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miércoles, 14 de enero de 2015

FRANCESCO ROSI

FRANCESCO ROSI


IN MEMORIAM (1922-2015)


Ha vivido 92 años, aunque llevaba tiempo retirado de toda actividad cinematográfica y con la salud muy deteriorada. Rosi ha sido/es una de los cineastas italianos más importantes de la historia del séptimo arte en la bota de Europa y, quizá, el más radicalmente político. Un comunista que nunca renunció a serlo aunque su partido, el P.C.I., hubiese desaparecido. En sus mejores momentos un maestro de la dialéctica e incluso un "profeta" de los que estaba por acontecer en su país y en el nuestro. En efecto mostró las trapisondas y negocios sucios de la clase política italiana en su gran película "Las manos sobre la ciudad" (1963) cuyo tema no era otro que el de la especulación inmobiliaria y que ganó el Leon de Oro en el Festival de Venecia de la edición de ese año.


El llamado - por el crítico Guido Aristarco - "realismo crítico" pareció estar acuñado para este director honesto y comprometido. De hecho "Las manos sobre la ciudad" y su impresionante obra maestra "Salvatore Giuliano" (1961) se erigen en los picos más altos de una estilo y una escuela que en realidad nunca existieron. El realismo crítico fue una etiqueta para denominar a la evolución del neorrealismo a la izquierda., a la línea dura del Visconti de "La terra trema" de la que Rosi fue ayudante de dirección del "camarada alteza". De esa colaboración se deriva el singular aspecto estético de “Salvatore Giuliano”, una de las películas indispensables en la historia del cine italiano. Un estilo que narra hechos históricos como si fuera un documental sin serlo. El cine de ficción parece excluido. Rosi creyó encontrar su panacea para acercarse a otros personajes italianos de tan dudosa reputación como Enrico Mattei o Lucky Luciano. No resultó, y estas notables obras quedaron muy por debajo de la consagrada al bandido siciliano que, cuidado, nada tuvo que ver con la mafia.


Pero el gran interés de su cine no se resume en esas dos películas. Antes ya había filmado las excelentes "El desafío" (1956) e "I magliari" (1959), y despues llegarían el panfleto antibelicista "Uomini contro" (1970), la espléndida "El caso Mattei" (1972, Palma de Oro en el Festival de Cannes), la menos lograda "Lucky Luciano" (1973) y las, de nuevo, sobresalientes "Cadaveres excelentes" (1975) , "Cristo se detuvo en Eboli" (1978) y "Tres hermanos" (1981), cinta que de alguna manera significó el adiós de Rosi a la ética y la estética que le habían hecho grande. Su cine ya no era de recibo en un mundo que se acercaba a la globalización.


Mejor olvidar su torpe adaptación de la mediocre novela de García Márquez "Crónica de una muerte anunciada", sus "paseos" por España en la bienintencionada pero frustrada "El momento de la verdad" (1964), con todo una de las más interesantes películas que se han acercado al universo taurino, la horrible "Siempre hay una mujer" (1967) protagonizada por Sofia Loren y Omar Shariff y en la que intentó un cine comercial para el que no reunía condiciones. Finalmente, su realización de la ópera de Bizet "Carmen" 1983) con Julia Migenes Johnson y Plácido Domingo en escenarios naturales se saldó con otro fracaso artístico y económico. La decadencia se había instalado en su modus operandi y ya no le abandonaría. Porque Rosi, fue un artista muy ligado a un contexto histórico determinado en los años 60 y 70. Los años de plomo.


Francesco Rosi había nacido en Nápoles. pero nunca rozó el tema de la camorra. En su época dorada esa mafia exclusivamente napolitana no existía. Descanse en paz este marxista consecuente que jamás debe ser olvidado. Rosi, como es lógico, fue odiado por la crítica derechista de Cahiers du Cinéma y Film Ideal. En las dos últimas décadas ese puesto de director vituperado hasta la exacerbación corresponde a Ken Loach, quién algo se asimila a Francesco Rosi salvando distancias geográficas.

Luis Betrán

miércoles, 17 de diciembre de 2014

JEAN-PIERRE MELVILLE

EL POLAR SOFISTICADO



"Polar" es un invento francés de origen cahierista que se refiere a films policíacos franceses en los que pueden ser más buenos los delincuentes que la policía. En los que palpita un halo trágico y solemne y en los que los protagonistas - siempre masculinos - suelen ser hombres solitarios pero que, llegado el caso, siempre mostrarán su solidaridad y/o amistad con otros hampones de similar catadura. El "polar" tiene un padre americano: "La jungla de asfalto", obra maestra de John Huston, y una madre francesa: "Touchez pas au grisbi", extraordinaria película comentada en el hilo dedicado a su director Jacques Beker. Ningún "polar" superó jamás a tan ilustres progenitores, pero si que hubo un cineasta - al que Godard convocó en su debut "A bout de souffle" - que sofisticó y éste gabacho subgenero de tanta qualité, y que ejerció gran influencia en el cine de su tiempo y en el que vendría despues. Jim Jarmusch o Nicolas Winding-Refn le deben no poco.

