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miércoles, 30 de octubre de 2013

PRIMERA APROXIMACION A RICHARD WAGNER. LÖHENGRIN

Bicentenarios de Verdi y Wagner. El alfa y el omega de la ópera. Verdi el demócrata, Wagner el autócrata. ¿Tanto monta, monta tanto? No.Verdi supuso la culminación de un estilo que había nacido con Monteverdi. Wagner, la revolución absoluta – que se incia en el famoso acorde disonante del preludio de “Tristán e Isolda y cuya influiencia en la música posterior llega hasta nuestros días. Los italianos amaron a Verdi. Los alemanes – salvo Ludig II von Brabant – odiaron muchos años a Wagner hasta que no les quedó más remedio que aceptar la genialiadad del compositor que no la del poeta, escritor y filósofo que herr Richard nunca fue. Se irán introduciendo, poco a poco, datos biográficos del de Busetto y del de Leipzig. Pero el hecho – histórico y bien documentado – de que los nazis y Hitler de apropiaran de las presuntas “obras de arte totales” de Wagner, no es más que, como diría Macbeth, “un cuento (no, fue real) lleno de ruido y de furia narrado por un idiota (muchos) y que no significa nada”. Richard Wagner fue, en verdad, un ser humano temible pero cualquier cosa menos un fascista. Cierto que escribió centenares de folios marcadamente antisemitas, pero en su Orquesta de Bayreuth la mayoría de los instrumentistas fueron…….judíos. 
El mito priva de historia al objeto de que habla (Roland Barthes)

LÖHENGRIN, EL AMANTE SILENCIOSO

“Lohengrin” es una ópera de transición. En el momento de su composición Richard Wagner ha alcanzado la suficiente madurez musical como para aventurarse en la trascendencia de la ruptura. En efecto, en “Lohengrin” soplan vientos revolucionarios aunque sus cimientos sean los firmes y seguros de la “grand opéra romantique”. Por mucho que el autor utilice magistralmente  su invención de los leit-motiven, “Löhengrin” es todavía deudora de la ópera italiana. Estos bosques y leyendas acusadamente germánicos no hubieran desagradado al mismísimo Verdi. Los wagnerianos irredentos – entre los que me cuento – podrían considerar a “Löhengrin” como una obra menor con lo que incurrirían en un grave dislate.


Cierto es que esta obra está todavía lejos de la melodía  infinita que inunda “El anillo”, “Tristán” o “Parsifal”. No menos cierto que “Löhengrin” supone  un paso adelante en relación con “Tannhäuser” o “Der fliegende holländer”. Tres obras maestras, las primeras de Wagner. Justo en la mezcla de elementos tradicionales y renovadores se asienta el delicado equilibrio de “Löhengrin”. Y podemos afirmar que los tótems revolucionarios de herr Richard - el “Ring”, “Tristán”, “Parsifal” - están marcados por el desequilibrio místico, religioso, erótico y pagano. Nunca musical.
Como toda pieza wagneriana, “Löhengrin” exige que expurguemos algo en sus desacostumbradas dimensiones. Más de tres horas de música conducen invariablemente  a separar el oro de la ganga que aquí es ya muy poca. “Löhengrin”, al igual que “Tannhäuser”, “El holandés” o la insoportable “Rienzi” (4 horas), no nos dispensa de himnos militares algo ramplones, fanfarrias horteras y alguna romanza relamida. Y sirva para ello, como socorrido y manido ejemplo, el bullanguero y archifamoso coro y marcha nupcial que atestigua cumplidamente que Wagner tambien podía facturar esa “música de feria” que reprochaba a Verdi. Algunos personajes – Enrique el Pajarero a la cabeza, digno émulo del pesado Landgrave de Turingia en “Tannhäuser – sufren una caracterización musical y dramática paupérrima. Y, asimismo, las escenas de masas caen en una subcultura kitsch tan ostentosa como la cabalgata de las walkirias. Enumerar los leves defectos de “Löhengrin” no es tarea dificultosa. Wagner – el mayor genio operístico que haya existido y tambien el mayor músico junto a Bach, Mozart y Beethoven – no compuso jamás una partitura sin máculas o zonas muertas, porque siempre midió mal la longitud de sus obras escénicas. Wagner, ni en su música ni en su escritura, cayó en el pecado de la modestia dado que su ambición fue desmesurada. Como contrapartida a la escoria citada, se alza el sortilegio imperecedero del genio wagneriano. En tanto que músico y dramaturgo resulta decididamente arrasador aunque, a veces, tan descomunal potencia artística se desparrame  en confusas visiones o inaceptables ficciones. Ello sucede, por ejemplo, en “Tristán”, “El anillo” o “Parsifal” las cumbres oficiales del wagnerismo, en las que el inacabable zumbido del recitativo o monólogo continuo nos fatiga tanto como la cateta pretenciosidad de un mundo en el que conviven hadas, nigromantes, filtros mágicos, muertes de amor y una variopinta amalgama  de rituales cristianos, deificaciones paganas y erotismo desatado.


