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miércoles, 7 de mayo de 2014

UN DRAMATURGO Y UN ESCRITOR: ANIVERSARIO Y OBITUARIO

WILLIAM SHAKESPEARE

Para Harold Bloom, en su célebre canon literario, primero Shakespeare, segundo Shakespeare y tercero Shakespeare. Yo, que no soy Harold Bloom, me apunto a la opinión de que el bardo de Strafford ha sido el mejor escritor que jamás haya existido. O, con más propiedad, el más grandioso autor teatral (y sublime poeta). Su permanencia a través de los siglos es cada vez más acusada. Las representaciones de sus tragedias y de sus comedias no han cesado de prodigarse con una abundancia que sobrecoge. Y así será para toda la eternidad. Porqué nadie escribió como el genio inglés sobre los mil y u un aspectos de la condición humana. Con tanta hondura, tanta ironía, tanta violencia, tanta sabiduría. W.S. ha inspirado a pintores, músicos…..y a gran número de cineastas. 

 
Pronto escribiré sobre la relación entre Shakespeare y el cine. Y, sin un adarme de originalidad, cierto es que no ha existido ni existirá guionista de mayor envergadura. Como adelanto a esa próxima entrega de “vergerus”, ya aviso a navegantes que, para mí, la más extraordinaria película realizada partiendo de Shakespeare, se filmó en España, la produjo Emiliano Piedra, la dirigió Orson Welles, se estrenó mundialmente en Zaragoza en 1965 y en el desaparecido Coliseo Equitativa. Se tituló “Campanadas a medianoche”. Y era/es en blanco y negro. Muy al contrario, no saldrá a escena “El padrino”, siempre tildada de “shakespeareana”. Ni “Rey Lear”, ni narices. Los diálogos de las dos primeras entregas de la mafia glamourosa de Hollywood son de Mario Puzo, burdo escribidor de best-sellers de nula calidad literaria. De la tercera silencio administrativo.
GABRIEL GARCÍA MARQUEZ

En mí ya larga vida, nunca he visto un tinglado, de los que ahora se llaman mediáticos, como el que se ha formado con motivo del fallecimiento del escritor y Premio Nobel colombiano. No le llamaré nunca Gabo porque jamás le conocí, al revés de los que les sucede a escritores, políticos, Papas, curas y militares (con o sin graduación) que si debieron cenar con él para nombrarlo con tal confianza. El entierro en México ha sido un espectáculo más o menos circense. Obama le bendijo (y eso tiene más valor de ley que el urbi et orbe de Francisco y el Emérito). 
Explicación a tal desmesura: García Márquez no fue molesto para nadie, ni a izquierda ni a derecha (al revés que Omar Torrijos). Porque el “realismo mágico” era/es un castillo de fuegos artificiales con mucho ruido y pocas nueces. De jovencito corrí como un loco a comprar “Cien años de soledad”, la devoré casi de un tirón y levité. El problema fue que unos veinte años después – como “Los tres mosqueteros” – retorné a Macondo y…..bajé del cielo a la tierra con fenomenal trompazo. Así que confieso, y espero ser absuelto de mi escaso interés por esta literatura de traca y floripondio. 
  
No hay un solo libro de García Márquez que me guste, con la excepción de su novela “El amor en los tiempos del cólera” y su cuento “El coronel no tiene quién le escriba” (correctamente llevado al cine por Arturo Ripstein). Y textos como “El otoño del patriarca”, “La cándida Eréndira y su abuela desalmada”, “Los funerales de la mamá grande” o ”las putas tristes” rozan la abyección. Tan solo un mérito, y es muy grande, le reconozco “al mejor escritor en castellano del siglo XX” (juajuajua). Gracias a él y al Macondo de los…….conocimos al primero y mejor Vargas Llosa, a Cortázar, a Bioy Casares, a Roa Bastos, a Guimaraes Rosa, a Onetti (que me aburre), a Rulfo (que poquita cosa es en todos los sentidos), a Fuentes (un coñazo) e incluso a geniales narradores, poetas y “relatores” que procedían de una generación anterior latinoamericana: Alejo Carpentier, Octavio Paz y Jorge Luis Borges respectivamente; “el “boom pasará”, el “boom pasó”.
Macondo, los Buendía, Remedios “la bella” y el tropicalismo a lo Carmen Miranda solo que sin bailes ni sombreros de frutas, fueron responsables de que el falangista reconvertido – y excelente escritor – Gonzalo Torrente Ballester nos espantara con tanto J.B. en su insufrible “saga-fuga”. Mea culpa. Los territorios imaginados por ciertos escritores no los voto pero los transité (recuerdo al Tatu que, cómo decían en “Triunfo”, sabía callar): Santa María, Región, Comala, el condado de Faulkner……y Macondo.