AMBIGÜEDAD


Cineasta de la ambigüedad, Jean Pierre Melville – cuyo verdadero nombre era Jean-Pierre Grumbach, lo de Melville fue un homenaje al autor de “Moby Dyck” – nació en Paris el 20 de octubre de de 1917. Desde muy joven tiene oportunidad de hacer cine en 8 mm. Y cuando en 1937 decide dedicarse a él profesionalmente, ha acoplado tras de si una útil experiencia en el campo de la imagen. Entusiasmado por el cine norteamericano, admirador de los cineastas clásicos que saben contar una historia, Melville configura así su cualidad de excelente técnico interesado en la narrativa tradicional.


Movilizado en 1937, hasta 1945 no puede replantearse seriamente su afición cinematográfica. Pero, a causa de su ideología pronazi, tuvo problemas frente al sindicato de técnicos cinematográficos en un momento de ardoroso patriotismo posbélico. Situación que le obligó a ubicarse por su cuenta y fundar su propia productora; ello le ha valido más tarde - cosas de la “nouvelle vague” y de Godard que le hizo aparecer en su primer film “A bout de soufflé”- el calificativo de “primer autor” de la cinematografía francesa, al convertirse en productor, director y guionista de sus films. Inconmensurable disparate que supone “ignorar” deliberadamente que antes que él estuvieron Vigo, Renoir, Duvivier, Clair, Becker, Bresson, Feyder, Grémillon... etc.



Las tres primeras películas – a pesar de sus simpatías ultraderechistas que se irían apagando con el paso del tiempo, - nunca fue juzgado ni encarcelado – tuvieron, sin embargo, como base literaria textos ajenos: “Le silénce de la mer” (1947) magnífica, inspirada por Vercors, “Les enfants terribles” (1949) por Cocteau - continuación no muy lograda de la excelente “Les parents terribles” dirigida por el propio Jean Cocteau y una de sus mejores obras cinematográficas – y “Quand tu liras cette lettre” (1952) por Deval. Es a partir de su cuarta película, la estupenda “Bob le flambeur” (1955), cuando inicia decididamente la descripción de su personal universo: personajes marginados que viven la noche, seres desarraigados en los que no cabe la posibilidad del amor pero si la de una amistad generalmente no confesada y que se expresa violentamente en un instante dado, hombres que viven sin esperanza buscando la muerte como única solución al absurdo de vivir. “Touche pas au grisbi” de Becker o “Rififí” de Dassin, ciertamente. El polar o la traslación del cine negro USA mediante una operación no exenta de pompa, filosofía barata y plagio.
Melville será, en cierta medida el poeta de la represión. Expresada en sentimientos no formulados, en relaciones no desarrolladas que se quedan en una mirada sugerente, en hombres abandonados que solo a través de una forma cualquiera de violencia consiguen sentirse vivos....


Melville hablará de “la jungla de asfalto”, tras pequeñas incursiones en dramas cerrados e íntimos (Leon Morin prêtre, 1961 un gran film a revisar con una deslumbrante Emmanuelle Riva y un sobrio Belmondo), como resultante de su profunda admiración por la obra maestra de John Huston, en la que más hondamente se observan las relaciones del hombre con su entorno, la virtualidad del azar, la búsqueda ansiosa de un mito redentor, llegando a una poética exclusiva en la que el pesimismo existencialista (Huston fue un admirador de Sartre y llegó a encargarle el guión de “Freud”, aunque la extensión del mismo hizo imposible su utilización en la fallida película sobre el genio fundador del psicoanálisis) se vuelca en la aventura del hombre desencadenada en tragedia. En el buen thriller americano, esta apasionada carga vital viene complementada con una aguda reflexión social.


Melville, definido como “el más francés de los directores americanos y el más americano de los directores franceses”, en esta exposición poética de su concepto del mundo no supera, generalmente, un epidérmico y estilizado mimetismo. Lo que en los EE.UU. conecta no solo con una tradición ambiental, sino con una sensibilidad cotidiana, en Francia – y en el polar – al no transformarse en una realidad concreta, el thriller queda en un singular producto ambiguo y abstracto. Lo que no empece que Melville consiga obras de calidad superior a las de un Deray, un Giovanni, un Verneuil..