“Löhengrin” es otra cosa. Wagner es aún un artista tímido, si es que este adjetivo pudo alguna vez aplicarse al menos humilde de los compositores. “Löhengrin” tiene una deuda pendiente con “Tannhäuser” y su apoteosis de redentorismo y además es una ópera más romántica que su antecesora y liga mejor con  ”El holandés errante”. Y lo es no tanto en lo referente a una estética musical sino en lo que concierne a un contenido dramático, que en “Löhengrin” se idealiza considerablemente en relación con la obra precedente. Es una ópera serena, nada estridente, compacta y admirablemente concebida; la culminación del primer Wagner, el dramaturgo apasionado, el músico lleno de encanto, el autor de excelentes libretos que son, en sí mismos, magníficos y turbadores melodramas llenos de tempestuosas pasiones y no menos estruendosas redenciones. El bellísimo preludio de “Löhengrin”, sin embargo, deja en evidencia a las solemnes oberturas de “Rienzi”, “El holandés” y “Tannhäuser”, verdaderas antecedentes de los poemas sinfónicos de un Richard Strauss.
En cuanto historia, libreto o argumento, “Löhengrin” es un vasto poema harto significativo del universo wagneriano. El héroe es ya una celestial criatura invencible, hijo de Parsifal y, por tanto, será custodio del Santo Grial. Muy lejos del rijoso cantor de “Tannhäuser” o del atormentado e innominado Holandés. Particularmente Heinrich Tannhäuser es una figura endiabladamente terrenal. Se burla irónicamente del amor espiritual y proclama estentóreamente las delicias del amor carnal, ya que este avispado caballero ha disfrutado los goces del lecho de la mismísima Venus. Ni que decir tiene que tal herejía merece  reprobación, castigo y hasta el sacrificio de una virgen. Esta ópera en su momento fue despiadadamente abucheada por la clase dirigente del siglo XIX, deseosa de ver en escena platónicos amores y no manifestaciones groseras de la carne (las que ellos hipócritamente practicaban).
Tal vapuleo conllevó que Wagner se inventara para su siguiente obra el personaje del caballero desconocido, casto e invencible. El paladín que no puede revelar su nombre ni origen. ¿Quién es el caballero del cisne blanco?. ¿Viene del cielo o del infierno?. Wagner creó una imagen atractiva que el arte popular – de la novela al cine – iba a explotar hasta la extenuación. Misteriosos defensores de la ley y el orden que encubren cuidadosamente su origen, forasteros venidos de no se sabe donde que desfacen entuertos y enamoran a mujeres frustradas o bobas sin exigir nada a cambio, excepto el silencio respecto a ellos mismos. En su famoso “racconto”, Löhengrin relatará su origen, destino y ¡¡nombre!!. La alcahuetería de su querida y calumniada Elsa von Brabant,  azuzada por la pérfida Ortrud, saltará por los aires. El pacto se romperá, El guapísimo y rubio (ario, naturalmente) se hubiera casado con la ingenua Elsa siempre y cuando ésta jamás preguntase quién era. Así que en un desenlace “no especialmente sangriento”, Elsa y Ortrud  ¿fallecerán? – la una por indiscreta, la otra por malvada – Telramund, el tonto marido de Ortrud, habrá sido previamente apiolado por el invencible héroe que, a su vez, partirá en su cisne a Monsalvat a custodiar el Santo Grial no sin haber dejado Brabante a la buena merced de la ley y el orden. Löhengrin venía del cielo. Los tiempos cambiaron, y del supuesto y discutible misticismo del efebo wagneriano no quedó ni rastro. O sí. Ya se verá.

