miércoles, 15 de octubre de 2014

TEXTOS DE URGENCIAS Y AJENOS (2)

JOSE ANTONIO ZARZALEJOS (EL CONFIDENCIAL)


No hay lecturas. En determinadas circunstancias sólo hay relecturas. Por esa razón he regresado al nunca olvidado texto de Ernest Renan titulado ¿Qué es una nación?, una conferencia pronunciada en la Universidad de la Sorbona el 11 de marzo de 1882. Decía el francés entonces que “el hombre no es esclavo ni de la raza, ni de su lengua, ni de su religión, ni del curso de los ríos, ni de la dirección de las cadenas montañosas. Una gran agregación de hombres, sana de espíritu y cálida de corazón, crea una conciencia moral que se llama nación. Mientras esa conciencia moral demuestre tener fuerza por los sacrificios que exige la abdicación del individuo en beneficio de la comunidad, la nación será legítima, tendrá derecho a existir”. La conciencia moral de España está siendo humillada y, por lo mismo, su autoestima, destruida. No hay un acontecimiento concreto que deslinde el deterioro general del saqueo de la Nación y del Estado. Se trata más bien de una yuxtaposición abochornante y éticamente repulsiva de hechos y situaciones que demuestran que lejos de producirse “la abdicación del individuo en beneficio de la comunidad”, son aquellos los que subordinan al conjunto para mantener y acrecentar sus propios intereses y medros. Seguramente estamos viviendo un proceso similar al que ocurre cuando la bajamar descubre los residuos que han devorado las aguas y los expone como despojos a la vista obscena de todos. O sea, esto viene de lejos.


Viene de lejos el secesionismo catalán que amenaza con la insurrección y también de muy lejos la incomparecencia del Gobierno de España -con Zapatero, pero igualmente con Rajoy- en el debate político catalán que ha ensanchado el independentismo. Viene de lejos la endogamia de los partidos y los sindicatos que han ido colocando sus peones en el sistema quebrado de Cajas de Ahorro para una función doblemente depredadora, a favor de los individuos y de las organizaciones que representaban. Viene de lejos la repugnante hipocresía de gentes de izquierda -¿Qué decir ante la fortuna de Fernández Villa, icono del sindicalismo más duro como el asturiano?- y de derechas -¿Qué decir de los Blesa, Rato, Recarte, Iranzo y tantos otros que abrevaban de la misma cuenta que sus adversarios ideológicos?-.Y viene de lejos la ajenidad de grandes empresarios y de los intelectuales ante esta humillación colectiva a una Nación en la que es compatible más de un 25% de desempleo con más del 20% de economía sumergida. Viene de lejos, en fin, esa despótica, prepotente e insoportable actitud de mantenerse en el cargo o en la sinecura a despecho de conductas indignas que tanto irritan como sobrecogen cuando se sabe en qué y cómo se gastó el dinero, sin control fiscal, de entidades que han sido rescatadas a costa del contribuyente.


Humillar la conciencia moral de una Nación en el sentido en que Renan la entendió -más allá de lenguas, fronteras y religiones- es tratar de destruirla y obligarla a que se resigne -la resignación es un suicidio cotidiano, escribió Honoré de Balzac-, a que muerda el polvo, a que se allane a la prepotencia de una clase dirigente que se chancea de la ejemplaridad o de la elección sin dación de cuentas como únicas fuentes de una legitimidad cada vez más marchita y agostada. Robar a un colectivo nacional su autoestima, esa conciencia de solidaridad en el sacrificio, es una conducta temeraria porque los pueblos son como los animales heridos: más peligrosos cuando más perdidos se sienten. Y así están los españoles, heridos y humillados, aunque muchos los suponen (y es dudoso que lo estén) también resignados.La ministra de Sanidad demostró desconocer cómo dirigir una rueda de prensa y volvió a acreditar que ocupa el cargo, no por sus méritos, sino por lealtad al presidente del Gobierno y el apoyo que le ha profesado en épocas anteriores.


