miércoles, 12 de febrero de 2014

FILM IDEAL (V y VI)

FILM IDEAL (V)

LOS QUE HICIERON FILM IDEAL

FELIX MARTIALAY


Director de Film Ideal durante los sesenta, luego propietario de la empresa. En 1958 rechazaba “Gigi” por inmoral y en 1964 consideraba a Minnelli un artista supremo. Creía que el cine eran John Ford, Raoul Walsh, Gordon Douglas, Anthony Mann y Samuel Fuller. Amaba, sobre todo, el cine de acción. Significó la tendencia más fascista de la revista aunque su ideología - cinematográfica, la otra no – fue camaleónica (hoy De Sica, mañana Ford). Sus bestias negras: la homosexualidad y el comunismo. Odiaba por tanto a Pasolini (según él “un director a quemar porque era feo, malo, comunista y marica”). Copiaba las ideas de sus colaboradores, especialmente del grupo Palá-Buceta-Villegas, exponiéndolas luego en tono lírico-guerrero. Admiración suprema por el jefe: sheriffs, alguaciles, comandantes, capitanes y jueces tuvieron  en él a un comprensivo defensor. Censor del ejercito, desempeño un triste papel lanzando la voz de alarma ante “Canciones para después de una guerra”, lo que costó durante años el silenciamiento de la película de Patino. Elaboró teorías a cual más ridícula sobre sus directores favoritos. (“la cuarta posibilidad de Mann”, 7 hurras por Raoul Walsh”, etc). Un fósil franquista que escribía tambien en “El Alcazar”.

JUAN COBOS


La promesa de la primera época de la revista de la que desapareció, poco a poco, hacia 1962. Gran admirador del cine norteamericano (USA) al que consideraba “el cine puro” frente a tanta contaminación (no sabía lo que le deparaba el futuro). Tenía un estilo ingenuo y sencillo y carecía de capacidad analítica. Llamó la atención por ser de los primeros en chupar rueda del célebre número de “Cahiers du Cinéma” dedicado al cine estadounidense. Luego desarrolló una tímida carrera de guionista coronada por verdaderos fracasos. Fue la eterna esperanza frustrada. Se casó y su foto de boda salió en Film Ideal junto a las luminarias de la época. El pie de la misma decía: “se casó nuestro querido benjamín”…..Llegó a ser ayudante de dirección de Orson Welles en “Campanadas a medianoche”, lo que debió significar para él su único sueño realizado.

MIGUEL RUBIO


Uno de los factótums hasta 1964. Gran admirador de Hitchcock era el que hacía las críticas de los films del “gordo inglés”. Tenía cierto regusto en mostrarse un poco intelectual y elaboraba teorías “a medias” con François Truffaut y Eric Rohmer. Detestaba a Visconti con un odio tan racial y visceral como Martialay a Pasolini. Llamaba esclavos a los seguidores de Luchino y amantes del cine a los de sir Alfred. Tenía un estilo algo enrevesado pero detectable yéndose por los cerros de Ubeda cuando le daba por ser original. Despues, y al igual que Cobos aunque con más regularidad, fue un guionista de notable falta de talento y éxito. Fue crítico de cine de “Diario 16” adonde llevaba los viejos vicios del filmidealismo.

MARCELO ARROITA JAUREGUI

Una especie de Martialay pero intelectualizado. Era poeta y cantaba a John Ford y Howard Hawks. A destacar un inenarrable poema a “Falso culpable” y otro no mejor a Raoul Walsh. Tormento de amantes de la lírica, ocupó, naturalmente, un puesto en la Junta de Censura. Odiaba el cine europeo, particularmente el español salvo Pedro Lazaga y Jesús Franco. Temía la contaminación de la inteligencia más que a la peste. Actor, casi siempre en papeles de malo, en numerosas películas. Adornaba sus escritos con un innombrable sentido del humor.