Luis Betrán

Las mejores versiones de “Löhengrin” en disco:
1) 1954 Eugen Jochum.(Dir.) .- Wolfgang Windgassen (Löhengrin), Birgit Nilsson (Elsa), Herman Uhde (Telramund), Astrid Varnay (Ortrud). En vivo, Coro y Orquesta del Festival de Bayreuth.- Sonido regular
2) 1958.- André Cluytens (Dir.).-  Sandor Konya (Lóhengrin), Leonie Rysanek (Elsa), Ernest Blanc (Telramund), Astrid Varnay (Ortrud). En vivo, Coro y Orquesta del Festival de Bayreuth
3) 1963.- Rudolf Kempe (Dir.).- Jess Thomas (Löhengrin), Elisabeth Grümmer (Elsa), Dietrich Fischer Dieskau (Telramund), Christa Ludwig (Ortrud). Estudio, Coro de la Opera Estatal de Viena y Orquesta Filarmónica de Viena.- Buen sonido.
Cantantes
Löhengrin: Lauritz Melchior, Sandor Konya, Wolfgang Windgassen, René Kollo (de joven), Jonas Kauffman.
Elsa: Kirsten Flagstad, Elisabeth Grümmer, Birgit Nilsson, Jessye Norman. Leonie Rysanek, Victoria de los Angeles
Telramund: Dietrich Fischer-Dieskau, Ramón Vinay
Ortrud: Astrid Varnay, Christa Ludwig
Cantantes españoles en “Löhengrin”: Victoria de los Angeles (Elsa)

martes, 12 de octubre de 2010

La Stupenda




 
Mientras continuaba sus peleas con la gran  Renata Tebaldi (1), La DIVINA MARIA CALLAS se encontró con otra gran rival como estilista del bel canto: JOAN SUTHERLAND. Callas, que actualizó una tradición adocenada , poseía estilo, dramatismo y musicalidad. Pero Sutherland poseía la voz; sonora, dorada, radiante. Otra vez el mundo de la ópera se dividió en dos bandos. Los admiradores de la australiana señalaban que no habían conocido una voz igual en décadas, una soprano que podía cantar la Reina de la Noche o Constanza (La flauta mágica y El rapto del serrallo, W.A. Mozart) en una función  y Norma (V. Bellini) o Lucía di Lamermoor (G. Donizetti) en los días subsiguientes. Y era verdad: no la habían escuchado. Era una voz de volumen casi wagneriano que podía realizar las proezas de coloratura más exigentes. Callas tenía una buena opinión de Sutherland. Asi que en una ocasión le dijo a Walter Legge, el mítico productor de EMI y esposo de Elizabeth Schwarzkopff (2), "Hará una gran carrera, aunque solo nosotros sabemos cuanto mejor soy yo". En efecto: María Callas fue/es, en mi opinión, la mayor cantante operística de todo el siglo pasado, la que entendió - o se lo enseñó Visconti - que la ópera es teatro cantado. Joan Sutherland se mantuvo en el sitial de las superdivas durante casi 30 años  y la llamaron LA STUPENDA. A renglón seguido, en el Metropolitan de Nueva York , surgiría otra voz maravillosa, cercana en timbre a Tebaldi, que ni era una trágica ni una maestra de la coloratura. Montserrat Caballé. La llamaron LA SUPERBA. Joan Sutherland falleció ayer en Suiza,  día 11 de octubre de 2010. Había nacido en Sidney (Australia) el 7 de noviembre de 1926. Tenía, por tanto, 83 años. Los operófilos de todo el mundo estamos de luto. Los cinéfilos tambien: en pocos días han muerto Claude Chabrol, Arthur Penn, Tony Curtis, Gloria Stuart, Roy Ward Baker y hoy el magnífico característico del cine español Manuel Aleixandre. Vaya entrada de otoño.