Y deseo evocar a un hombre que escribió largos años de cine en “Heraldo de Aragón”, y que pocas simpatías despertaba: Joaquín Aranda. Yo hacía crítica cinematográfica en la radio y él en la prensa. Nunca le gustó el cine, y en los estrenos en que coincidíamos rara era la vez en la que no se largaba antes de la mitad de la proyección. Falleció hace pocos años y, según las lenguas viperinas, debido a que su hígado andaba encebollado por sus excesos alcohólicos. Yo jamás le ví borrachuzo, aunque intermitentemente en otra dimensión: te saludaba o no según le daba el aire. Fue poca cosa en cine…….pero bastante en literatura aunque pertinazmente desaprovechado. 
Como escribí antes, fui poseído por neurótica ansiedad a comprar “Cien años de soledad” y me dirigí a la hoy fenecida librería Hesperia (Plaza de los Sitios, antes de José Antonio Primo de Rivera. Me permito una digresión: ¿a qué espera el gobierno autonomiérdico a devolverle el nombre del fundador de la Falange?; ay, ay, ay que tu cabeza delira, en el P.P./P.A.R.  los falangistas no pintan nada, es coalición del Opus Dei y del Virrey Turolense) en la que topeme con Joaquín Aranda, quién al oír que yo demandaba el “boom de boomes” me espetó cariñosamente: “Luis, no te compres esa tontería prueba con “El siglo de las luces” de Carpentier. Qué razón tenía. A día de hoy – y de ayer y de antes de ayer – circulan por Zaragoza (y parte de Aragón) tipos/ tipas que ni de cine, ni de literatura, ni de música ni de la hostia en verso. Son de “aquí y allá” (quiero decir que allende mares y océanos también cotizan), consumados/as charlatanes y compulsivos/as parlanchines. Lo peor de todo es que son tomados/as en serio. ¡¡Ay, si levantara la cabeza el “tío Alberto”. Rápidamente volvería a su tumba.
No podía faltar: Voilá mi canon de las obras imprescindibles del “boom.


Obras completas de Jorge Luis Borges
Obras completas de Octavio Paz
El siglo de las luces, de Alejo Carpentier
Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa
Gran sertao, veredas, de Guimaraes Rosa
Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier
La casa verde, de Mario Vargas Llosa
La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares
La visita en el tiempo, de Arturo Uslar Pietri
Rayuela, de Julio Cortázar
Yo, el Supremo, de Augusto Roa Bastos
El túnel, de Ernesto Sábato
Me llevan a los brazos de Morfeo tanto Miguel Angel Asturias como Lezama Lima. Qué le vamos a hacer. Selección personalísima, heterogénea y autista. Dedicada a Eduardo González, Emilio Lacambra, Julio Chrystelis, Fernando Gracia y David Giménez Mazo. Premio al que adivine lo del Tatu.
Luis Betrán

domingo, 10 de octubre de 2010

¿Cuando se jodió Perú?



Ese es uno de los interrogantes más célebres de la literatura de la segunda mitad del siglo pasado. Corresponde a "Conversación en la catedral", probablemente la obra cumbre de Mario Vargas Llosa el esperadísimo y celebradísimo Premio Nobel 2010.


Es cosa sabida que me gusta echar mi cuarto a espadas en noticias de gran calado como esta. ¡¡Cáspita¡¡. Parece que el dichoso Nobel se lo han concedido a España entera. Vaya cobertura informativa en las radios y las televisiones. Que enorme cantidad de páginas en los diarios. Cuantiosas felicitaciones a este caballero que es peruano, aunque se nos haya recordado tropecientas veces que tambien tiene la nacionalidad española y es miembro de la Real Academia de la Lengua, la que limpia, fija y da esplendor. Como yo soy yo y mi circunstancia, comenzaré que a mi eso de los Nobel me la trae más bien al fresco. Tan solo podría esgrimir una opinión en este de las Letras y, acaso en el de la Paz. En todos aquellos científicos ni bola ya que mis conocimientos de Física, por ejemplo, rayan en el analfabetismo. Amén de la cuestión política, que como bien sabemos le privó a Borges del que hubiera sido indiscutible, y ahora la señora coyuntura ha favorecido a Vargas Llosa que pienso tampoco admite polémica alguna. Me queda la pregunta del millón: ¿para cuando un premio Nobel del Cine?. Aunque la cosa da un poco de miedo aunque los suecos son muy suyos en inventarse talentos literarios y traer a las editoriales de culo, en lo del llamado Séptimo Arte igual van y se lo adjudican a Christopher Nolan con lo cual se crearía y perdería toda credulidad el mismo año.




