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jueves, 6 de agosto de 2015

DON CARLOS, UNA ÓPERA POLÍTICA Y ESPAÑOLA DE VERDI



A lo largo de su dilatada vida, Verdi escribió más de mil cartas. En muchas de ellas anota que la mejor música que compuso se encuentra en “Don Carlos”- una majestuosa ópera de  más de tres horas – que es la más larga de las suyas, la más comprometida políticamente (a sinistra, lógico tratándose de Verdi) y la más española. Trata nada menos que sobre Felipe II y su malhadado hijo el príncipe Carlos. Traicionando absolutamente la Historia, ya que se basa en el tragedia homónima del gran poeta, historiador, filósofo, novelista y dramaturgo alemán Friedrich Von Schiller. Una obra de romanticismo desaforado,  en la que los enemigos de la libertad no son otros que el absolutismo del tiránico monarca “que en sus dominios nunca se ponía el sol” y la brutal Inquisición de la Iglesia Católica. No falta ni un sangriento auto de fe y unos personajes – Felipe II, el infante Don Carlos, la reina Isabel de Valois, la princesa de Eboli, el Emperador Carlos V - bien conocidos ,aunque convenientemente desfigurados para los intereses de Schiller y Verdi. Con una sola excepción inventada: el marqués de Posa. En ninguna otra ópera del genial maestro de Busetto escucharemos tantas veces la palabra LIBERTAD, y para colmo se llega hasta insinuar algo tan proscrito en la ópera decimonónica italiana como la homosexualidad. Porque, en efecto, el manipulador marqués de Posa está evidentemente enamorado de Don Carlos. Le abraza, le besa y siempre le llama CARLO MIO. Y no en un sentido amistoso ni fraternal.


“Don Carlos” fue, en principio, un encargo de Francia para la Exposición Universal de Paris de 1867. Verdi ya era entonces un compositor famosísimo y con, al menos, cuatro obras maestras en su haber: “Macbeth”, “Rigoletto”, “Il trovatore” y “La traviata”. No le satisfizo demasiado el libreto de Mery y Locle, pero él amaba a Schiller – la excelente y algo preterida “Luisa Miller” – casi tanto como a Shakespeare. Es curioso lo acaecido con el escritor alemán a quién hoy poca gente lee. Y ello es una aberración: no solo fue un magnífico poeta, sino también un imponente dramaturgo autor de tragedias revolucionarias en su época: “Los bandidos”, “María Estuardo”, “Guillermo Tell” y, justamente, “Don Carlos”. Además fue un hombre apuesto, riquísimo y…….adorado por el gran padre de las letras germanas: Johann Wolfgang Goethe. A pesar de la diferencia de edad, el autor de “Fausto” consideraba a Schiller como su más querido amigo y cuando éste murió con tan solo  46 años de edad, Goethe anotó en su diario: “ha muerto Schiller y con él se va la mitad de mi vida”. Más aún: Goethe pediría ser enterrado en Weimar junto a su tumba y se cumplieron sus deseos. Nada hace pensar que Schiller vaya a ser redescubierto después de más de doscientos años de su muerte en 1806.. Pero las cosas eran muy distintas en la segunda mitad del siglo XIX.


“Don Carlos” se convertiría en una auténtica obsesión para Verdi y en la ópera que más veces más veces revisó, junto a “Macbeth” y “Simone Boccanegra”. Nunca quedó satisfecho. Le disgustaba sobremanera el final, con la aparición del Emperador Carlos V en tanto que “deus ex machina”, y tampoco comulgaba con el desmesurado baño de sangre de Schiller. A su muerte, en 1900, Verdi había traducido al italiano el libreto francés original e incluso había suprimido el primer acto, el comúnmente llamado “Fontainebleau”. Consecuentemente prohibió a su gran valedor Arturo Toscanini el estreno de la ahora “Don Carlo” en la Scala de Milán. En 1867, en el Palais Garnier, había constituido un gran fracaso. “Don Carlos” o “Don Carlo“durmió el sueño de los justos hasta la segunda década del pasado siglo. A partir de entonces, y gracias sobre todo al fabuloso director Carlo Maria Giulini – y a Herbert Von Karajan -, los más importantes maestros de la dirección orquestal interpretaron en los coliseos operísticos más exigentes del mundo la genial obra proscrita. Y llegaron asimismo infinidad de grabaciones discográficas. Y en esas continuamos sin que el entusiasmo por la excepcional ópera decaíga.  Todo ello, pese a las extremas dificultades que presenta una representación o una grabación digna de la, para mí y no estoy solo en esta apreciación, cima absoluta de la ópera italiana. Continuará.


