lunes, 7 de julio de 2014

DOSSIER MELODRAMA CLÁSICO (XI)

EL MELODRAMA BÉLICO/SOCIAL


Fue una derivación, por las circunstancias de la guerra, del melodrama “new deal”. A final de los años treinta la situación económica estadounidense había variado considerablemente. La Depresión era un mal recuerdo y King-Kong era un personaje estético en vez de un exorcista. Los ideales del “new deal” iban a sufrir la prueba de fuego de la Segunda Guerra Mundial y el resultado iba a ser la aparición del más áureo periodo del imperialismo americano. El melodrama fue perdiendo el sentido anterior para privar el egoísmo de la crueldad del momento. El triunfo al alcance de la mano, cuyo precio sería algo más que la implantación de la democracia a todo el mundo, distorsionó la sonrisa ingenua del obrero de “¿Little man and now what?”, para dar paso a la estrechez de miras del marine que invadía medio mundo. En su estructura el melodrama bélico tomó elementos de cualquier otro tipo de melodramas, no dio obras importantes y se perdió en la noche de los tiempos, engullido por el cine bélico propiamente dicho. Fue concebido para salvar un momento difícil y por ello su interés aparece hoy totalmente difuminado.


Tras la contienda surgió un melodrama desencantado y pesimista, heredero directo del melo del “new deal”, que recogía las dificultades de adaptación  del soldado a la vida civil. En estas películas surgieron autores que prácticamente dejaron de serlo ante la persecución maccarthysta. Este melodrama social se vio siempre coartado por las limitaciones ideológicas de sus realizadores y por las censuras políticas de aquellos años. Fue sustentado por una especie de “izquierda” liberal surgida en los años de Franklin D. Roosevelt y cuyo fin, como decimos, se produjo a principios de los cincuenta, aplastado por la caza de brujas. La guerra fría no produjo melodramas importantes, se había cercenado el cordón umbilical, y sesgado el acentuamiento crítico de los melodramas sociales.. Este brusco cambió no le sentó bien al supergénero.


De entre estos melodramas bélico-sociales emerge con enorme peso específico “Los mejores años de nuestra vida” (The best years of ours lives, William Wyler), auténtica summa de los problemas de los exsoldados y certero muestrario de las virtudes e insuficiencias de estos bienintencionados films. William Wyler ocupa un puesto de excepción en el melodrama americano – y ésta no solo es su gran obra maestra sino una de las películas fundamentales de la historia del cine U.S.A. – aunque este sitio se halle claramente en las antípodas de King Vidor. Wyler impregnó a sus melos de un distanciamiento, de una neutralidad, que le impidieron caer jamás en el ridículo que puede derivarse del desmelenamiento.


Tenido durante mucho tiempo como un director académico – en el más peyorativo de los sentidos – el paso de los años y las oportunas revisiones de sus films ha venido a hacer justicia a uno de los más serenos e inteligentes artistas que tuvo el cine americano en los treinta, cuarenta y aún en los cincuenta (piénsese en el majestuoso western “Horizontes de grandeza”). Al repasar los distintos estilos  de melo propuestos encontramos que Wyler está en todos ellos y siempre con excelentes películas cuando no obras maestras.


Así en el melodrama romántico Wyler es el artífice de dos logros de la envergadura de “Cumbres borrascosas” y “La heredera”, en el melodrama de actrices Wyler es el máximo oficiante  de las películas de Bette Davis – “Jezabel”, “La carta” (otra obra maestra), “La loba” (idem) -, en el melodrama familiar pocos ejemplos tan bien terminados como “La señora Miniver” o “La gran prueba” y en el melodrama social “Los mejores años de nuestra vida” se erige en memorable paradigma de una época, de unas intenciones, de un criticismo, de un realismo, de unas componendas, de unas convenciones de género y, enfin, de una manera de ver y crear el melo que es la marca de fábrica de Wyler, quién vendría a demostrar que si el ruido y la furia  convienen y mucho al melodrama, la armonía y el perfeccionismo tambien pueden producir inolvidables películas. El quid de la cuestión consiste en que esa serenidad y esa extrema pulcritud no desemboquen en blandenguería y pudibundez.


De William Wyler procede tambien un tipo de melodrama que sería dominante en los cincuenta y agonizaría en los sesenta. El melodrama literario y social, teñido de un romanticismo tardío, que en sus excesos nunca alcanzó la temeridad de King Vidor. “Esos tres” (a pesar de la impudicia de mr. Hays), “Dodsworth”, “Little foxes”, “Carrie” van a ser los antecedentes de “East of Eden”, “Splendor in the grass”, “Wild river”, “Some come running”, “Tea and sympathy” o “Home from the hill”. De Wyler a Kazan y Minnelli. El melodrama social y literario. Steinbeck, Lewis, Dreisser, Hellman, Inge,….Y entre todos ellos  Douglas Sirk y las escasas pretensiones culturales de la Universal. Vienen los cincuenta y el melodrama neorromántico.

Luis Betrán

6 comentarios:

  1. El mejor melodrama social de Wyler es "The Liberation of L. B. Jones".
    Es el menos complaciente con Hollywood y con el cine de mentira que tanto les gusta allí.
    Se la recomiendo, caro Dr. Betrankenstein.

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  2. Terrible film ese La carta.
    Melodrama ejemplar.

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    1. Asi es, sr. Taribo. "La carta" es una obra maestra y "The liberation of L.B. Jones" una penosa muestra del declive del gran Wyler.

      Shadow 10. No esperes de mi respuesta alguna a todos tus insultos.

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  3. Todos tenemos nuestros propios gustos, eso no demuestra ninguna nulidad, Gabriel Samper. Pero usted demuestra una intransigencia que hace pensar en la España que nunca debió ser.

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    1. El sr. Gabriel Samper, alias Shadow 10, es un eximio representante de esa España que nunca debió ser. Un franquista irredento y peligroso que no busca más que impedir que este blog siga adelante. Naturalmente, los sres. Alekhine y Flazaro nada tienen que ver conmigo, salvo el hecho de que los tres estuvimos en el mismo foro que esta desdichada criatura llena de odio. Además nunca tuvo la menor idea de cine.

      Cordiales saludos, sr. Taribo

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    2. Entiendo. Su obsesión contigo es patológica y su rencor es político.Un canalla.
      Abs.

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