Puestos a manifestarme sobre los P.N. concedidos a escritores que se han servido del castellano me sobran unos cuantos: Echegaray, Benavente, el guatemalteco Asturias, el colombiano García Márquez y ¡¡¡¡Camilo José Cela!!!. Me explicoteo. Era yo bien joven cuando la eclosión del celebérrimo boom de la literatura latinoamericana. Dado que se citaban a autores, algunos de los cuales no tenía ni la más repajolera idea de su existencia, formatee un cajón de sastre inicuo en el que lo mismo cabían Octavio Paz, Borges o Carpentier que Rulfo, García Márquez....y don Mario, naturalmente. No fui el único. Afectó a toda una generación de lectores que acudieron a la cinta de salida y disputaron etapas del Tour Hispanoamericano Lector, que no tenía montaña, e infinidad de sprints para llegar el primero a comprar "Cien años de soledad", "La ciudad y los perros", "El siglo de las luces" o "Pedro Páramo". Sobre todo, la de García Márquez que yo me se de quién, a lo largo de un año o más, no leyó novela alguna que no fuese esa. (1).





Tempus fugit. Yo leí "Cien años de soledad" a los veintitantos y quedeme anonadado. Y eso que había recibido un avisete de alguien que de cine andaba algo pez y solía salirse de las pelis a pesar de ganarse parte de su pan en el oficio de crítico cinematográfico de "Mierdaldo de Aragón". Pero de literatura estaba puestisimo y nunca se le hizo la debida justicia en este aspecto en la, con toda seguridad, futura capital europea de la cultura. Joaquín Aranda, obviamente. Yo adquiri mi ejemplar de la novela de García Márquez en la desaparecida librería Hesperia, sita en la Plaza de los Sitios entonces José Antonio. Como Aranda y yo nos conocíamos - yo era crítico en lo del cine en la radio - el fallecido don Joaquín me sopló al oído; no te compres esa mierda, cambiala por "El siglo de las luces". Se ve que no le gustaba el realismo mágico. Al cabo de más de 20 años me dio por releer las cuitas de Macondo....y se me cayeron de las manos. Lo mismo el citado "realismo mag.". Ahora del colombiano solo me gusta "El amor en los tiempos del cólera". El resto de su obra me parece una nadería ajardinada. Un floripondio con menos olores que los sueños inducidos de "Origen". Puestos a recordar otra vez; me volví a topar con Joaquín Aranda y le dije aquello de cuanta razón tenías. Ahora que ya he leído a Borges, a Cortázar, a Carpentier, el colombiano ese no es más que un analfabeto funcional de la literatura que estuvo de moda porque iba de rojo.



Con Vargas Llosa sucedióme lo opuesto. Me habían gustado "La ciudad y los perros", "Los cachorros" y me habían entusiasmado "La casa verde" y "Conversación en la catedral", novelas estas últimas que contienen todo un universo que no desdeña ni el realismo ni la magia pero los junta en el prodigio casi inalcanzable de la armonía de la obra total, amén de sumergirnos en una nación de la que poco sabíamos (Perú) o de un paisaje (la Amazonía, antes de su destrucción) que tenía algo de mítico. El burdel donde el viejo don Anselmo tocaba el acordeón o la taberna en la que se discutía la historia y la política del país del Machu Pichu pasaron ya a formar parte de mi adorado edén literario que en modo alguno me correspondía sino a quién lo había descrito.

Pero llegó la la puta alcahueta de la política y se nos jodió Perú. ¿Como íbamos a admirar a un señor que  presentaba su candidatura a la Presidencia de su país liderando un partido conservador?. Que le enviaba flores verbales a la mala bruja de Margaret Thatcher, que dijo apoyar al P.P.. Vade retro Satanás. Se acabó Vargas Llosa y, como tantos otros donde dije digo dije diego. Vargas Llosa carecía de interés, era un mal escritor y una mala persona. Un chaquetero que había dejado tirado a Fidel y se había pasado a las filas de la más ultramontana derechona. Se acabó. Ni un libro más de ese peruano traidor..........Aunque me temo que tanta animadversión era de boquilla. Más falsa que Judas en mi persona....que seguí leyendo al "malvado escritor". Y encima rematé de cabeza cuando allá por los ochenta y pico, en una de mis anuales visitas a mis amigos de Santander, escuché su preciosa voz en los Cursos de Verano de la Universidad Menéndez y Pelayo (Palacio de la Magdalena). Y como todo el auditorio, se partió de risa cuando Don Mario - al que nunca le faltó el sentido del humor - explicó aquello de que en lo referente al erotismo tenía un severo problema. A saber: solo experimentaba la pulsión sexual explosiva con mujeres de su familia. En efecto, se casó primero con su tía (la Julia) y luego con su sobrina (la actual señora de Vargas).