Georg Friedrich Händel fue quien convirtió a la soprano Joan Alston Sutherland en La Stupenda en 1960. Fue bajarse del escenario de la Fenice de Venecia después de haber cantado Alcina, la genial ópera del  fabuloso compositor alemán nacionalizado inglés, y pasar a ocupar uno de los espacios más destacados en el firmamento de las grandes divas. Existe una grabación, junto a Teresa Berganza, que sigue siendo referencia a pesar de no ser una versión historicista, de esas que hoy se consideran las únicas válidas en el repertorio barroco e incluso en Mozart. Naturalmente, discrepo.


Sutherland era una mujer de aspecto enorme, decididamente poco agraciada en su extraño rostro y que se concentró siempre en el vocalismo - como Caballé -, no porque fuera insensible musicalmente sino acaso porque el esfuerzo que le exigía la emisión incesante de diferentes tonalidades provocaba una dicción descuidada. A veces, su italiano o su francés resulta totalmente ininteligible. Fue menos en los últimos años de su larga carrera en los que aprendió a actuar, una pésima actriz. Una estatua cantante. Se casó con el director de orquesta Richard Bonynge que fue quién la dirigió en la mayoría de sus representaciones o de sus grabaciones discográficas, casi siempre con Decca. Aunque tambien la dirigieron los grandes sir John Barbirollu y Erich Kleiber y los muy notables directores de foso Tullio Serafin, Vittorio Ciu, Antonino Votto, John Pritchard, Nello Santi.....Acaso el punto de inflexión de su carrera fue la "Lucía de Lamermoor" que cantó en el Covent Garden de Londres en 1959 con dirección escénica de Franco Zefirelli. Sería, junto a Norma, su papel más demandado que interpretó por última vez en el Liceo de Barcelona junto a Alfredo Kraus (inmejorable Edgardo) en 1988. Poseo el DVD correspondiente y lo conservo como oro en paño. Las interminables ovaciones se adornan con una lluvia de papeles en los que está escrito: Sutherland-Kraus, los monarcas de la ópera.








Sin embargo su partenaire más habitual fue el inolvidable Luciano Pavarotti que la adoraba ya que había sido decisiva en el impulso de su carrera. Tambien conservo grabada su retirada en 1990, que tuvo lugar (como no) en la Opera de Sidney haciendo el rol breve pero intensísimo de Marguerite de Valois en "Los hugonotes" de Meyerbeer. Australia se volcó y de que manera. Sus anodinos compañeros de reparto apenas saludaron, pero ello salió la última y vestida con un bellísimo traje de gala. Como los aplausos - el público en pie - no terminaban nunca, cantó "Home sweet home" y en las ciudades de Sidney, Melbourne y Camberra (capital administrativa de Australia) los cielos se llenaron de fuegos artificiales en su honor.


Hoy nada de esto sería posible. La gran época de las divas terminó hace años. Hoy se vive la dictadura de los registas escénicos, capaces de montar "Rigoletto" en los años veinte del siglo pasado, en plena Ley Seca y en Chicago. O sacar a los personajes sentados en tazas de retretes como hizo el temible Calixto Bieito en el tambien verdiano "Un ballo in maschera". No obstante; los mayores desmanes se cometen con las óperas barrocas, y de forma especial con las de Haendel que conocen un revival extraordinario. Ver a señores y señoras con americanas o minifaldas cantando los amores de Julio César con Cleopatra resulta particularmente ridículo. Pero parece que no hay nada que hacer. Lo mismo que con los dichosos "instrumentos de época". Una pena. Antes la ópera era mucho más divertida. Y creíble, lo que es asunto bien dificil.








