico "Triunfo" era él. Terminó en "El País" como crítico teatral y como columnista absolutamente fiel a sus creencias y a si mismo y, por tanto, cada vez más alejado de la progresiva derechización del diario madrileño. Victor Márquez Reviriego (todavía vivo) amigo hasta el final de Ezcurra e inolvidable cronista parlamentario cuando en 1977 llegó, o eso nos pareció, la democracia otorgada por el Borbón; llamaba a los sres. diputados los "culiparlantes". Manuel Vázquez Montalbán, el inolvidable creador de Pepe Carvalho, gran escritor multifacético, comunista asimismo, reputado gastrónomo y autor de la maravillosa serie "Crónica sentimental de España" publicada en Triunfo y a la que añadió una perla tan divertida como la "Antología de la canción ratonera". Luis Carandell, el inventor de la desopilante "Celtiberia show". Ellos constituían la columna vertebral de "Triunfo", junto quizá al "traidor" Cesar Alonso de los Ríos que no comulgaba con la ideología de Haro Tecglen y se largó tras muchos años a fundar la interesante "La calle", cuando "Triunfo" comenzaba a mostrar síntomas de agonía. Y luego a poner a caldo a señores como Ruiz Giménez, Dionisio Ridruejo o Tierno Galván.




Y los colaboradores más o menos fijos. José Monleón en el teatro, Jesús García de Dueñas y Cesar Santos Fontenla en el cine (luego Diego Galán y Fernando Lara), José María Moreno Galván en las Artes Plásticas, Chumy Chúmez en el chiste, Jose Miguel Ullán en la música ,y gente tan conocida como Manuel Vicent, Montserrat Roig, Javier Alfaya, Ramón Chao, Fernando Savater, Juan Cueto y hasta el cura Enrique Miret Magdalena abanderadio de la Teología de la Liberación.....Grandes plumas, algunas de las cuales fueron evolucionando cuando la revista hizo mutis por el foro hacia el diletantismo o posiciones adecuadamente conservadoras.

Estimo que la persona forja su individualidad según el momento histórico que le toca vivir en su juventud. Y a ello contribuyen factores o elementos de los cuales el principal de todos me parece el origen social, la pertenencia o no a una clase determinada. Gran o pequeña burguesía, proletariado, campesinado o sin techo y con hambre. Luego está la vida, el itinerario vital de cada uno, las cosas que observa y ve en la calle primerísima fuente de información. El amor, la amistad que como dice Jesús Ferrero "tanto en el amor como en la amistad no hay relaciones que duren toda la vida si uno no está dispuesto a transigir  con ciertas deslealtades que se van a producir en un determinado momento" ("El País, 2-10.2010) Y, finalmente, la cultura a la que se puede tener acceso o no (cuestión de dinero). Naturalmente no me olvido de los genes y la experiencia familiar ni tampoco la religión. Dentro de ese espacio colocado en último lugar, "Triunfo" fue para mí tan determinante como la literatura que más me ha gustado, la música que más me ha emocionado o las películas con las que más he disfrutado. Y políticamente decisiva para creerme, entonces y ahora, persona de izquierdas que no renuncia al marxismo ni al freudianismo.



Como todo Credo, "Triunfo" hizo que algunos llevaran el acto de fe hasta la últimas consecuencias. Repetían cual papagayos lo que en los textos de la revista se escribía. Y, por ejemplo, cuando llegó el "boom" de la novela latinoamrericana se/nos entregaron a una carrera atlética para ser el primero en leer "Cien años de soledad", "El siglo de las luces", "Rayuela", "La muerte de Artemio Cruz", "Conversación en la catedral" o "Pedro Páramo". Tambien Borges, pero sin decirlo en voz alta, que era un caballero de derechas. Y descubrimos a escritores españoles como Sender, Max Aub, Corpus Barga, Ruiz Barea, Castelao, Larrea y poetas como Miguel Hernández, Gabril Celaya o Blas de Otero. y el teatro de Bertold Brecht o Valle Inclán.... Y nos iniciamos con Marx, Engels, Politzer, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kolontai, Antonio Gramsci  .......Lenin y Mao.