En este panorama moralmente desolador se ha incrustado el contagio del ébola de una auxiliar de enfermería y la consiguiente crisis sanitaria y política. Aunque este episodio gravísimo tenga que ver con errores y fallos incompetentes -sean de quienes sean-, ha demostrado otro fleco del despotismo y la irresponsabilidad con los que se conduce nuestro país: la ministra de Sanidad -cuya dimisión ni es precisa, ni urgente, ni siquiera conveniente en estas circunstancias dada su irrelevancia- demostró desconocer cómo dirigir una rueda de prensa y volvió a acreditar que ocupa el cargo, no por sus méritos, sino por lealtad al presidente del Gobierno y el apoyo que le ha profesado en épocas anteriores. Por no hablar de la ofensa colectiva que supone tener al frente de la consejería del ramo de la comunidad de Madrid a ese personaje que bordea lo siniestro y que se llama Javier Rodríguez.


Llega ya tarde para evitar el irreversible despilfarro de credibilidad del Gobierno encomendar a la vicepresidenta para todo un Comité especial asesorado por técnicos. Y llega tarde también la visita de Rajoy al Carlos III tratando de perpetrar un golpe de efecto que fue ayer puro humo. No se humilla a una Nación sólo saqueándola, sino también -y a veces, sobre todo- entregando dolosamente responsabilidades de gobierno y de gestión pública a personas que jamás podrían desempeñarlas con un mínimo de competencia o de sensibilidad. Renán dejó dicho que una Nación “es un alma, un principio espiritual”. Pues bien: golpear una y otra vez sobre ese patrimonio intangible nos lleva a la advertencia del clásico autor francés: “Las naciones no son algo eterno” porque su existencia exige “un plebiscito cotidiano, al igual que la existencia del individuo es una afirmación perpetua de la vida”. Mañana, doce de octubre, será la fiesta en el calendario de una Nación humillada, sin plebiscito cotidiano de seguir siéndolo si quienes deben dirigirla son los que ahora lo hacen. Son ellos la manzana de discordia, los agentes de la humillación. Y no es cuestión de ideologías. Lo es, pura y simplemente, de probidad y de competencia.


Pdta: El responsable de este blog hace suyas todas estas palabras

Luis Betrán

Antonio Burgos (Sevilla, 1943)  es uno de los primeros articulistas españoles. En el sentido jerárquico, por su estilo propio y su indiscutible maestría, avalada por premios como el Mariano de Cavia, el Pemán o el Larra; y en el sentido cronológico, por su condición de pionero en diversos géneros. Es también, desde su inicio como periodista hace más de 30 años, una de las voces más significadas en la defensa de Andalucía, cuya cultura, tradición y significado histórico han presidido su extensa obra periodística y literaria.

TEXTOS AJENOS DE URGENCIA (1)

A Pedro Sánchez, Felipe González, El País y el P.S.O.E. de Aragón que parece estar pringao tanto como el de Andalucía.

ROJA Y DECENTE
Por Antonio Burgos
Copla a la manera de Rafael de León con lo de "pero cristiana y decente" en su "Carmen de España" que cantaba Carmen Sevilla. Me la ha recordado el cante que ha dado Susana Díaz, yendo de moño honrado en la Junta del Mangazo, digo, de Andalucía:

De las de peina y volantes
muy pocas vamos quedando,
porque otros vientos soplan,
y eso que en "Se llama copla"
bien que la estamos mimando.
Como nacida en la Cava
aunque se fue Rubalcaba,
en el PSOE mando yo
aunque dé la cara un guapo,
servidora no entra al trapo:
¡la corrupción se acabó!
En honor a mis votantes
servidora es la que acaba
con trincones y mangantes.
Que yo no me chupo el dedo
porque a mí un dedo me puso,
lo pueden imaginar:
que un buen dedazo supuso
cuando me puso Griñán
sin pasar por un congreso,
sin pasar por las primarias...
que son cosas secundarias,
¡que lo importante es mandar!

Eso pasa aquí en Sevilla,
pasa en las mejores casas,
en el PSOE y el PP...
Y ahora se lo diré
porque quincándolo estoy:
porque a Moreno Bonilla
el dedazo de Rajoy
también lo puso, ¿no es guasa?
Se acabó lo que se daba,
que el puente de mi Triana
me repite esta coplilla
porque a mí me da la gana...