Los mejores roles de Sutherland fueron, además de Lucia di Lammermoor, las mencionadas La Reina de la Noche, Constanze y Donna Anna (Don Giovanni, W.A. Mozart) Amina en (La sonnambula, Bellini), y Elvira (I Puritani, Bellini)), Semiramide (Rossini), Marguerite de Valois (Les Huguenots, Meyerbeer), Lakmé (Delibes), Alcina y Cleopatra (Giulio Cesare, Haendel) y Norma. Es admirada particularmente su interpretación de Marie, la soldado tamborilera en La Fille du Regiment (Donizetti). Durante los últimos años de su carrera, personifica los cuatro papeles de Los Cuentos de Hoffmann, Offenbach), Lucrezia Borgia y Anna Bolena (Donizetti), Esclarmonde (ópera olvidada de Massenet que la diva y Bonynge rescataron y que le pertenece a ella y solo a ella). Tan solo me resulta excepcional en Offenbach y Massenet


No me convence ni su Violetta en la "La traviata" (no hay dramatismo alguno y eso es imperdonable en esta ópera), ni su Margarita en el "Fausto" de Gounod cantado mecánicamente y con peregrina dicción francesa (a años luz de Victoria de los Angeles). Es excelente en lo vocal su Gilda de "Rigoletto", pero plana su Leonora de "Il trovatore". Ni Verdi ni Puccini se le dieron bien. No cantó nunca en teatro la princesa "Turandot" del segundo, más su grabación discográfica junto a unos compañeros de lujo como Pavarotti, Caballé, Ghiaurov y hasta Peter Pears bajo la dirección de Zubin Metha ,es un dislate en lo que a ella se refiere. Aquí es nuestra querida Montse la que se lleva el gato al agua en una maravillosa personificación de la esclava Liú. Y Pavarotti en su "Nessun dorma", faltaría más. Hoy algunos de los roles en que sentó cátedra Sutherland, los canta Nathalie Dessay que tiene asimismo excelente coloratura pero una voz tan pequeñita como la ......de otra genial mezzo de agilidades, Cecilia Bartoli.










Y ahora el recuerdo. En 1989 llevo a cabo un viaje de quince días a Egipto en la segunda quicena de septiembre. No me voy a referir aquí ni a las innumerables y eternas bellezas del país de los farones, ni al calor ni a nada de eso. En el delicioso crucero por el Nilo, en una buque de la cadena hotelera Sheraton,sucedió que bajo de mi camarote al comedor a la hora del almuerzo y.....me encuentro sentada en una gran mesa y en compañía de su esposo y un grupo de amigos o familiares a la mismísima Dame Joan Sutherland. Creí que estaba soñando o algo así, pero no era ella en persona. Así que tras vencer mi timidez me acerqué a su mesa y le dije "señora, enhorabuena, usted ha sido la mejor Norma y Lucía de la historia" (no me lo creía yo habiendo existido Callas, pero la ocasión bien merecía la mentira). Sorprendentemente, tanto la eximia como Richard Bonynge se levantaron de sus sillas, me estrecharon la mano y la Stupenda exclamó "Oh, thank you, thank, you very much!", me estampó un beso en la mejilla y remató con una simpática carcajada. Palabra de honor. Queda para mi biografía.



Recibió innumerables galardones y fue Dama del Imperio Británico. Gloria inmortal para Dame Joan Sutherland, la Stupenda.



Luis Betrán



1) Ya saben la frase de Callas respecto a la Tebaldi. "Yo soy el champagne y ella es la gaseosa"



2) La más exquisita de las sopranos mozartianas y straussianas amén de formidable liederista. Una de mis cantantes líricas preferidas. Gran actriz, asimismo.

martes, 21 de septiembre de 2010

Lunes al sol (A Jose Antonio Labordeta, y II)



Llega el lunes y ayer noche veo en el informativo de la TV1 a gente joven en la capilla ardiente de Labordeta (más de 50.000 personas). Me alegro y casi rectifico lo que escribí sobre la ignorancia juvenil en ciertos asuntos. Una chica con gafitas y aspecto de estudiosa dice: es a la única persona que hubiera votado. Yo no lo hice jamás pero gracias nena; vista la hedionda patulea de los políticos aragoneses incluidos los de Chunta Aragonesista que cuando cataron poder en el Ayuntamiento cambiaron rápidamente el mono de trabajo por trajes, camisas y corbatas de diseño. Siguiendo con esto tan sucio de la política, Labordeta tardó años en decidirse a presentarse como candidato. Veamos su itinerario.