Cuando "Triunfo" echó el cierre nos sentimos como huérfanos aunque la publicación ya hacía tiempo que había pasado a ser mensual. Y acudió "El País" en nuestro auxilio. No era lo mismo. Era un diario. Pero nada tenía que ver con Abc, Ya, Arriba, La Vanguardia, Pueblo, Informaciones, El Alcázar o....Heraldo de Aragón, El Noticiero o Amanecer. Hacía de la democracia su voluntad de ser y como aún eramos jóvenes e ingenuos nos lo tragamos cual nuevo gustoso bocado de color rojo. El paso de los años, su filiación con el P.S.O.E. felipista y guerrista y, ya en nuestros días, su autodefinición como diario global, su progresivo viraje conservador y su adscripción al "pensamiento único" hicieron que, yo al menos, me lo compre tan solo los sábados (por su suplemento cultural "Babelia") y me limite a hojear algún titular vía Internet el resto de la semana. O echar un vistazo a "Público". Jamás de los jamases a "El Mundo". No es cosa de vomitar el desayuno.




No comparto la melancolía de los nostálgicos. Nunca volveré a ser joven, que le vamos a hacer. Por ello rara vez me asomo al "Triunfo" digital aunque, se dice, recordar equivalga a volver a vivir. Conservo algunos ejemplares, pero por la misma razón no pertenezco a la muy respetable tribu de los coleccionistas. Ejemplares antiguos y modernos de no solo "Triunfo", sino de "Fotogramas", "Cuadernos para el diálogo", "El viejo topo", "Film Ideal", "Nuestro Cine", "Cahiers du cinéma", "Positif".....han sido arrojados a la papelera sin que me importe un carajo si su celulosa es reciclable o no.

No voy a terminar como en el tango "mi caballo murió, mi alegría se fue". Hoy soy mayorcito, algo cascado y felizmente jubilado. Dispongo, por tanto, de tiempo libre. Prefiero el aquí y ahora. Aunque haya que taparse las narices. Y llevando (no del todo) la contraria al marqués de Bradomín de Valle Inclán, me reconozco como gordo, ateo y....sentimental.

Luis Betrán

1) Algunos amigos o conocidos me da la impresión que no han acogido muy bien mi negativa a apoyar la huelga general. Al margen de mi total desconfianza hacia CC.OO. o U.G.T. no estaré en ninguna manifestación antipsoe por inepto que sea Zapatero (que lo es). Estas cosas tan de recibo favorecen al P.P., y por ahí no transito por nada del mundo.

sábado, 2 de octubre de 2010

Las trompetas de Tony, Alex y Mou


¡¡¡Que callen las trompetas!!!.- Ha muerto Tony Curtis



Ha fallecido en Las Vegas, donde si no, cuando hacía años que era una gorda y fea caricatura de si mismo. No es ningún mito del cine ni nada parecido. Un actorcillo que surgió en las filas de la Universal, huyendo de una madre perversa y una desdichada familia. Era tan guaperas que casi perecía una niña. Lo que acabó por perjudicarle ya que fue inútil  que nadie le tomara en serio si no hacía el ganso en comedietas y pelis de aventuras, buenas y malas que de todo hubo en su larga filmografía. Dicen que siempre quiso parecerse a Cary Grant. En el capitulo actoral, no fastidiemos que no consta que tuviera ligue alguno con Randolph Scott. Dificil empeño el de transitar por la vía por la  que circulaba el mejor actor de comedia que conoció Hollywood. El más distinguido, aquel que no perdía la dignidad en las situaciones más ridículas - véase los geniales film de Hawks "La fiera de mi niña" (Bringing up baby, 1938)   o "La novia era él" (I was a male war bride, 1949) -.Pero seamos justos con Tony Curtis: fue un buen comediante que tuvo su momento álgido en "Con faldas y a lo loco" (Some like it hot, Billy Wilder 1959) en la que no fue aplastado por un brutal Jack Lemmon.


Los empeños dramáticos del monismo fueron curiosamente más atrevidos que los de Grant.  Cuando Cary se ponía serio parecía que se lo tomaba a guasa y no digamos nada cuando tambien Howard Hawks le confundió con John Wayne (1) en "Solo los ángeles tienen alas" (Only anges have wings, 1939). Tony resulto ser más competente.....a veces. Sin duda en la notable "El fugitivo" (The defiant ones, Stanley Kramer 1958, por la que le nominaron al Oscar), no tanto en la muy pasada de rosca "Chantaje en Broadway (Sweet smell of succes, 1957, Mackendrick fuera de sitio) y entregadísimo en "El estrangulador de Boston" (The Boston strangler, Richard Fleischer 1968). El fracaso comercial de esta buena película determinó prácticamente el inicio del fin de la carrera cinematográfica de Tony Curtis. Guardemos piadoso silencio  por lo que vino despues y sus trabajos televisivos. El pobre chico del Bronx neoyorquino, ya maduro, hasta esperaba  por fín su anhelado Oscar. Bueno, parece que en la vida se lo pasó pipa. O lo simuló. (1)



¡¡¡Que suene la balada triste de trompeta!!!