Quisiera terminar exponiendo mi pequeña exclusión del general vocerío. Creo que Vargas Llosa es un gran escritor y un memorable ensayista y articulista. Creo y reitero que "La casa verde" y "Conversación en la catedral" son dos obras maestras. Que su ensayo sobre la inmensa Madame Bovary roza la genialidad. Que "Pantaleón y las visitadoras" y "La tía Julia y el escribidor" son tan divertidas como estupendas. Que "La fiesta del chivo", en ese tema al que se sienten obligados a escribir todos del boom y los de antes, es junto a "Yo el supremo" de Roa Bastos la mejor novela sobre el dictador de turno. Por tanto Vargas Llosa triunfa allí donde fracasaron García Márquez (¡¡que horror "El otoño del patriarca"¡¡¡), Alejo Carpentier ("El recurso del método"), Miguel Angel Asturias (¡¡que tostón "El señor Presidente") y hasta el padre fundador del subgénero, el mismísimo Valle Inclán en su amanerada y pijotera "Tirano Banderas" (2).

Sus oscilaciones políticas igual se deben al lío de faldas con García Márquez y el puñetazo que dejó al del liqui-liqui (iba con mono de obrero en la sesión de pugilato) con un ojo a la virulé. Que yo soy muy macho y a este mequetrefe no le permito que me quiera birlar a recia moza. Y si el va de rojo, pues me hago azul y le llevo y le llevaré la contraria por los siglos de los siglos amén. Que risa.

Resulta un tanto rarillo que un tipo tan facha como Vargas Llosa escriba siempre novelas más bien críticas con las derechas, el facherío, los militares, los energúmenos con mando en plaza, la globalización y hasta el Imperio.

Y a modo de estrambote no me calló que "La guerra del fin del mundo" me pareció mala, malísima. Y el Rigoberto por ahi, por ahí.  La del "Conselheiro" simulaba una de aquellas más bien siniestras, con las debidas excepciones, películas del "novo cinema brasileiro". Bueno "la debida excepción" en mi caso es "Antonio Das Mortes" de Glauber Rocha, un auténtico musical con muchos tiros y conciencia política. Por cierto, mala suerte la de Mario Vargas Llosa con el cine. Vaya petardos que hicieron él mismo y Francisco Lombardi. Recomiendo no verlos por nada del mundo. Ni en nombre de un Premio Nobel, venga que lo digo, justo e imprescindible.


Luis Betrán


1) No ocultaré mi animadversión por ese cerdo llamado Camilo José Cela del cual solo soporto, y admiro, "La colmena" y "El primer viaje a la Alcarria".

2) Del mismo modo que el teatro de don Ramón me parece extraordinario, su "Tirano" y sus "Sonatas" me dejan gélido.


martes, 24 de agosto de 2010

Un apéndice tragicómico y emotivo al 150 aniversario de la muerte de Chejov


Hablábamos recientemente del 150 aniversario de la muerte del extraordinario dramaturgo y autor de cuentos Anton Chejov. Leo en "El País" un bello artículo de Elvira Lindo sobre como fue la defección y entierro del genial ruso. Aquí está copiado; no tiene desperdicio.

POR QUÉ QUEREMOS A CHEJOV

El último adiós a Chejov estuvo marcado por un quiebro cómico. Su cuerpo inerte, procedente de un balneario alemán, entraba en la estación de Moscú en un vagón de ostras. Aquellos que le esperaban se equivocaron de muerto y se unieron a la comitiva que honraba a un general con orquesta incluida. Su amigo el escritor Maximo Gorki lamentó que aquella anécdota tragicómica rubricara la vida de quién tanto había huido de la vulgaridad. Cierto, pero tambien lo es  que la melancolía chejoviana está impregnada de ese humor con el que empezó a ganarse la vida , escribiendo historietas cómicas bajo el seudónimo  de Antosha Chejonte. Él reivindicó la ironía  tanto en los cuentos posteriores  como en su teatro, luchando porque los actores interpretaran sin énfasis  y sin olvidar que un aliento de comicidad  vibra, como en la vida, por debajo de la tragedia. Chejov no quiso verse nunca a si mismo en el papel del muerto, sino en el del hombre que observa la comitiva fúnebre y reflexiona: "Mientras a ti te llevan al cementerio yo me voy a desayunar". Un tozudo apego a la vida en quién estuvo esquivando el destino fatal  de los tuberculosos durante un tercio de la suya.