1.-  Procedente del Grupo Andalán, Labordeta fue uno de los capolavoros del extinto PSA (Partido Socialista Aragonés). En las listas a las elecciones de 1977 figuraba en último lugar en la coalición PSA-PSP (Partido Socialista Popular al que por entonces estaba afiliado el que suscribe). Lo cierto es que el último mitin de las primeras elecciones democráticas fue el "nuestro". Duras negociaciones con Tierno Galván que detestaba a los partidos nacionalistas (lógico en un marxista), y al final logramos convencer al "viejo profesor" para que viniese a Zaragoza. Hubo que fletarle un helicóptero. La Plaza de Toros estaba abarrotada y el Presidente del PSP se empleó a fondo en un brillantísimo discurso de más de una hora, sin papel alguno, que enardeció las masas como era menester El finiquito con puño en alto fue con "La Internacionaal" y con las manos entrelazadas "El Canto a la Libertad". No sirvió de mucho, La coalición obtuvo seis diputados. Años más tarde - ya siendo el adorado Alcalde de la "Movida Madrileña" - en su libro de memorias "Cabos sueltos" Tierno Galván, con injusta y venenosa pluma se refirere al mencionado mitin escribiendo que al final le obligaron a "bailar y cantar la yenka".

2) Tras la extinción del PSA, Labordeta coqueteó con el PCE y luego con Izquierda Unida. Jamás con el P.A.R. porque él era rojo y republicano, no azul y ladrillero. Cuando surgió Chunta Aragonesista, a imitación del Bloque Nacionalista Galego. creyó ver allí su lugar en el sol. Y en efecto, fue bien utilizado por sus compañeros que sabían perfectamente que sin él eran poca cosa. Y así surgió el Diputado Labordeta que, junto a su programa televisivo, incrementó su popularidad a nivel nacional. Ya he escrito que yo no le voté nunca por una razón de peso. No se puede ser de izquierdas y nacionalista a la vez. La esencia de la izquierda es el internacionalismo y no está de más recordar que el "Manifiesto Comunista" termina con aquello de "proletarios del mundo entero uníos".




Me interesa mucho más el Labordeta cantautor. Musicalmente solía ser tan elemental como Raimon pero sus textos fueron, en verdad, hermosos. Era, fue, es un excelente poeta popular mucho más auténtico que su hermano Miguel y, en mi opinión, de mayor calidad. .Más dotado para el verso dramático o existencial que para el burlesco. A mi eso del "arremojate la tripa que ya viene la calor" o lo del "milagro de Lamberto fue antimperio romano, anduvo unas cuantas leguas con la cabeza en la mano" me incomoda porque detesto el baturrismo en cualquiera de sus manifestaciones. Tuvo una voz potente y recia de timbre más bien poco grato y una capacidad comunicativa excepcional. Con el paso de los años pasó de la guitarra y el taburete al grupo y al micrófono, con cable o inalámbrico, moviéndose con total soltura en un escenario. Estuve en más de 10 recitales suyos: recuerdo especialmente dos. Uno en un Colegio Mayor en el que homenajeo a su ídolo (y el mío) Jacques Brel sin cantar ni una sola canción del gigante belga. Otro en el teatro Principal en el que su interpretación sentida y de alto voltaje emocional de "Albada" me estremecieron y hasta me pareció que cantaba espléndidamente.

Toca despedir al artista y al hombre más querido de Aragón. La Televisión Española ha estado realmente generosa con él y podemos leer hoy que le va a dedicar un "especial". Es justo Labordeta si que era "Aragón". No se ni me importa si para bien o para regular. Yo admiro al gran poeta y considero que era el artista más importante que moraba en Zaragoza. Por cierto, jamás cantó en fabla.





Ya ves


que vamos avanzando

cumpliendo este camino

no lo sé

ya ves.

ya ves

que vamos recordando

creciendo hacia el ocaso

no lo sé

ya ves.

Ya ves

qué pálidas palabras

se pierden en la noche

sin hallar solución.

Ya ves

que hemos ido surgiendo

de inciertas duras voces

de desesperación.

