
En mi casa, o en restaurantes, se planeaban cenas a las que Alberto siempre acudía y nos daba su habitual lección magistral sobre gastronomía y vinos. ¡¡Había que tomar una ignota marca de blanco de Santorini en el restaurante griego "Carpanta"¡¡. Y a mi domicilio venía con su habitual botella de exquisito caldo que por supuesto era lo mejor del menú, ya que yo como cocinero jamás he superado una voluntariosa mediocridad. Y después siempre llegaba no solo la hora de los recuerdos en la sobremesa, sino también temas actuales de cine, política, literatura... porque Alberto podía echar su cuarto a espadas en lo que fuere.
Recuerdo, eso sí, las películas con las que nos obsequiaba en el Saracosta (La Salle) o en el Gandaya. Películas jamás vistas en Zaragoza y en versión original subtitulada. Tenía marcada preferencia por el cine del Este europeo de los sesenta. Películas de Andrzej Wajda, Jerzy Kawalerowicz, Andrzej Munk, Wojciech Has (polacos), Miklós Jancsó, István Szabó, Károly Makk, Zoltán Fábri (húngaros), Evald Schorm, Milos Forman, Jan Nemec, Karel Kachyna (checos). Pero tambien Luis Buñuel, Emilio Fernández, Francesco Rosi... No terminaría nunca. De vez en cuando se jugaba el tipo con proyecciones "clandestinas" de Viridiana o El acorazado Potemkin.
¿Y que más?. Una inagotable capacidad para ser, como le han denominado, el "agitador cultural" de Zaragoza por excelencia. Un lujo su persona, un flujo que no tenía fin su cultura. La pérdida de Alberto para Zaragoza, Aragón y España entera es de proporciones inconmensurables. Y para mí, cuanto dolor ahora y para el resto de mis días. La vida de Alberto fue corta pero plena y me voy a permitir cerrar este escrito con unos textos que creo adecuados a mi sentir y al de otros muchos.
"No tenemos que sentir pesar por él; solo por nosotros que le hemos perdido. El es completamente irreemplazable. Nunca habrá otro igual."
Palabras con las que finalizó John Huston su discurso en el funeral de Humphrey Bogart
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas
compañero del alma, compañero.
Versos finales de la "Elegía a Ramón Sijé", de Miguel Hernández.
Nota: La foto pertenece al homenaje que el Festival de Fuentes de Ebro le dedicó, junto a su hermano Julio, en noviembre de 2008.