JULIO MARTINEZ

El europeísta. Gracias a él Film Ideal se enteró de que existían el cine italiano, el inglés y el francés, excepción hecha de la nouvelle vague. Se esforzó en demostrar que ver “Vida difícil” (la obra cumbre de Dino Risi) o “La escapada” (igualmente excelente) no debía llevar consigo la excomunión. Escritor fácil y serio, juzgaba el cine un tanto trasnochadamente. Hijo del gusto por el neorrealismo parecía un bicho raro entre tantos pro americanos.

Luis Betrán


FILM IDEAL VI


LOS QUE HICIERON FILM IDEAL (2)

JOSE MARÍA PALÁ, RICARDO BUCETA, MARCELINO VILLEGAS

Fueron la nota exótica y acaso la aportación más demencial que se ha dado en la crítica cinematográfica española. Escribieron teorías enrevesadas y probablemente vacías, pero algo quedó de aquél enjambre apologético de desiertos, costas y nubes. Pretendieron encontrar el sentido telúrico del cine en las más infames series Z, Llevaron el tópico  a categoría de rito. Hicieron que el silencio fuera más elocuente que la palabra y la acción el ente supremo. El vestuario empolvado y la suciedad hacían comunicarse a sus héroes con la naturaleza. Hablaban del volumen de los cuerpos, de la pastosidad de la puesta en escena y creían que el Panavision devolvía la rústica realidad del cine arrebatada por los trucos  fotográficos anteriores. Eran optimistas hasta el arrebato, basándose en que los nuevos hallazgos técnicos de entonces contribuirían a que el cine recuperara una verdad primaria. Que en algunas ocasiones, años ha, había tenido. Sus preferencias pasaban por un pintoresco territorio que alcanzaba al film americano de serie de la B a la Z, el spaghetti western, el peplum del que fueron cantores incansables y el giallo. Adoraban que el actor interpretase mediante la concreción del volumen que ocupase en el decorado y el resto era silencio. Sin noticias sobre su actual paradero.

JOSÉ MARÍA CARREÑO

Escribió dentro de un estilo serio y consciente de que realizaba una labor didáctica. Le gustaba el mismo cine que a Martialay, pero sus análisis superaron la anécdota bélica de aquél y no edificó ninguna teoría que hiciera reir a la vuelta de la esquina. Sesudo y poco lírico, podía leerse porque escribía claro, pero verdaderamente nunca enseñó deleitando. Continuó en Fotogramas manteniendo idéntica actitud y siendo absolutamente fiel al filmidealismo.

RAMON TERENCI MOIX


La personalidad más brillante que tuvo Film Ideal. Apareció en un número de diciembre de 1963, casi exclusivamente dedicado a la “Cleopatra” de Manckiewicz, descolgándose con un divertidísimo estudio sobre esta película y rematando la faena con una arbitraria clasificación de las maravillas del mundo entre las que, ¡mira por donde!, figuraba tan singular film. Moix venía de Londres y aparte de talento y originalidad para la escritura, tenía la ventaja de haber visto más cine que nadie en la revista, por lo que era el único que se hallaba en condiciones de amar a los mitos o despreciar la obra clásica que le viniese en gana ya que para ello él si que las había visto. Sus aportaciones al cine de terror, a las connotaciones del cine con la literatura (otra ventaja de Moix en un país semianalfabeto, él había leído), ¿qué podía oponer a esto Martialay?, ¿Qué podía oponer el militar franquista al análisis del cine popular que ha quedado entre las mejores páginas de Film Ideal?. De estilo brillante y barroco, lleno de repeticiones y búsquedas de un lirismo distanciado que a veces le hacía confuso. Patentó términos que luego no explotó debidamente, como su fulgurante texto sobre el pop-cinema, procuró siempre apartarse del maniqueísmo izquierda-derecha explorando una relación dialéctica entre la obra y la propia historia del cine, entendiendo ésta no como algo abstracto sino como la relación industria-público que satisface necesidades colectivas. Su prosa anunciaba una “gauche divine” que luego no fructificó en otros campos. Adorador de mitos a todos los niveles, trató de disimular el carácter onírico de su visión del cine con las teorías realistas, pero la praxis no era su fuerte y la naturaleza del cine que amaba pasaba por la cabellera de Rita Hayworth y escasamente por los problemas sociales, aunque con mala conciencia a veces quisiera hacer ver lo contrario. Ha seguido una discutiblee evolución como novelista y adaptador de obras literarias, pero sus últimos escritos sobre cine (en Fotogramas) son pálidas copias de sí mismo, carentes de la fuerza vital de los de la década anterior. Nunca fue un filmidealista auténtico pero sus textos son seguramente los que mejor se conservan de unas páginas cada vez más amarillas. Muchos años más tarde de su periplo por Film Ideal y Fotogramas sorprendió con una excelente Historia del Cine en fascículos que publicó el diario ABC, adornada con unas extraordinarias fotografías. Su prematuro fallecimiento fue muy sentido por la cinefilia española. Más, probablemente, que por los amantes de las buenas novelas. Inolvidable.