"Balada triste de trompeta" ha sido galardonada con dos premios en la 67ª Mostra de Venecia, al mejor guión y el León de plata a la dirección. Igual es buena y todo. Como ya escribí recientemente no lo comprobaré. El día de la Bestia (1995), consiguió seis premios Goya incluido el premio al mejor director. Este trabajo convirtió a Santiago Segura en uno de los actores más conocidos de España. "Enorme aportación artística por la que Alex de la Iglesia merece un puesto en la historia del cine español". A mí, que soy muy raro, el bestial día me pareció una de las chorradas más infumables del más o menos moderno cine español y me prometí a mi mismo que ya no me pillaba en otra, como así ha sido. La filmografía de esta suerte de Tarantino clownesco (2) se completa con Perdita Durango (1997), Muertos de risa (1999), La comunidad (2000), 800 balas (2002), Crimen ferpecto (2004)  y Los Crímenes de Oxford (2007. Como no he visto ninguno de estos films a callar tocan, y respecto a la "balada" de inminente estreno, presumibles buenas críticas y éxito popular garantizado, yo me pregunto: ¿tendrá algo que ver con aquella horrenda canción que atormento mi adolescencia y que fue lanzada por el trompetista Roy Etzel, pero el que se llevó el gato el agua fue el monstruoso Raphael. El cantante del franquismo más famoso (y al que hoy incomprensiblemente le reivindican), el vociferante "phantástico, phenomenal y phabuloso", el del amaneramiento más untuoso y repugnante. Y que aullaba en los agudos sustituyendo al metálico instrumento, ¡¡¡ua, ua, ua, ua, uaaaa!!!. Nauseabunda perspectiva en verdad, como decía Charles Laughton ,cuando una enfermera interpretada por su esposa Elsa Lanchester, le iba a poner una inyección en su gordo culo en la estupenda "Testigo de cargo" (Witness for the prosecution, Billy Wilder, 1957). 

¡¡¡Que le den de trompetazos con saña en el coco!!!



A mi lo de los entrenadores en el fútbol de nuestros días me deja perplejo. Si exceptuamos a Leo Messi y Cristiano Ronaldo, las estrellas son ellos. Se creen dioses y sabios supremos en esto del balompié y hacen cosas algo excéntricas. Por ejemplo; si un jugador lleva jornadas acreditando un gran estado de forma pues van y lo quitan por esa ridiculez de las rotaciones (solo válida y a medias para aquellos equipos que juegan en competiciones europeas y en consecuencia multitud de partidos anuales), para demostrar que allí no manda ni Dios. Solo el "técnico" que es mucho más que Dios. ¿Se han planteado que haría el sr. Guardiola y su glorioso Barça sin el mejor jugador del mundo, Xavi e Iniesta, por ejemplo?. ¿Piensan que si entrenase a nuestro malhadado Real Zaragoza íbamos casi a ganar la liga?. Los periodistas deportivos - especie ,salvo excepciones, poco recomendable - les dan cancha. Y así están en más ruedas de prensa que los grandes jugadores. Que despropósito. Y que sueldazos los suyos. De entre esta patulea de "artistas sin arte", me pone perticularmente enfermo Don José Mourinho (o Javier Clemente, o Maradona) con su exhibición de gestualidad más histriónica que el Cristiano (juro que los portugueses no son así), su porcina educación, sus provocaciones rufianescas. Y total para qué. El Real Madrid sigue jugando tan mal como el año pasado y encima mete menos goles. Que peste, joer. Que les den.....


Luis Betrán

1) Bastantes años más tarde, John Wayne haría el indio persiguiendo elefantitos en la larguísima e insoportable "Hatari" (1962, Hawks, claro)

2) El rostro aniñado de Tony Curtis lo vemos reflejado en Tom Cruise (que no es mejor actor) y en Leonardo di Caprio (que si que lo es y con creces, aunque corre serio peligro con papeles como el protagonista de la chistosamente mala "Origen")

3) Hago constar que a mi ser Tarantino me parece más bien poca cosa, aunque ser Alex de la Iglesia todavía menos.

viernes, 1 de octubre de 2010

In memoriam: Arthur Penn




Hace un montón de años Arthur Penn (27/9/1922- 28/9/2010)  consiguió poner de acuerdo a tirios y troyanos. Su llegada al cine, como uno de los abanderados de la generación procedente de la televisión americana (1), en 1958, puso de acuerdo a Cahiers du Cinéma y a Positif, a Film Ideal y a Nuestro Cine. Era un gran director influenciado por la "nouvelle vague", que usaba gafas oscuras como Godard, y que fue saludado como cineasta de la violencia. Con el paso de los años su figura fue ensalzada en menor medida cuando no abiertamente criticada, para caer en el más absoluto de los olvidos del que será rescatado levemente por la triste noticia de su fallecimiento. ¿Que queda en nuestros días del autor de "Bonnie and Clyde?. Echemos un vistazo a lo más relevante de su filmografía.