ESTRIBILLO
Por culpa de los mangazos
que dieron antiguamente
ando en boca de la gente,
pero yo no le hago caso.
Quieren que el toro me coja...
Y les juro que aunque roja,
yo soy roja y soy decente.
Las lenguas de doble filo
me tienen al mundo en vilo,
entre mangazo y mangazo,
Ay, madre, qué sustos paso:
que si Chaves, que Griñán...
Que si luego viene Ojeda
y con el manso se queda:
se queda con lo que haya
que quedarse, es natural.
Y viene la juez Alaya,
y va y se pone a imputar
a siete mil consejeros
por desviar el dinero
que era de los parados.
Yo no tengo ná que ver...
Calumnias que han levantado
la caverna y el PP...
Porque yo de sobra sé
que no hay gente más honrada..
Y el que la hace, la paga...
¡Buena paga a fin de mes!
¡La manteca colorada!
Y como arrea Podemos
lo que tiene que arrear,
el puente de mi Triana
me repite este cantar...


ESTRIBILLO
Por culpa de los mangazos
que dieron antiguamente
ando en boca de la gente,
pero yo no le hago caso.
Quieren que el toro me coja...
Y les juro que aunque roja,
yo soy roja y soy decente
Soy Susana de Triana.
Susana de Andalucía.
La Susana más bravía.
La poderosa Susana.
Soy la única sultana
del cortijo-califato.
La reina del aparato.
La jefa del Comité.
Soy la que con un carné
se encaramó al estrellato.
Soy Susana-talismán.
La que custodia las llaves
que un día Manolo Chaves
le entregó a Pepe Griñán.
Soy la heredera del clan.
Soy la flor y soy la nata.
Tengo un duende que arrebata,
en el mitin y el tablao.
Soy quien parte el bacalao
de la partida sociata.
Me asquea la corrupción.
Os juro que me da grima.
Me la quitaré de encima
con mi brillante gestión.
¿Y cómo lo haré? ¡Chitón!
Dejad que yo los persuada
de que somos gente honrada.
¡Nadie levante la liebre!
Sigamos con el pesebre,
porque aquí no ha pasado ná.
Y si me dicen, les digo.
Y si me acusan, respondo.
Si me buscan, no me escondo.
Y si me hostigan, hostigo.
Y yo sigo porque sigo.
¡Más erguida que una vara!
Con Canal Sur, que me ampara,
ya convenceré a la gente
de que soy roja y decente…
¿O no se me ve en la cara?

Pdta. El responsable de este blog se divierte con estas coplillas a una bruja impresentable y no duda en mandar a la mierda al P.S.O.E. y a su órgano de propaganda el diario “El País”.

Luis Betrán

miércoles, 8 de octubre de 2014

DOSSIER INSULA (VIII – FINAL)