MANOLO MARINERO


Sus intenciones iban por delante de sus posibilidades. Buscaba un estilo que se apoyaba en el cine únicamente para desarrollar sus ambiciones poéticas – algo frecuente en Film Ideal y aplicable tambien, por ejemplo, a VICENTE MOLINA-FOIX y en menor medida a JOSÉ MARÍA LATORRE – y que solo se tradujo en resultados positivos no en él sino en PERE GIMFERRER asimismo colaborador de la revista. Desgraciadamente Marinero y sus artículos se quedaron en frustradas intenciones. Explotó el lado del lirismo mítico al estilo de Moix, solo que nunca pasó de ahí. Adecuado para los films de John Huston, la serie negra y, en general, el cine con personajes malditos y marginados. Era a la crítica lo que Jean-Pierre Melville al cine. A distinguir su texto “Las joyas del op.art” dedicado al cine de aventuras y agudos comentarios sobre el “Rififí” de Jules Dassin. Fue acaso el único escritor interesante en el Film Ideal de la última época, a punto ya de desaparecer. Amigo de Víctor Erice, su figura está en vías de reivindicación.

JOSE LUIS GUARNER


En esta lista “the last but not the least” según repite con frecuencia en sus textos. Ya escribía en Film Ideal en 1961, estando muy cerca de los que podríamos llamar puntos programáticos de la revista aunque siempre gustó de aparecer como independiente. Esta independencia consistió  en un distanciamiento elitista basado en que Guarner sabía más cosas que los demás – excepto Moix – y como con el paso del tiempo fue aprendiendo otras muchas es fácil suponer que ese elitismo se agudizó, terminando por llevarle a una torre de marfil de la que nunca se bajó hasta su muerte, y viviendo tan ricamente  impartiendo bendiciones y maldiciones. Rara vez inteligibles para el pueblo llano ya que Guarner a veces pareció escribir en un dialecto, propio de sabios y doctores, pero cuyas claves no están a la vista. Como los buenos cahieristas hizo de la boutade un arma de trabajo y del inconformismo con respecto a la valoración de films, el leit-motiv de sus escritos. Gustaba de alterar los valores al uso pero acabó siendo tan convencional como los tradicionalistas. Luchó por Nicholas Ray y se recuerdan sus esfuerzos por explicar la diferencia entre los motivos de la violencia en “La verdadera historia de Jesse James” y “Cazador de forajidos”. Luego, desde Fotogramas (tras fugacísimo paso por Nuestro Cine), trató de ponerse al día alabando el cine de la modernidad pero su fuerte es el cine clásico americano. A recordar para siempre sus textos sobre el cine visto en televisión, cargados de un formidable sentido del humor que le permite camuflarse una vez transformado en cinismo. Autor de varios libros sobre cine, profeta de Rossellini a quién dedico más de una hora de su vida, amigo de Cabrera Infante. Enfin,  uno de los mejores críticos de cine que ha conocido éste país, poseedor de un estilo brillante apoyado en una fraseología de fuegos de artificio que acaban escondiendo siempre una última y amarga verdad. Muy probable un intelectual desplazado. A leer con humor y placer. Realmente único.