Naturalmente los deseos de Verdi tiempo ha que han sido traicionados. Y, encabezando el pelotón Riccardo Muti,  hace ya como algo más de una década que “Don Carlo” ha vuelto a ser “Don Carlos” representándose la versión francesa original en 5 actos. Un disparate que priva además a la magna creación verdiana de su “italianitá”, la convierte en una ópera de longitudes desmesuradas y rescata el acto I – Fontainebleau – que Verdi detestaba (con razón) y suprimió. Se precisan nada menos que 5 voces de primer orden para que esta magna creación verdiana alcance toda su potencia y dimensión. Además, 3 de ellas han de poseer auténtico talento actoral. Porque si el Príncipe no deja de ser un bobalicón fácilmente manipulable y la Reina Isabel de Valois es un personaje desvaído, no sucede lo mismo con los intrigantes Posa y Eboli y los tremendos Felipe II y el Gran Inquisidor. El enfrentamiento, en un tremendo e inigualado dúo, entre estos dos tiranos despiadados es uno de esos momentos sublimes que de vez en cuando se dan en la ópera y que permanece inmutable en su modernidad. El poder terrenal – que al fin y al cabo tiene su corazoncito – deberá ceder ante el poder de la más tridentina y sangrienta Iglesia Católica .…..


Para Don Carlo basta con un tenor lírico – Bergonzi (el mejor), Pavarotti, Carreras, Aragall -; Isabel de Valois cuenta con una aria que exige una voz de notable volumen y gran belleza tímbrica – Caballé. Tebaldi, Brouwjenstein, Fleming; el Marqués de Posa es uno de los mejores papeles para el barítono verdiano que además ha de ser un actor convincente – Gobbi, Capuccilli, Bruson, Hampson - ; Eboli es una mezzo con arrestos, ha de batirse el cobre con la formidable aria “o don fatale” – Simionato, Barbieri (la mejor), Cosotto, Zajick -.. Felipe II precisa de un bajo que matice hasta lo casi inalcanzable su bellísima aria “ella giammai m’amo” y que sea capaz de resultar brutal y temible – Christoff (nadie le ha superado), Ghiaurov, Ramey, Van Dam – y, finalmente, El Gran Inquisidor, descrito por Schiller y Verdi como un anciano ciego de 90 años, tiene que causar auténtico pavor – Talvela, Salminen, Korchega……


En estas condiciones, y más en los tiempos que corren, una velada operística presidida por “Don Carlos” no será nunca perfecta. Tampoco lo fue en el pasado. Dos son las grabaciones que, en mi opinión, han hecho justicia a esta obra maestra: 1) 1965: Dirección: sir Georg Solti (Coro y Orquesta del Covent Garden londinense), Carlo Bergonzi, Renata Tebaldi, Grace Bumbry, Nicolai Ghiaurov, Dietrich Fischer-Dieskau (¡¡inconmensurable Posa¡¡), Martti Talvela. 2) 1970: Dirección: Carlo Maria Giulini (Coro y Orquesta del Covent Garden londinense), Plácido Domingo, Montserrat Caballé, Shirley Verrett, Ruggero Raimondi, Sherril Milnes, Giovanni Foiani. Preferible la de Solti. En la de Giulini (máxima dirección orquestal), ni Domingo, ni Milnes ni Foiani dan la talla en el Infante, Posa y el Inquisidor respectivamente. No hay que extrañarse de que la orquesta sea la misma en ambas. La Royal Opera House Covent Garden fue en el siglo XX el coliseo operístico más adicto a esta cumbre de Verdi. Y es que allí se estrenó en 1961 la mítica puesta en escena del genial cineasta Luchino Visconti, que ha dejado imperecedera huella.

Luis Betrán

Pdta: ARIA MARQUES DE POSA DMITRI HVORTOKSKY
ARIA ISABEL DE VALOIS ANJA HATEROS
DUO DON CARLOS Y POSA JONAS KAUFFMAN Y THOMAS HAMPSON
ARIA FELIPE II BORIS CHRISTOFF
ARIA EBOLI MARIA CALLAS

sábado, 7 de agosto de 2010

150 aniversario de Gustav Mahler

Gustav Mahler (Kaliště, Bohemia, actualmente República Checa, 7 de julio de 1860 - Viena, 18 de mayo de 1911)

En las primeras décadas del siglo XX, Gustav Mahler era recordado como uno de los más importantes directores de orquesta y de ópera de su momento. A mediados de ese siglo, una creciente valoración por la interpretación de sus obras y el estudio de su vida lo reconoció entre los compositores más destacados en la Historia de la Música. Además de sus nueve sinfonías terminadas (diez, si se incluyen los bosquejos de la Décima), sus principales obras son: Lieder eines fahrenden Gesellen ("Canciones de un camarada errante"); las composiciones sobre los textos de Des Knaben Wunderhorn ("El muchacho del cuerno mágico"); Kindertotenlieder (o "Las canciones a los niños muertos"), con Ruckert-lieder, basándose en ambos casos en los textos y el mismo título de los escritos por el poeta alemán Friedrich Rückert; también, la renovadora síntesis de sinfonía-ciclo de canciones Das Lied von der Erde ("La canción de la Tierra"), con letra de poemas traducidos del chino al alemán.
(Ver Biografía en Wikipedia)




MAHLER

Cuando se estrenó en España "Muerte en Venecia" (Morte a Venezia, Luchino Visconti 1970) el memorable comienzo del film con una bellísima estética a lo Turner acompañada de una exquisita música, fueron muchos los que se preguntaron a quién pertenecía esa hermosísima melodía. Se trataba del "adagietto" de la 5ª sinfonía de Gustav Mahler. A partir de entonces muchos españolitos, más o menos mediáticos, se convirtieron al "mahlerismo" sin que antes se les conociese aficiones musicales tan delicadas. El más notorio fue el que era Vicepresidente del Gobierno, el impresentable Alfonso Guerra, que se autoproclamó amante de la música de Mahler de toda la vida. Que rostro.