La muerte de Chejov en el balneario de Badernweiler ha sido una de las más contadas de la historia de la literatura. Los testigos, Olga Knipper, la actriz que consiguió acabar con su empecinada soltería, el médico del balneario y un estudiante ruso al que Olga pidió ayuda. El doctor, sabiendo que la muerte era inevitable, pidió una botella de champán. Chejov apuró su copa y dijo "hacía tanto que no bebía champán". Se recostó en la cama y cerró los ojos. La ligereza de la escena  encaja bien con este hombre dulce , algo distante "delicado como una muchacha", como le definió Tolstoi. El escritor Raymond Carver, que tanto debía al cuentista ruso, escribió un cuento , "Tres rosas amarillas", en el que se narra esta escena de muerte (1). El relato tiene tales visos de realidad que, otra ironía chejoviana, las biografías publicadas con posterioridad al cuento incluyeron detalles inventados por el americano.



No es extraña la veneración de Carver hacia el ruso. Se podría afirmar que el país en el que de manera más profunda caló la prosa directa y pura de Chejov fue Estados Unidos, donde lo prolijo y lo pomposo no gozan de prestigio. La falta de artificio y la nula idealización de los personajes son los pilares de esa plantilla que Chejov dejó escrita para que sobre ella se escribiera el relato americano. Pero la admiración de los chejovianos (2) hacia Anton no se detiene solo en lo literario. Si Carver escribió sobre la muerte del escritor fue, probablemente, porque llevaba tiempo sumergido en las peripecias de una vida que estuvo marcada, desde su origen, por la rebeldía hacia lo que parece estar escrito sobre un ser humano desde el nacimiento. Chejov, nieto de un siervo que compro su libertad tuvo siempre una clara conciencia de que el escritor de clase alta da a la libertad por garantizada, mientras que aquél que nace en la miseria ha de ganársela a pulso. Aquél hijo de tendero, tercero de seis hermanos, se convirtió en en el cabeza de familia, estudió medicina para acabar practicándola de manera casi gratuita y empezó a ganarse la vida escribiendo de encargo y sin sentirse del todo parte del universo literario.




El héroe chejoviano está lleno de buenas intenciones que se ven lastradas por la torpeza, la inactividad o el destino. Es posible que esa falta de arrojo tuviera una fuente de inspiración en sus hermanos mayores, que malgastaron su talento en el alcohol, y que esa pereza que condena a sus personajes a un destino no deseado fuera la manera en que él , que tanto hizo por transformar su vida, veía a la burguesía  rusa: cultos pero ensimismados en una autocrítica estéril. Chejov no tiene voluntad de explicar el mundo, sin embargo, cuando el lector se entrega a su literatura acaba teniendo la sensación  de entender cual era el estado de ánimo  colectivo que precedió a la Rusia soviética. El escritor Vassili Grossman hablaba de la democracia de Chejov. Se refería a la aspiración  de aquel nieto de esclavo por vivir en un país libre, más justo y laborioso. Frente a las ideas absolutas de Tolstoi, Chejov defendía los efectos benéficos de la ciencia y el progreso. ¿Porqué queremos tanto a Chejov?. Porque es el paradigma  del escritor moderno, no juzga a los personajes, les deja hablar en su propio lenguaje, concede voz a los débiles, a los niños, a los presos, a las mujeres, o defiende la naturaleza y los animales con una actitud hasta el momento desconocida.

"Lo más sagrado es, para mí, el ser humano, la salud, la inteligencia, el talento, la inspiración, el amor y la más absoluta libertad; libertad de la violencia y la mentira en cualquiera de sus formas. Este es el programa que me gustaría seguir si fuera un gran artista" (Anton Chejov).

Sin ninguna duda, lo fue.

Elvira Lindo.- El País, 21/08/2010

No añadiría ni una coma.

Luis Betrán

1) Lo he leído y es una maravilla. De lo mejor de Carver.

2) Uno es chejoviano hasta la médula y los linfomas.