1958.- El zurdo (The left handed gun)

Película manierista hasta la exasperación que ni antes ni ahora resulta de interés. Supuesta biopic del pistolero "Billy, the kid", Penn lo convierte en un personaje violento de un romanticismo añoso. La escena en que dispara nada menos que ¡¡a la luna!! define a le perfección la cursilería del director. Fue recibida con un entusiasmo que siempre me resultó incomprensible. Para acabarla de rematar, un inadecuado (por edad) Paul Newman ofrece todo un recital de tics Actor's Studio que en una entrevista en Fotogramas, allá por los ochenta, avergonzaban al mismísimos actor, sin que por ello dejase de estar orgulloso del film y de expresar su admiración por el cineasta. Más aún, se autoproclamaba culpable de los pequeños errores de la cinta. No, querido Paul, allá donde estés puedes estar tranquilo. Tan solo fuiste uno más de los responsables del bienintencionado desaguisado.





1962.- El milagro de Ana Sullivan (The miracle worker)

Penn había llevado esta pieza teatral a la televisión con gran éxito. Conocía perfectamente el material con el que trabajaba antes de embarcarse en la filmación. Y se nota. Entiendo que esta fue, es y será la mejor obra de su irregular y, a la postre,   decepcionante filmografía. Aquí la violencia estalla en el mismo rostro del espectador, gracias a la portentosa interpretación de una Anne Bancroft - tambien en menor medida Patty Duke - ambas galardonadas con justísimos Oscars. Con un blanco y negro tan feroz como el propio film, Penn narra con un estilo nervioso que no histérico esta historia de aprendizaje que llega a ser apasionante, a pesar de tratarse en el fondo de un melodrama teatral para plateas impresionables. Una gran película, en todos los aspectos. Siempre excelente cuantas veces se vea.


                                             


1963.- Acosado (Mickey One)

La más "nouvellevaguera" de sus películas y aquella, en la que además de las gafas, se sintió algo así como el Godard americano (mala cosa...). El film fue presentado en Venecia en 1964, donde hubo de competir con "Vaghe stelle dell'Orsa" (Luchino Visconti,  1964, León de Oro) y "Gertrud" (Carl Theodor Dreyer, 1964 obra maestra que no ganó el gran premio pero lo mereció más que la notable de Visconti). Fue abucheada y con razón ya que se trata de una obra aquejada de intelectualismo "a lo Kafka" y perfectamente críptica e insoportable. Naturalmente, en Film Ideal escribieron que había sido lo mejor del certamen italiano.


1966.- La jauría humana (The chase)

 


La más ambiciosa de las películas de Arthur Penn  y presunta disección de la paranoica (antes, entonces y ahora) sociedad americana en un modesto villorrio. El film tiene prestancia, un magnífico cinemascope y un reparto que reune a Marlon Brando (excelente y masoquista que era lo suyo en sus buenos tiempos), Jane Fonda, Robert Redford, Angie Dickinson, Janice Rule (malísima), E.G. Marshall (el cacique corrupto).......Fue recibida, casi con total unanimidad, como obra maestra. Tambien a mi me lo pareció. Pero el paso del tiempo ha dejado en evidencia lo banal y previsible de su carga crítica, sus exageraciones, su nulo sentido del humor. Vista hoy es una buena y discutible obra.






1967.- Bonnie and Clyde

El mejor film de Penn tras "Ana Sullivan". Asimismo influenciado por la "nouvelle vague" (se dijo que había sido François Truffaut ,el que estaba previsto en principio como director, quién se la recomendó al cineasta americano, muy amigo del equipo redactor de "Cahiers du Cinéma"). Esta revisión del "gang film" de los años 30 "made in Warner" - nada que ver con el cine negro cuya  denominación "film noir" se debe asimismo a "Cahiers" tras el estreno en Francia de "Laura" (Otto Preminger,  1944) - filtrada por el estilema godardiano se benefició de un éxito de crítica y público sin precedentes ni consecuentes en la filmografía de Arthur Penn. Tambien el paso del tiempo la ha dejado algo marchita. A pesar de ello, sigue siendo una cinta vibrante, con las numerosas escenas violentas filmadas magníficamente, con un equipo actoral formidable (con la excepción del siempre nulo Warren Beatty), con una Faye Dunaway que nunca volvió a brillar con tal resplandor. Bonnie Parker y Clyde Barrow se ganan las simpatías y la complicidad del espectador (rebosan glamour), a pesar de no ser más que un par de vulgares atracadores y asesinos. En este aspecto, prefiero la exposición, nudo y desenlace de un film tan modesto y espléndido como "El demonio de las armas" (Gun crazy, Joseph H.Lewis, 1950), con el que guarda numerosos nexos. Estamos en los años en los que la popularidad de Penn está en su más alto grado y es llamado "el cineasta de la violencia". Algo así como el nuevo Fuller.