Recuérdame

como un árbol batido

como un pájaro herido

como un hombre sin más;

recuérdame

como un verano ido

como un lobo cansino

como un hombre sin más.

Ya ves

que fuimos agrietando

los muros mantenidos

no lo sé

ya ves.

Ya ves

que estamos añorando

unos niños perdidos

no lo sé,

ya ves.

Ya ves

que voces diferentes

se cruzan en el alba

buscando la verdad.

Ya ves

que fuimos puente herido

de abrazos detenidos

por ver la libertad.

 
 
Somos


como esos viejos árboles

batidos por el viento

que azota desde el mar.

Hemos

perdido compañeros

paisajes y esperanzas

en nuestro caminar.

Vamos

hundiendo en las palabras

las huellas de los labios

para poder besar

tiempos

futuros y anhelados,

de manos contra manos

izando la igualdad.

Somos

como la humilde adoba

que cubre contra el tiempo

la sombra del hogar.

Hemos

perdido nuestra historia

canciones y caminos

en duro batallar.

Vamos

a echar nuevas raíces

por campos y veredas,

para poder andar

tiempos

que traigan en su entraña

esa gran utopía

que es la fraternidad.

Somos

igual que nuestra tierra

suaves como la arcilla

duros del roquedal.

Hemos

atravesado el tiempo

dejando en los secanos

nuestra lucha total.


(Texto y música: José Antonio Labordeta)

Luis Betrán.- ¡¡¡Viva la República¡¡¡,  ¡¡¡Viva el socialismo¡¡¡,  ¡¡¡Viva Labordeta¡¡¡

lunes, 20 de septiembre de 2010

Domingo, maldito domingo.- A J.A. Labordeta (I)




Me levanto ayer domingo y leo algún periódico vía Internet. Grandes titulares: ha muerto José Antonio Labordeta. No porque no esperase tan penosa noticia, dejo de emocionarme. De hecho estaba informado de que el desenlace de la enfermedad del poeta, cantante, escritor, exdiputado....era inminente. Desde hace casi dos meses Emilio Lacambra (pronto un post para referirme a los 70 años de historia de "Casa Emilio" referencia insoslayable de los que fue la izquierda aragonesa), me llamaba de vez en cuando para informarme del estado de salud del gran artista. Yo no cené nunca con él pero le conocí, naturalmente en "Casa Emilio". Tampoco mantuve amistad alguna, tan solo un breve saludo si le veía paseando por Zaragoza (era muy aficionado a caminar solo). Ahora se van a decir de su figura verdades y mentiras, elogios desmesurados, duelos y quebrantos. Me importan tan poco como todas las medallas, cruces, escapularios o galones que le han otorgado cuando se sabía que se moría sin remedio. Le copio aquello en el Congreso de los Diputados de ¡a la mierda, joder, a la mierda¡.




Por la tarde del maldito domingo me llaman al móvil David Jimenez (ex-PSP y ex-PCE como mi menda), Jesús Lacasa (ex-compañero de trabajo y ex-coordinador de Izquierda Unida) y, claro, Emilio. Despues de cenar en mi casita me dirijo a la Plaza San Felipe. Está llena de personas de mediana edad - algunos como yo mismo no muy lejanos de la tercera - encienden candelas y entonan- muchos con el puño en alto - el "Canto a la Libertad". Un himno de izquierda utópica tan bello como la mismísima "Internacional". Me cae alguna lágrima y procuro esconderme porque veo a ciertos individuos cuya presencia allí me avergüenza. Ni que decir tiene que no acudo para nada a la Capilla Ardiente sita en la Aljafería. Me puedo tropezar con Marcelinico el mudico, con Juanitotranvías y hasta con el Zar Biel o Mercedes Gallizo (ex, muy ex-MC). O con los oportunistas y trepas que, naturalmente, ahora se van a proclamar amigos suyos de toda la vida. Me pueden venir arcadas y en mi actual estado de salud no puedo ni quiero permitírmelas. Cuando Labordeta fue pregonero de las Fiestas del Pilar ya le había espetado al sr. (?) Alcalde: ¡ojico con el tranvía!