Luis Betrán

miércoles, 5 de febrero de 2014

OBITUARIOS IMPRESCINDIBLES

MIKLOS JANCSÓ


Su nombre va unido en mi memoria al inolvidable Cine-Club Saracosta y al imprescindible Alberto Sánchez – y bien que  ha notado su ausencia la cinefilia aragonesa - , dado que allí, en el C.M.U. Lasalle, fue cuando hice mis deberes con este gran cineasta húngaro quizá uno de los tres pilares fundamentales del cine de ese país desde el advenimiento del sonoro (los otros serían Zoltan Fabri y Bela Tarr). No he leído en ningún medio la noticia alguna de su fallecimiento, ni mucho menos texto sobre su obra. Normal, era húngaro (¡ay! si hubiese nacido en Wisconsin), estaba demasiado olvidado y apenas recuerdo que en éste desdichado país – el nuestro – se estrenase película alguna suya en una sala de estreno. Sí en Filmotecas y circuitos alternativos como el mencionado cine-club. Alberto tenía debilidad por las cinematografías del este de Europa – Polonia, la antigua Checoslovaquia, la escindida Yugoeslavia…..y Hungría - y entre sus directores de cabecera figuró Miklos Jancsó. Alli vimos, los que estamos frisando la setentena,  “Los sin esperanza” (1965), “Silencio y grito” (1968), “Siroco de invierno” (1969)…... Su gran obra maestra, “Rojos y blancos” (1968),   la vi en Paris. El resto – no conozco film alguno posterior a 1990 – acá, allá y acullá. Facturó películas también en Italia, pero su tema fue Hungría y su historia. Bela Tarr dijo de él que le admiraba sin reservas. El gran maestro griego Theo Angelopoulos, en el Festival de Huesca, que no, que no habían  influido en su cine sus larguísimos planos-secuencia, pero que le consideraba un eximio realizador y un gran amigo personal. Tenía razón, porque el autor de “Eleni” y tantas obras maestras utilizaba suntuosos planos-secuencia, pero no a la manera de Jancsó. “Rojos y blancos” consta tan solo de doce planos. Angelopoulos se quedó en límites más cortos, aunque él también narrase la Historia reciente de Grecia.


En sus películas en blanco y negro podía resultar ciertamente tedioso – “Silencio y grito” o “Siroco de invierno” – y sus films italianos no tuvieron demasiado interés. En la revista “Nuestro Cine” le adoraban, en Film Ideal le ignoraron. Poco a poco fue evolucionando a una suerte de ritual en el que no estaban ausentes ni el color, ni las coreografías ni las canciones. “Salmo rojo” (1971) y “Szerelmen Elektra” (1974) fueron maravillosas, más la crítica y los festivales ya le eran adversos. Pensaban, erróneamente, que frivolizaba innecesariamente su eterna “Rapsodia húngara”, justamente el título del que ya solo pudo filmar la primera parte – allegro barbaro – en 1978. Hoy, Miklos Jancsó probablemente será poco homenajeado en las revistas clónicas de “Cahiers du Cinéma”. Quizás lo sea en la francesa “Positif”. Y ello, de cumplirse, manifestará una supina ignorancia por un gran cine de otrora y un autor decididamente importante.

EDOARDO COUTINHO


Su muerte, acuchillado por su propio hijo, parece evocar el “novo cinema” de los Glauber Rocha, Ruy Guerra, Roberto Farias, Carlos Diegues….muy dados a terminar sus films por las bravas. Pero no, Coutinho nada tenía que ver con ellos. Ni con el exótico Julio Bressane, ni con el llamado “cine de la retomada”. El fue un documentalista y en el instante de su atroz deceso era uno de los mejores del mundo. Ignorado en España, salvo en Festivales primordialmente consagrados al documental. Su filmografía comenzó en 1968 con “O homen que comprou o mundo” y finalizó en 2011 con la formidable “As cançoes”. 