Lo que vino despues fue consecuencia de "The chase" y "Bonnie and Clyde". Considerado como el cineasta progre de Hollywood, perpetró naderías "hippies" en "Alice's Restaurant" (1969), o westerns desmitificadores y "gauchistas" como la insufrible "Pequeño gran hombre" (Little big man, 1970) que le devolvió fugazmente el favor del público y en la que Dustin Hoffman con su cara de bobo hacía casi tantos gestos como Paul Newman en "El zurdo". El muy interesante "thriller" "La noche se mueve" (Night moves, 1975) nos hizo creer que su talento no estaba definitivamente agotado, lo que se repitió en menor medida en "Georgia" (Four friends, 1981). En ese no corto intervalo temporal filmó la horrible "Missouri" (The Missouri Breaks, 1976), western menos que mediocre con Jack Nicholson y un Marlon Brando autoparodiándose, disfrazándose (sin evitar hacer de señora) y fingiendo el payaso con vergonzantes maneras. El fracaso comercial tremendo de este fiasco determinó el futuro - ninguno - de Arthur Penn en los ochenta. Nada más se supo de él. Filmó algún film que otro que ni llegaron a estrenarse (al menos en nuestro país) y acabó refugiado en la misma televisión de donde había surgido.

Me ha chocado el texto que publica hoy Diego Galán en "El País" (muy admirador del cine de Penn en su época de crítico cinematográfico en "Triunfo" y "Nuestro Cine"). Lo reproduzco íntegro, porque sus conclusiones dejan en mejor lugar al cineasta de Filadelfia de lo que haría el responsable de este blog.



Es curioso que Arthur Penn sea considerado director de la violencia cuando en el trato personal era un hombre apacible, con aquellos buenos modales de cuando el respeto a los demás era parte fundamental de la convivencia. No se le conocieron gestos rudos, polémicas ni agresiones. Pacífico y casi siempre sonriente, hasta parecía tímido. Recuerdo una visita a su casa de Nueva York, en compañía de su buen amigo Chema Prado, cuando preparábamos para el Festival de San Sebastián un ciclo sobre la generación de cineastas de los años cincuenta que habían comenzado su quehacer en la televisión. Como había problemas para conseguir las copias, Penn sacó de un estante algunos vídeos antiguos que nos pasó por si podían resolvernos el problema, y aunque se trataba de copias únicas no insistió en que le fueran devueltos. Un tipo elegante.




Lo demostró de nuevo cuando en 2005 fue invitado por la Filmoteca Española a un coloquio sobre Don Quijote en el cine, que compartió, entre otros, con José Saramago. Qué grandes tertulias las de la Filmo. ¿Desaparecerán ahora si cambian a su director, como al parecer pretende la ministra? Penn, como tantos otros que han colaborado con la Filmoteca a lo largo de los años, seguramente estaría en contra de tal capricho. En aquella charla, Penn, gran estudioso del libro, expuso sus conocimientos sin pedantería ni exhibicionismo, descubriendo aspectos y matices. Quizás se le había quedado en el tintero algún proyecto cinematográfico en torno al Quijote y la violencia de su entorno. En los últimos años de su vida, el director de películas tan importantes como El milagro de Anne Sullivan o Bonnie y Clyde, tuvo desacuerdos con los jóvenes ejecutivos de los estudios, interesados solo en fabricar películas para adolescentes. Y lo que Penn quería reflejar en sus películas era esa honda violencia que late en su país, las contradicciones de las guerras que ha provocado, el racismo, la intolerancia, las injusticias del capitalismo... Por eso se dice que era el director de la violencia. Él se limitaba a reflejar la que existe en la vida real. Y lo hizo sin tapujos y con talento, en el cine, la televisión y el teatro. Ya no quedan muchos como él. Un clásico moderno que probablemente será revisado ahora en las filmotecas, como hace 15 años se hizo en el Festival de Valladolid. Aún tenemos mucho que aprender de Arthur Penn.

Diego Galán, "El País" (3-10-2010)

Amor de persistente fan.


Luis Betrán