En Melville, esa ambigüedad resultante es tambien mediatizada. En sus juegos de policías y asesinos o ladrones, planteará no una situación maniquea entre “buenos y malos”, sino una introspección de los caracteres de todos ellos que rompa el esquematismo inicial. Pero, compuestos de un modo estereotipado, esa introspección no ahonda en causas que justifiquen su acción, no alcanza lo suficiente como para definirle un observador de la realidad. Su mundo fílmico es, desde luego, intransferible e inamovible. De ahí la repetición continua de situaciones idénticas hasta el punto de que su quehacer de los últimos años se torna previsible aún antes de conocerlo.


El autor de “El confidente” (Le doulos, 1962) decidió en un momento dado que solo le interesaba el cine comercial, el tan peyorativo cine de éxito. Esa declaración, respaldada posteriormente por los hechos, vino a sorprender a los jóvenes de la “nouvelle vague” que tanto le habían loado y que en su afán de encontrar un antecedente en su postura, vieron en él – como se ha mencionado – a un “autor” completo, marginado de los sistemas de producción habituales, que lograba realizar películas de excelente factura y evidentemente personales, con un muy bajo presupuesto salvo los sueldos de un Delon o un Belmondo. La “comercialidad” de Melville – “he tomado la costumbre de gustar y me dolería hacer una película que no gustara aunque esto siempre puede suceder”, manifestó en una entrevista a Cahiers du Cinéma – surge justamente en base a la perfección formal de sus películas. La narración-tipo del cine U.S.A. ha sensibilizado a los espectadores de todas partes hacia un lenguaje inteligible. Acompañado éste por la grandilocuencia de lo superficial y esa siempre presente ambigüedad moral, se compone el tríptico inevitable de la comercialidad melvillana.


Más todo esto no merma la calidad de sus films y sería injusto no aceptar en este cineasta la posibilidad de que su mitomanía por el mundo fantástico del “Bien y del Mal” no le lleve a conseguir títulos de considerable valía. “El silencio de un hombre” (Le samurai, 1967), “Hasta el último aliento” (Le deuxiéme soufflé, 1966) o “Circulo rojo” (Le cercle rouge, 1972) son buenas pruebas de ello. El 2 de agosto de 1973, cuando gozaba de inmejorable reputación crítica y alternaba la realización de películas con sus trabajos como censor oficial de su país, le sobrevino la muerte en Paris su ciudad natal.

Luis Betrán

lunes, 16 de agosto de 2010

Dossier Sacha Guitry I


Un clásico del cine francés del que he ido detrás hace largo tiempo: "Napoleón" de Sacha Guitry (1955). De hecho adquirí el dvd en Toulouse hace más de cinco años. No llevaba subtítulos en ningún idioma, con lo que me encontré que mi dominio del francés se estrelló con los largos parlamentos de Guitry-actor en su papel de Talleyrand. El mismo personaje que ya había interpretado en su obra maestra "Le diable boiteux" (1948). Ahora ya se ha publicado con srt en español. Y con tan fausto motivo propongo un pequeño dossier Sacha Guitry, un gran director olvidadísimo en España (no en Francia) y quién sabe si desconocido para las generaciones cinéfilas de treintañeros y aún más jóvenes.

SACHA GUITRY




Tengo particular debilidad por el cine de Guitry. No deja de ser curioso que, a pesar de su evidente teatralidad en varias de sus películas (lo cual para mi no constituye defecto a tener en cuenta), los llamados "jóvenes turcos" de Cahiers du Cinéma (Godard, Truffaut, Rohmer, Chabrol, Rivette...) no lo incluyeran en el paquete al que denominaron "le cinéma de papa" (Gance, Clair, los Allegret, Delannoy, Carné, Feyder, Duvivier, Autant-Lara....). Al contrario entre los que se salvaron de aquella quema, que todavía alguien es capaz de tomarse en serio, Sacha Guitry recibió bendiciones como tambien Marcel Pagnol (con más motivos aún) aunque no tantas como Jean Vigo, Jean Renoir, Max Ophüls, Jacques Becker, Jacques Tati......