Esta película y las otras que de él he visto – “Cabra marcado para morrer” (1985), “Boca de lixo” (1993), “Edificio master” (2002) y “Jogo de cena” (2007) – certifican con sobresaliente la calidad no ya de un documentalista sino de un gran cineasta sin adjetivos. Probablemente este magnífico director brasileño también tuvo su lejano – en el tiempo – referente en el inmenso Humberto Mauro y el excelente Nelson Pereira do Santos de “Rio, zona norte” (1958) o “Rio 40 graus” (1955). Yo no lo creo. Coutinho no se parecía a nadie en el país de Guimaraes Rosa y Caetano Veloso. Solo a él mismo. No será extraño que se le catalogue de posmoderno observacional. Es el metalenguaje de nuestros días aplicado al Arte. Con perdón, una solemne tontería. Que me la expliquen.

PHILIP SEYMOUR HOFFMAN


Podía reír pero evitaba las carcajadas, sollozar pero nunca gimotear, siempre austero en su histrionismo, parco en cualquier aspecto de exhibicionismo. Poseía una profunda voz de barítono y articulaba el inglés como si hubiese interpretado a Shakespeare en el Old Vic. Con motivo del estreno de “El lobo de Wall Street”, escribí que Leonardo di Caprio tal vez era el mejor actor estadounidense. Fui injusto, no lo era. Ahora quizá sí. Porque ha muerto el gordo,  y en circunstancias de crónica de negra. No, no era el Gordo de Minnesota. Era Philip Seymour Hoffman y a ese nadie le quitaba el puesto de nº 1 de Hollywood. Su físico le hubiese negado el acceso al estrellato, paro nadie emocionaba, entristecía, divertía, conmovía como él. Demasiadas películas en tan solo 45 años de vida. 


Demasiado en todo. “Too much, too soon”, como el penúltimo film que interpretó un ya destrozado Errol Flynn dando vida al dipsómano más contumaz de la fábrica de sueños: John Barrymore. En unos años, no muchos, se perpetrará un ignominioso biopic sobre este ACTOR extraordinario, y algún actorcillo de tres al cuarto comerá y comerá para asemejarse lo más posible al finado. No hubo una sola película en la que me decepcionará. P.S.H. estaba bien, muy bien o genial. Si acaso algo despistado en las  marcianadas de Paul Thomas Anderson: “Punch drunk love” (horrible), “Magnolia” (llovían ranas en vez de planchar conejos, ¡oh, que virulento el surrealismo yanqui!), “The master”, enfrentado a otro – Joaquim Phoenix – que tampoco sabía muy bien a quién coño interpretaba. Le dieron el oscar por su excelente mimetización de Truman Capote, pero a mi donde me arrebata este grandísimo de la actuación – y de los pinchazos – es en el desgraciado de la formidable “Antes que el diablo sepa que has muerto” o en el cura pedófilo de la inquietante “La duda”. Le vimos por última vez, dando vida a un segundo violinista algo envidiosillo en un Cuarteto de Cuerda que las pasaba canutas – como todos – al acometer el Opus 132 de Ludwig Van Beethoven. Como dijo John Huston en el funeral de Bogart “no debemos llorar por él sino por nosotros que le hemos perdido”. Lo demás a las redes sociales y al telecinquismo casposo que recorre los hemisferios y paralelos, de “El Mundo” a “Vanity fair”.