LABORDETA

Hace varios años, cuando ya había abandonado su carrera radiofónica, me encontré en Madrid con Plácido Serrano al que conozco desde los tiempos en que fui crítico de cine en la antigua Radio Popular (hoy COPE pero con escasos puntos de contacto). Me dijo muy serio: ¡Curro Fatás es Aragón!, ¡Luis  Alegre es Aragón!. Discrepo, ni el uno ni el otro, ni antes ni ahora no son ni mucho, ni poco, ni nada. Y mucho menos Aragón. Si fuese así aviados estamos. No. Para los españoles y para los mañicos el único que podía representar a nuestra tierra era José Antonio Labordeta. Y lo sigue siendo a pesar de su óbito.

En la plaza San Felipe, la noche de autos no vi apenas gente joven. Me pondré algo bruto ¿saben quién fue Labordeta?¿han escuchado alguna vez una canción suya?. Ni pretendo generalizar ni mucho menos menospreciar a la juventud zaragozana o de otros lares. Seria puta envidia, algo que en Aragón se nota, se siente, se ve que está presente, Lo que no empece que uno piensa que veinteañeros y veinteañeras, y hasta algo más mayorcicos, de historia andan más bien peces. Eso si, allá cada uno, saben y mucho de series de televisión (americanas), de tebeos (uy, perdón, novelas gráficas) de la Marvel, de mangas japoneses y de juegos de Play Station. Hasta les gusta la chistosa "Origen", la imbécil peli del orate Nolan, aunque no entienden ni papa (¿hay algo que entender?) pero se oye un catacrochchimpumgorigorigoriparrapapum de mil pares de ........




Labordeta fue, entre otras cosas, nuestro representante en la canción antifranquista y en los tiempos postreros del caudillaje y luego de la transición. Como Raimon, Paco Ibañez, Lluis Llach, Luis Pastor, Pablo Guerrero, Elisa Serna, Pi de la Serra, Maria del Mar Bonet, Guillermina Mota y tantos otros que no me vienen a la memoria. Se les escuchaba en las catacumbas y uno se enardecía, levantaba el puño y no tenía miedo de nada. Unos cantaban mejor que otros. Lo mismo sucedía con los textos, y en lo genuinamente musical Llach era el mejor con diferencia (tambien en lo vocal) y el más sofisticado. Varios se perdieron en la noche de los tiempos. No Labordeta que continuo haciendo camino al andar hasta cuando se nos otorgó por el Borbón la democracia. Y despues. Y siempre. De entre los aragoneses Carbonell, Petisme y La Bullonera (¡que creído que era el Eduardo Paz que hasta quiso ser divo operístico¡), se evaporaron (¡¡que horror la cancioncilla ratonera aquella de "La peseta" del Carbonell, otro presuntuoso que aspiraba a ser el Brassens de Aragon, que valor!). Labordeta era tan superior al resto de la tropa aragonesa que hasta ayer mismo en el estadio de "La Romareda", en los prolegómenos del partido de fútbol, se escucho por la megafonía su hermosísima "Albada". Continuará, espero que mañana mismo, pero para muestra basta un botón. El mejor.


Habrá un día

en que todos

al levantar la vista

veremos una tierra

que ponga libertad.


Hermano, aquí mi mano

será tuya mi frente

y tu gesto de siempre

caerá sin levantar

huracanes de miedo

ante la libertad.


Haremos el camino

en un mismo trazado

uniendo nuestros hombros

para así levantar

a aquellos que cayeron

gritando libertad.


Sonarán las campanas

desde los campanarios,

y los campos desiertos

volverán a granar

unas espigas altas

dispuestas para el pan.


Para un pan que en los siglos

nunca fue repartido

entre todos aquellos

que hicieron lo posible

para empujar la historia

hacia la libertad.


También será posible

que esa hermosa mañana

ni tú, ni yo, ni el otro

la lleguemos a ver;

pero habrá que forzarla

para que pueda ser.


Que sea como un viento

que arranque los matojos

surgiendo la verdad,

y limpie los caminos

de siglos de destrozos

contra la libertad.

(Texto y música: José Antonio Labordeta)


Luis Betrán

Hay muchos que exigimos que sea el Himno de Aragón