ENTRE ESPAÑA E ITALIA
AÑOS  60 y 70

ESPAÑA.- Situación política


“Recuerden los españoles -dijo el Caudillo- que a cada pueblo le rondan siempre sus demonios familiares, que son diferentes para cada uno. Los de España se llaman: espíritu anárquico, crítica negativa, insolidaridad entre los hombres, extremismo y enemistad mutua” (Francisco Franco). XXX Aniversario del Alzamiento. Ley Orgánica del Estado. Todo va a quedar definitivamente “atado y bien atado”. En España esto de votar se vive febrilmente los dos últimos meses del año, tras el discurso de Franco ante las Cortes en sesión extraordinaria del 12 de Noviembre de 1966. Cartelones enormes de VOTA SI ante el Referéndum “democrático”. En lo que respecta al cine, auge y esplendor de los cineclubs, aparición de las salas de arte y ensayo y  acercamiento entusiasta al cine de autor europeo, que para algunos entrará a formar parte definitiva de nuestras vidas. Estrenos, reposiciones, atisbos de la futura gran Filmoteca-TVE. En última instancia, todo se puede compaginar, porque todo configura nuestra identidad. La de un importante sector de la juventud española de los 60: el cine prohibido y el no votar. A los 25 años de su realización se estrena “la mejor película de la historia del cine”: “Ciudadano Kane” (1941) de Orson Welles. Luis Buñuel en 1966. Casi de tapadillo y sin éxito alguno, se estrena “Los olvidados” (1949), una de las dos películas (1) hoy consideradas Patrimonio Artístico de la Humanidad. De otra parte el que se denominará “Nuevo cine español” comienza a hacer su aparición: Manuel Sumers, Carlos Saura, Miguel Picazo, Angelino Fons, Mario Camus, Julio Diamante…Sin calor popular se despide el Bardem importante (para siempre) con la notable ”Nunca pasa nada”. Llega a España Marco Ferreri, y con guiones de Rafael Azcona – escritor recientemente fallecido, que asimismo colaborará en las dos mejores y más radicales películas de Luis García Berlanga: “Plácido” y “El verdugo” y con el primer y más comprometido Carlos Saura – llevará a cabo sucesivamente las corrosivas  “El pisito” y “El cochecito”. Fernando Fernán Gómez rodará en esos años las dos mejores películas de su faceta de director: la esperpéntica “El extraño viaje” y la extraordinaria y durísima “El mundo sigue”,  y el inmortal don Luis de Calanda remata de cabeza y marca el más extraordinario gol a la censura franquista con “Viridiana”, muy posiblemente la mejor película de la historia del cine español hasta nuestros días. Repetirá la jugada en la menos llamativa pero igualmente excelente “Tristana”.  El 20 de Noviembre de 1975 muere, tras larguísima agonía,  el tirano.

El Nuevo Cine Español  


De 1959 data el primer largometraje de Carlos Saura, “Los golfos”, todavía con resabios neorrealistas. Pero la medida exacta de su talento nos la dará en “La caza”, con la cual abre un camino inédito al cine español: la autenticidad. Se trata de una obra violenta, cruel, revulsiva en la que una desenfadada y deportiva caza al conejo se convierte en una despiadada caza al hombre. Con ella el director oscense exorcizará cotidianos demonios del franquismo. Línea que continuará con “El jardín de las delicias” (1970), Ana y los lobos” (1972) y “La prima Angélica” (1973). Fue la revista “Nuestro Cine” la que otorgó el nombre a un cine heterogéneo pero evidentemente rupturista, en el que Buñuel era una referencia, el guionista Rafael Azcona otra (colaboró con Saura en las películas citadas) y los escritores noventayochistas la tercera. Así Miguel Picazo llevará al cine la “nívola” de Unamuno “La tía Tula” (1964) con excelentes resultados. Angelino Fons hará lo mismo con “La busca” (1966) de Pío Baroja con peor fortuna. Mario Camus, por el contrario recurrirá al narrador “realista” prematuramente fallecido Ignacio Aldecoa en “Young Sánchez” (1963) y “Con el viento solano” (1965), películas tan bienintencionadas como inoperantes. Jaime Chavarri, ya en 1976, sorprenderá con el magnífico docudrama “El desencanto” (implacable y muy dura confesión de los distintos miembros de la desestructurada familia del poeta franquista Leopoldo Panero). Antón Eceiza, oriundo de San Sebastián, hará una serie de películas en la línea realista entre 1963 y 1969 (“El próximo otoño”, “De cuerpo presente”, Ültimo encuentro, “Las secretas intenciones”, todas ellas de muy baja calidad). Víctor Erice (colaborador de “Nuestro Cine”) hará junto a sus compañeros de publicación José Luis Egea y Claudio Guerín “Los desafíos” (1969), antes de recibir las mejores críticas de tirios y troyanos con la refinada “El espíritu de la colmena” (1.973). Pedro Olea, un solvente profesional de limitados recursos artísticos, fabulará con una Galicia valleinclanesca en “El bosque del lobo” (1970). Basilio Martín Patino, cineasta absolutamente independiente y de difícil clasificación, filma la que con “La caza”, es probablemente el manifiesto ideológico del “Nuevo cine español”: la emotiva “9 cartas a Berta”, a la que seguirá en 1971 “Canciones para después de la guerra”, auténtico “casus belli” de la censura franquista.  Francisco Regueiro realiza “El buen amor” (1962), “Amador” (1965) y “Si volvemos a vernos” (1967) películas suavemente románticas antes de  inclinarse por la vía esperpéntica en “Duerme, duerme mi amor” (1974) y “Las bodas de Blanca” (1975) con resultados muy inferiores a Berlanga, Ferreri o Fernán Gómez. Gonzalo Suárez, otro inclasicable, es alabadísimo por la crítica de “Film Ideal”  con “Ditirambo”, “El extraño caso del dr. Fausto” y “Aoom” (1967, 1969 y 1970) películas de vanguardia sumamente crípticas que con el paso del tiempo – y la irregular evolución de autor” – se han convertido en obras “de culto” que nada tienen que ver con el NCE. Sí se suma a esta corriente el primer Manuel Summers con la delicada “Del rosa al amarillo” (1963) y la virulenta “Juguetes rotos” (1966). José Luis Borau, un francotirador aragonés, impactará con la ruda “Furtivos” en 1.976. Finalmente solo una mención a la aparición de un cine catalán y a la “Escuela de Barcelona”. Nada de cine social. Lo contrario a lo que ellos llamaban “cine mesetario”. Los principales adalides de esta sofisticada  “qualité” -  Carlos Durán, Joaquín Jordá, Jacinto Esteva, Pedro Portabella, José Maria Nunes y los iniciales Jaime Camino, Jorge Grau y Vicente Aranda -  se limitarán a copiar el cine francés de la “nouvelle vague” en general y a Jean-Luc Godard en particular. Su estandarte será la película “Dante no es únicamente severo” (1967, de Jordá y Esteve).  Nadie se acuerda de ella. 