PETE SEEGER


¡¡Qué bonita bandera, que bonita bandera, que bonita bandera es la bandera portorriqueña!!. Así y esto cantó Pete Seeger en San Juan, cuando todavía en esa isla del Caribe había grupos opositores al Estado Libre Asociado de U.S.A. En Barleona cantó el “Ay Carmela·” de las tropas republicanas. En Zaragoza no cantó nunca. En la España franquista solo en Catalunya e invitado por su amigo, el valenciano Raimon. En mi juventud le escuchábamos o, más bien, le descubríamos a la par que a Woody Guthrie, Cisco Houston, The Weawers, Leadbelly….y pronto muy pronto Bob Dylan, Johnny Cash, Peter&Paul&Mary, Joan Baez, Buffy St. Marie, Julie Felix (¿Qué habrá sido de ella?), Judy Collins…Y no nos gustaba aunque comprábamos vinilos de rasposo sonido provenientes de sus grabaciones para Folkways Records. Decíamos que tenía “voz de cabra”. Éramos terriblemente injustos….porque esa voz nasal era más llevadera que la del gran Woody Guthrie. Mis recuerdos van ligados a una entrevista que Jaime Gaspar Auría (profesor mío de Historia del Arte y que luego llegaría ser el primer Vicepresidente, por el P.S.O.E., de la Comunidad Autónoma de Aragón) y servidor hiscimos. Sucedió que el que cantaba en el Teatro Principal (imposible recordar la fecha, pero fue antes, bastante antes, de la celebradísima muerte del “Generalísimo”) no era el norteamericano Seeger sino el sudamericano Atahualpa Yupanqui. El gran poeta y cantautor argentino ofreció un recital en el que lo que más me impactó fue una canción llamada “Meta bala”. A su conclusión, Jaime Gaspar y yo que escuchamos el concierto juntos nos dirigimos (el profesor no tenía la desventaja de la timidez) al camerino de don Atahualpa y le hicimos una breve entrevista para una pequeña revista de la Universidad. Una pregunta fue: ¿Qué piensa usted de Pete Seeger, le conoce?, a lo que Yupanqui respondió: claro que sí, es un extraordinario y viejo luchador, le admiro profundamente, no hay persona más valiente que él en los amos del Norte. 


Progresivamente fui sabiendo de su vida, de sus mil batallas libradas defendiendo la libertad, de sus años de militancia en el Partido Comunista Americano. Y le pude ver actuando en directo aunque, naturalmente, gracias a la televisión. Compré más discos suyos y ya me entregué a su música, su voz y su mensaje sin cortapisa alguna. “Were have all the flowers gone” fue/es la canción más bella que se compusiera contra la Guerra de Vietnam. Por supuesto, conservo los LPS, tengo CDS y hay uno del que se ha hablado poco o nada en estas fechas de su muerte que es el más que gusta y el más preclaro ejemplar de la “canción de protesta”. La grabación – ahora para CBS y estéreo – es muy buena y Pete Seeger no se acompaña en ningún tema con el banjo sino que lo hace con guitarra acústica e incluso escueto respaldo orquestal. Allí está la impresionante “Last train to Nuremberg” (¡¡todos a bordo!!), “Who killed Norma Jean” (Marilyn, claro), “Uncle Ho” (divertido y serio a la vez homenaje a Ho-Chi-Minh)……


Tampoco he leído u oído en medio alguno que Pete Seeger intervino en una película. Pues sí, lo hizo. Fue en una breve secuencia de la malhadada, y olvidada, “Alice’s Restaurant” (1969), de Arthur Penn cuando este cineasta era el más progre de Hollywood. Allí, el gran folksinger irrumpía en una habitación de hospital en la que, es un suponer, agonizaba Woody Guthrie y le cantaba un fragmento de una de sus canciones. La muerte de este  hombre “imprescindible” - los hay que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles (Bertold Brecht) – es la muerte del último rojo de EE.UU, del único izquierdista incorruptible que restaba en el orwelliano Gran Hermano. Me jode que alguien como Bruce Springsteen se apuntase tardíamente a homenajearle.. Ël, “Born in the U.S.A.” Al igual que con Philip Seymour Hoffman será más que probable una biopic de Pete Seeger. ¿Quién la dirigirá?, ¿Quién la protagonizará?. Sorpresa, porque en el Hollywood de los bloquebusteres a lo más que se llega es a “liberales” votantes de Obama.

Luis Betrán

FILM IDEAL III

FILM IDEAL III

Por otra parte las críticas de Film Ideal no formaron en entramado coherente, aunque existieron siempre algunos puntos de contacto que más o menos podrían definirse como:

1º) La Naturaleza imita al Arte

El cine no debe nada a la sociedad en cuyo seno cohabita, debe juzgarse con independencia y pasando por encima del contexto social.

2º) ¡Fuera mensajes!

Se decía en una página “el que quiera mensajes que vaya a la Western Union. Nótese que no se mencionaba acudir a Correos y Telégrafos.

3º) ¡Volved a la vida primitiva!