Están muy equivocados los que  han creído que Guitry se hizo muy famoso por sus comedias de "boulevard", algunas de ellas llevadas al cine por él mismo. No; Sacha Guitry tiene una filmografía casi tan larga como su producción teatral. Y muchos de sus films son guiones originales. En los títulos de crédito firma simplemente "l'auteur" y solía ser el protagonista, aunque no siempre. Me quedan muchas películas todavía inéditas de él. Pero las que he visto, que son las que cito a continuación, me parecen las suficientes como para considerarle uno de los más grandes cineastas de la historia del cine francés (junto a Gance, Epstein, Feyder, Pagnol, Duvivier, Carné, Autant-Lara, Renoir, Becker, Ophüls, Chabrol, Resnais, Rohmer....hay más, evidentemente, y por encima de todos ellos el inigualable y radical maestro Robert Bresson, uno de mis cineastas esenciales y de cabecera).


ALGUNOS FILMS DE SACHA GUITRY

Le roman d'un tricheur (1936)




La película que le consagró en el cine cuando ya lo estaba en el teatro y en la que se dan cita las constantes más fijas en el cine de Guitry, autor total no se olvide. Un deliberado cinismo que contempla a Francia, sus pompas y sus obras, con sarcasmo y con un leve toque de patrioterismo que más tarde se hará más acusado. Un sentido del humor, del doble sentido de cada frase, de la maestría de un dialoguista sin par. Un actor que traspasa la cámara y que no es ni bueno ni malo; es, simplemente, Sacha Guitry. Una capacidad para la comedia de enredo como probablemente nadie tuvo en el cine francés. Una dirección de actores precisa y meticulosa. Una narrativa modélica que, aun con los tics teatrales, se revela sin baches ni arritmias. Finalmente una realización "cinematográfica" llena de elegancia y que sabe como hacer un buen primer plano, una panorámica o un travelling. Su estilo puede recordar a Lubitsch en muchos aspectos, aunque el genial director germano-americano sea para él inalcanzable. Una excelente película, en cualquier caso.

LES PERLES DE LA COURONNE (Las perlas de la corona, 1937)

REMONTONS LES CHAMPS-ELYSÉES (1938)




La historia y el objeto. He aquí otros dos motivos recurrentes en Guitry. Las estupendas "perlas de la corona" le sirven para mofarse no poco de la aristocracia pasada y presente. Es una de sus mejores películas. Los "Campos Elíseos", acaso esté menos lograda sin dejar por ello de ser tan apetitosa como un buen plato de la mejor cocina francesa. Además es el antecedente claro de obras como "Si Versailles m'etait conté" o "Si Paris nous était conté", e incluso del mismísimo "Napoleón". En este caso la célebre avenida parisiense que va de la Place de la Concorde al Arco del Triunfo (L'Etoile) sirve al autor para hacer una pequeña y mordaz revisión de gentes de toda clase y laya que "pasearon" - y alcahuetearon no poco -por la calle más emblemática de Paris.


DONNE-MOI TES YEUX (1943)





Extraordinario melodrama en el que Guitry cambia de registro para ofrecernos su primera obra maestra absoluta. Película de una intensidad dramática y de un lirismo exarcebado que uno nunca hubiese esperado en un director casi especializado en comedias. Desgraciadamente es dificil de ver y yo tan solo lo conseguí una vez en una ya vieja sesión de Cine-Classics, aquella maravillosa cadena ya desaparecida y que estaba incluida en el paquete de Canal +. Esperemos que algun día aparezca por la red. Su edición en dvd en España me parece improbable. Fue un fracaso comercial y hoy es, con toda justicia, un film de culto del mejor cine francés de cualquier época. Truffaut, con razón, la adoraba.


ILS ÉTAIENT NEUF CELIBATAIRES (1939)

LA MALIBRAN (1943)



Poco que decir de los "9 solteros" ya que fue una comedia de gran éxito en el teatro que Guitry llevó al cine con cierta desgana. Es una de sus películas más prescindibles, a pesar de algunos sabrosos diálogos que nunca podían faltar.

Sobresaliente biopic, más o menos ajustada a la realidad, de la célebre diva operística del siglo XIX. La hija del barítono español Manuel García que enamoró a la alta sociedad de su tiempo, vivió tan solo 28 años (murió en un accidente de caballo) y, según cuentan los expertos, fue junto a Giuditta Pasta la primera que incorporó la actuación dramática a sus dones vocales. Como no queda grabación alguna de ella - no se había inventado el gramófono ni nada parecido - hay que creerselo y pensar en una suerte de María Callas decimonónica Como además la dama era algo frívola, el material es muy adecuado para las picardías de Guitry. Muchísimos años más tarde, el alemán Werner Schroeter retomó el personaje en su hechizante "La muerte de María Malibrán"  (Das tod der Maria Malibran, 1972).

Continuará.

Luis Betrán