Películas sociales españolas más distinguidas de los años sesenta y setenta


Luis García Berlanga                           Plácido (1961)
Luis García Berlanga                           El verdugo (1963)
Marco Ferreri                                       El pisito (1958)
Fernando Fernán Gómez                    El extraño viaje (1964)
Fernando Fernán Gómez                    El mundo sigue (1963)
Luis Buñuel                                            Viridiana  (1961)
Luis Buñuel                                            Tristana (1970)
Carlos Saura                                          La caza (1965)
Miguel Picazo                                       La tía Tula” (1964)
Victor Erice                                           El espíritu de la colmena (1973)
                                                              
               
RELACIONES ENTRE EL CINE ITALIANO Y EL ESPAÑOL EN LOS AÑOS 60 Y 70  


Ya nos hemos referido a la dura situación política que atravesaron ambos países en estas décadas. En lo que se refiere a las posibles relaciones que existieron entre ambas cinematografías pasaremos por alto el cine que podríamos llamar de consumo, en el que Italia destacó sobremanera en el terreno de la comedia con estupendas películas de Mario Monicelli, Dino Risi, Pietro Germi, Luigi Comencini, Luigi Zampa, Ettore Scola….directores que estuvieron ciertamente por encima del mero artesanado. No podemos decir lo mismo de España; limitémonos a referir que el mayor éxito popular fue “No desearás al vecino del quinto” (1970), de Ramón Fernández y con el protagonismo de Alfredo Landa. Francesco Rosi vino a España a rodar dos películas que pueden figurar entre las peores de su filmografía: la anti taurina “El momento de la verdad” (1964) y la comercial “Siempre hay una mujer” (1967).  “Operación Ogro” (1979), en la que Gillo Pontecorvo reconstruía con escasa fortuna el asesinato perpetrado por ETA  del almirante  Luis Carrero,  supuesto delfín de Franco. Los dos actores más internacionales de España en esos años – Francisco Rabal y Fernando Rey – participaron  el primero en  “El eclipse” del maestro Antonioni, y el segundo en “Cadáveres excelentes” de Francesco Rosi. El debutante Enrique Irazoqui encarnaría a Jesucristo en “El Evangelio según san Mateo” (Il vangelo secondo Matteo, 1964),  de Pier Paolo Pasolini. No hubo, en realidad, muy evidentes conexiones entre los cines italiano y español en los 60 y 70. La más reconocible influencia sería, en todo caso, la de Francesco Rosi el más acreditado cineasta del discutiblemente llamado “realismo crítico”. Y al fondo, como no podía ser menos, de ambas cinematografías en los estilos comentados  el neorrealismo, que perdura en el nuevo milenio y lo seguirá haciendo en cualquier tiempo y lugar. Y es que después de “Roma cittá aperta” (1945) el cine ya no solo sería “la fábrica de sueños”.