La sociedad actual tan sofisticada acaba produciendo en su seno intelectuales que propugnan su modificación. No al coche, a la dialéctica, al imperio del intelecto. Si al caballo, los puños, el revólver y el aire de las montañas.

4º) Todo crítico es un director de cine en potencia

Seguid el ejemplo de los admirados cahieristas, inventores de la nouvelle vague (lástima que el resultado de tan aconsejable práctica no pasó de la increíble filmación de “Escala en Hi-Fi”)

5º El polvo del desierto es bello como la púrpura

Una tendencia filmidealista propugnó la excelsitud de vadear ríos, atravesar desiertos, lavarse la cara con nieve y escalar montañas.

6º) La sobriedad del actor obtendrá el amor de sus seguidores

¡Viva Randolph Scott, Gary Cooper, John Wayne, etc.!, ¡Abajo Laurence Olivier y esos horribles ingleses, por no hablar de los italianos¡. El actor es una roca a subir, o un desierto a cruzar o un río a navegar. El espectador leerá su propia aventura en los músculos petrificados del actor.

7º) Los políticos manipulan el cine

Huir de los políticos y de cualquier concomitancia entre la política y el cine. Si el general Custer fue político o no jamás interesó a Film Ideal.

8º) No al neorrealismo, al surrealismo, al realismo poético o no poético o a cualquier otro ismo no americano.


Mientras Zavattini atormentaba al mundo con El techo”, Richard Thorpe filmaba “Todos los hermanos eran valientes” (frase publicada en Film Ideal que resume una postura mejor que cualquier otro comentario)

9º) La vitalidad ante todo

No al cine de qualité. Si al placer de la aventura. ¡¡Hurras por los primitivos!!

10º) Amad el cine sobre todas las cosas

Lo que creará una solidaridad internacional alimentada por Filmotecas, cadenas de Arte y Ensayo, Cine-clubs, Festivales etc. Solidaridad que no haría excesiva la frase de aquél maldito profeta arrancándola de la realidad social para aplicarla al mundo de los soñadores del cine: “¡¡Cinéfilos de todo el mundo, uníos!!”.

Luis Betrán

FILM IDEAL (IV)

Los cinco años que transcurrieron de 1960 a 1965 fueron de auténtico monopolio para Film Ideal en las esferas cercanas a cualquier postulado de los citados anteriormente. Por su izquierda Nuestro Cine copaba el terreno y junto a él, y en cierta manera heredando el espíritu eclesial de los orígenes de la revista, la flanqueó Cinestudio, compendio de los valores éticos y estéticos que la democracia cristiana española entendía entonces aplicables al cine y que llegó a posturas más profundas pero menos espectaculares que Film Ideal. La seriedad de Nuestro Cine y Cinestudio contrastó con la alegre temeridad con que Film Ideal exponía sus teorías, temeridad no exenta de fuerte sentido apostólico que les hacia portavoces de algo que ni ellos mismos comprendían, pero estaba claro habían llegado a amar no por el camino de la razón sino el de la intuición y el sueño, aunque en muchos casos las exposiciones críticas trataran de racionalizarse a través de farragosas elucubraciones.


La evolución posterior a 1965 no fue nada halagüeña para la revista y a ello contribuyeron, aparte las consabidas disensiones internas, algunas de las siguientes causas:

1º) Los redactores de Film Ideal tenían una idea fuertemente entusiasta del cine. Este entusiasmo se aplicó a los fundamentos críticos de “Cahiers du cinéma”. El objetivo de los cahieristas era hacer cine, no comentarlo, y de una forma generalizada constituyeron el núcleo de la nouvelle vague francesa. Los críticos de Film Ideal ambicionaban lo mismo pero no lo consiguieron. La falta de talento quedó patente en cuantos intentos llevaron a cabo. Su cultura fue impuesta y con una cultura impostada se pueden rellenar páginas aunque sean trufadas de metalenguaje, pero difícilmente se puede hacer cine. Creo que el ejemplo, con resultados contrarios, seguido por sus colegas de Nuestro Cine (base del “nuevo cine español” que alguna importancia si que tuvo) acabó por desanimar a los futuros Minnellis del celuloide ibérico.