Luis Betrán 

1.- La otra es “Metropolis” (1924), de Fritz Lang

DOSSIER INSULA (VIII – FINAL)

ENTRE ESPAÑA E ITALIA

AÑOS  60 y 70
ITALIA


En 1956 Vittorio de Sica realiza la película Il Tetto, que anuncia la extinción del neorrealismo. Constituye un gran fracaso comercial, pese a su evidente calidad. En 1960 Luchino Visconti filma Rocco i suoi fratelli. La película - una indiscutible obra maestra - causa una notable conmoción en los medios artísticos y políticos italianos. Guido Aristarco, gran santón de la crítica cinematográfica del momento, considera que con ella nace un nuevo estilo renovador de los postulados neorrealistas al que da el nombre de  Realismo Crítico. 

Situación política

Los años de plomo (Gli anni di piombo)


Las Brigate Rosse (BR) nacieron a finales de los años 60 y, poco a poco, fueron sumergiéndose en una campaña de violencia que, junto a la grave crisis social de comienzos de los setenta, a las provocaciones neofascistas y a los complots desestabilizadores urdidos en el seno del aparato del Estado, persuadió a algunos observadores políticos de que el régimen democrático italiano caminaba hacia una crisis irreversible y definitiva. El 16 de marzo de 1978, un fuerte contingente de brigadistas asestaron el golpe más espectacular de estos años de plomo: el secuestro del presidente de la Democracia Cristiana, Aldo Moro, precisamente en el momento en que estaba negociando un Gobierno de solidaridad nacional con apoyo parlamentario comunista. Tras 55 días de agonía colectiva, en que las BR emitieron varios comunicados sobre el transcurso del juicio popular y diversos mensajes del secuestrado sembraron la discordia entre los partidarios de la negociación (PSI) y de la firmeza (PCI y Gobierno democristiano), el cadáver de Moro fue descubierto el 9 de mayo. Sin embargo, este discutible éxito político y militar marcó el comienzo del declive de las BR. Las acciones violentas comenzaron a saldarse con repetidos fracasos, debidos al caos interno, pero también a la reacción del Estado.  De otro lado, el PCI, bajo la dirección del eurocomunista Enrico Berlinguer alcanza la mayor fuerza que jamás tuviesen los comunistas en Italia. Los comunistas podrían formar gobierno ateniéndose a los resultados de elecciones democráticas. La negociación llevada a cabo entre Berlinguer y Aldo Moro, el secuestro de éste y su posterior ejecución por las BR con el asentimiento de la Democracia Cristiana y el Papa Pablo VI, suponen un punto de inflexión que trastornará para siempre el entramado político italiano hasta la desaparición de la mismísima Democracia Cristiana y el progresivo declive del PCI consumado tras la muerte de Berlinguer.