2º) Pérdida de la ilusión por el cine ante la evolución del mismo a nivel mundial, justo en sentido contrario al de sus aspiraciones. No se podía ser Peter Pan por más tiempo, y al crecer el cine a asimilar se observaba que era heredero del que ellos habían despreciado. De otro modo: el cine moderno no descendía nunca de los primitivos americanos y si arrancaba – con todas las metamorfosis que se quiera – del neorrealismo a través de de sus numerosas secuelas (realismo crítico) y de otros movimientos con las que jamás Film Ideal se había identificado.

3º) Agudización de los estilos personales de cada escritor en deterioro de la homogeneidad de la revista. Las evoluciones de algunos de ellos acabaron situándoles en las antípodas de las bases programáticas iniciales. Miguel Marías, Vicente Molina Foix, Augusto Martinez Torres y hasta José Luis Guarner (el mejor, junto a Moix) dieron con sus huesos, vía oportunismo, en Nuestro Cine.

4º) La sociedad española, o mejor dicho las capas sociales que leían Film Ideal, dejaron de sentir necesidad de las propuestas filmidealistas. El grado de politización se fue incrementando. Surgieron nuevos mitos entre la juventud a los que Film Ideal ni olía. Moría Kennedy, aparecía Che Guevara en Latinoamérica, Vietnam, Bob Dylan…..¿de que forma podía conectar todo esto con el discurso de Film Ideal?.


Cierto que en un ámbito cultural más amplio Film Ideal pudo continuar llenando una parcela, pero como publicación aislada y, muy a su pesar, testimonial. Esto resultaba insuficiente para mantener el tipo frente a una sociedad a la que por momentos entendía menos. A este respecto recuérdese la la transformación de “Cahiers du Cinéma”a partir de 1965, y como en plena ceremonia de la confusión trató de hallar su última justificación histórica con su desesperada actuación en mayo del 68, que aunque la desplazó como centro de la atención mundial de la crítica cinematográfica, le sirvió para sobrevivir, aunque bien desnaturalizada desde aquellas bellas historias que contaba diez años antes y que tanto impulsaron a los futuros “cuadernistas” españoles.

Para Film Ideal es evidente que no existió un mayo equivalente, luego su continuidad dependería de sus propios supuestos y de la evolución, muy controlada, que pudieran alcanzar desde sus primitivos postulados. Ya queda señalado que su público le abandonaba y a la revista le hacían falta botas de siete leguas para seguir el paso de la moda. Su mirando hacia atrás con amor se interpretaba como anacrónico y reaccionario. Desde luego los tiempos ya no jugaban a su favor y así las cosas, tras varias apariciones y desapariciones a cual más patética y contradictoria (se perdió la guía y no se supo ya hacia donde apuntar los tiros), terminó por hacer mutis por el foro sin pena ni gloria. Porque los despistes culturales se pagan caros y Film Ideal acabó por no saber que lugar debía ocupar. Tras la diáspora aparecieron revistas más o menos influenciadas por el filmidealismo: “Griffith” ,en vida de Film Ideal, pereció casi de inmediato y años más tarde “Dirigido por” parece contar – no es muy seguro – con un puesto bajo el sol y con no mala fortuna.


Film Ideal cumplió un papel que, con todas las insuficiencias apuntadas, parece hoy insustituible al analizar el fenómeno cinematográfico en la España de los sesenta. Nadie le podrá negar que lucho a brazo partido porque se amase a Orson Welles, Jean-Luc Godard, Howard Hawks, Alfred Hitchcok, Anthony Mann, Nicholas Ray, Jean Renoir, Roberto Rossellini, Samuel Fuller, Raoul Walsh, la comedia, el musical………;de ellos salió la “metafísica del champagne”, “los peces de colores”, los rojos de Minnelli, “el gusto por la frase barroca” (y, salvo Guarner y Moix no tenían idea de quién era Guillermo Cabrera Infante)…..Quizá eso fue todo, quizá no debió haber sido todo, pero seguramente para algunos de nosotros nos pareció suficiente…..O NO..

Luis Betrán