El cine se hará eco de toda esta convulsión y realizará un conjunto de películas alejadas, tanto ética como estéticamente, de los postulados neorrealistas. El término “realismo crítico” ,acuñado por el crítico y teórico Guido Aristarco, miembro del P.C.I. y, por tanto, debelador de aquellos films neorrealistas que no le parecían lo suficientemente de izquierdas. Es decir, lo opuesto a Zavattini,  el guionista por excelencia y “alma mater” del neorrealismo en cualquiera de sus tendencias. El calificativo de “realismo crítico” es ambiguo, ya que Aristarco consideraba que nacía con “Rocco y sus hermanos”, cuando ya podía considerarse al neorrealismo definitivamente periclitado. Es falso. Durante los años cincuenta ya existen películas que responden, más o menos, a lo que Aristarco demandaba. La irrupción de Francesco Rosi (tambien miembro del P.C.I.) y Pier Paolo Pasolini hace que el “movimiento” (en realidad  más “invento” que otra cosa), se afiance durante unos diez años, ya que el cine marcadamente político que vendría después (con nombres tan poco interesantes como, Damiano Damiani, Elio Petri o Stefano Vanzina ), no pasó de ser un producto oportunista y de muy baja calidad que se caracterizaba por los largos títulos de sus películas y que mezclaba, desafortunadamente, cine político (a sinistra), policíaco y judicial. Eran ya finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Con él, y el fallecimiento de gentes como Visconti y los grandes que le siguieron a la tumba, el cine italiano – que había sido el mejor de Europa durante dos décadas, desde 1946 – inicia una irreversible decadencia que llega hasta nuestros días en los que directores como Marco Tulio Giordana, Gianni Amelio, Matteo Garrone y Paolo Sorrentino  retoman, con desigual fortuna, el espíritu de este realismo crítico. El singular Pupi Avati nos recordará más al caligrafismo.


Películas sociales  italianas más distinguidas de los años 60 y 70

Marco Bellocchio                  I pugni in tasca.- 1965
Bernardo Bertolucci.-           Prima della rivoluzione.- 1964
Bernardo Bertolucci             Novecento.- 1975-76
Vittorio de Seta.-                   Banditi a orgosolo.- 1961
Carlo Lizzani.-                         Il processo di verona.- 1963
Mario Monicelli.-                   I compagni.- 1963
Ermano Olmi                          Il posto.- 1961
Ermano Olmi                          L’albero degli zoccoli.- 1978
Pier Paolo Pasolini                 Mamma Roma.- 1962
Gillo Pontecorvo                   La batagglia di Algeri.- 1965
Dino Risi                                   Una vita difficile.- 1961
Francesco Rosi                        Salvatore Giulano.- 1961
Francesco Rosi                        Le mani sulla citta.- 1963
Luchino Visconti                      Rocco i suoi fratelli.- 1960
Valerio Zurlini                           Cronaca familiare.- 1.962


La calidad de estas películas es alta. Las grandes obras son “Bandidos en Orgosolo” (gran película hoy injustamente olvidada tanto como su director), “El proceso de Verona” (obra cumbre del irregular Carlo Lizzani que recupera magistralmente la memoria histórica de la descomposición del fascismo),”Los compañeros” (el gran maestro de la comedia all´italiana realiza aquí su mejor y más comprometida película), “El empleo” y “El árbol de los zuecos” (dos grandes películas del único director democristiano aquí citado y que acaba de anunciar su retirada del cine tras su particular ajuste de cuentas con el Vaticano y la Iglesia Católica en su espléndidas “Cien clavos” (Centocchiodi 2007) y “Villagio di cartoné” (2010), ”La batalla de Argel” (la única gran película que hizo en su vida el mediocre Pontecorvo), “Vida difícil” (la obra maestra del recién fallecido Dino Risi), “Salvatore Giuliano” y “Las manos sobre la ciudad” (excepcionales muestras del talento de Francesco Rosi, sin duda el cineasta que si hubiera que elegir uno sólo, identificaría al realismo crítico.), “Rocco y sus hermanos” (hoy considerada en determinados segmentos de la crítica del país transalpino como la mejor película de la historia del cine italiano, representa sobre todo el universo personal e intransferible del maestro Visconti, el cual no pretendió en ningún momento ir de abanderado de movimiento cinematográfico alguno pese a todos los Aristarcos habidos y por haber), “Cronica familiar” (emotivo melodrama dialéctico basado en la novela de Vasco Pratolini). Con la excepción de Olmi, el resto de cineastas citados fueron próximos al PCI, y en los casos de Rosi, los hermanos Taviani, Pasolini y –curiosamente- el aristócrata Visconti militantes de dicho partido. Es obvio que esta corriente queda muy alejada en importancia y en cantidad del considerable número de grandes películas del inmortal neorrealismo que,”mutatis mutandi”, pervive en nuestros días en la mayoría de los países europeos y asiáticos.  

Luis Betrán