Honestamente confieso que yo tambien llegué a Mahler gracias a Visconti, y poco a poco fui conociendo la totalidad de la obra - más bien escasa - del compositor bohemio hasta que desde hace años se convirtió en uno de los músicos "clásicos o cultos" que más he amado y amo, por supuesto. Los restantes, con algún olvido probable, serían Bach, Bach, Bach.......Haendel, Vivaldi, Mozart, Beethoven, Schubert, Chopin, Brahms, Wagner, Verdi,  Bruckner, Debussy, Ravel, Satie, Albéniz, Stravinsky, Richard Strauss etc.





Mahler: retrato por Egon Schiele

En vida el drama de Mahler consistió en ser más famoso como director de orquesta que como compositor. En efecto, en aquella mágica Viena de finales del XIX y comienzos del XX (hasta la Primera Guerra Mundial) se podían cruzar por sus calles y saludarse (o no) Sigmund Freud, Stefan Zweig, Gustav Klimt, Egon Schiele, Oskar Kokoschka, Arthur Schnitzler, Carl Jung, Max Reinhardt....y Mahler en su condición de director (el único titular que tuvo en su fabulosa historia la mítica orquesta) de la Filarmónica de Viena. Cuenta Harold Schonberg (1) que hasta era una atracción de un menos que incipiente turismo, ya que los cocheros de la capital austríaca indicaban a los visitantes el lugar en el que se ubicaba su casa.





Alma Mahler-Werfel fotografíada por Man Ray

Mahler era judío, amante de los deportes de montaña y poseedor de un carácter inestable e hipersensible. Se casó con la famosa Alma por cuyo lecho ya habían desfilado Klimt y Kokoschka. Luego, durante su matrimonio, continuaría alargándole la cornamenta a Gustav, y a su muerte escribiría un librito de memorias - que he tenido el placer de leer y es asaz divertido - en el que acusaría al músico difunto de autoritario, de no haberle dejado publicar sus propias composiciones (hecho que parece ser cierto) y de que había sido muy poco feliz en sus años de casada. Bueno; la señora luego repetiría cónyuge con el arquitecto Walter Gropius y el novelista Franz Werfel. Ya era mayorcita y parece que sus furores uterinos se calmaron. Conviene advertir que los lieder de Alma Mahler-Werfel (como firma su libro) carecen por completo de interés.

El hecho que desató la progresiva depresión de Mahler fue la prematura muerte de su primogénita María a los 5 años de edad. Alban Berg le dedicó a la niña su maravilloso concierto para violín conocido como "concierto a la memoria de un ángel". Nuestro compositor se psicoanalizó con Freud quién anota en sus diarios: "hoy me ha visitado herr Mahler, un genio, pero como es posible que me pregunte cosas tan ingenuas como de donde venimos y adonde vamos". La frase de Freud ejemplifica muy bien la cultura - elevada pero poco asimilada - e incluso la dicotomía de la música de Mahler.



Portada de cd de la Sinfonía nº 4 de Mahler ilustrada con cuadro de Gustav Klimt

La obra de Mahler podemos dividirla cómodamente en dos categorías: 1ª: Las sinfonías, 2ª Los lieder. Es en las sinfonías donde mejor observamos dicha dicotomía. A pasajes de refinado y extraordinario lirismo suceden o interrumpen crescendos orquestales atronadores. Mahler, un supersticioso, compuso 9 sinfonías pero en vida se negó a denominar a la última con ese número que el consideraba conducía directamente a la muerte. Nueve sinfonías legaron Beethoven, Schubert y Bruckner antes de morir. La postrera de Mahler se publicó despues de su muerte, y aún dejó inacabada la décima. Mahler procede de Richard Wagner vía Anton Bruckner del que nuestro compositor fue alumno y al que admiraba - con razón - hasta casi la idolatría. Las construcciones catedralicias brucknerianas determinaron la estética de su alumno y su mayor originalidad fue incluir  lieder y coros enormes, siguiendo la pauta marcada por Beethoven en su 9ª sinfonía. Mahler, un cardiaco de herencia fuertemente romántica, parece querer cambiar el mundo con estas orgías musicales de colosales pretensiones. Lo que le lleva a resultar, en más de una ocasión, pomposo y mesiánico.



La 1ª sinfonía ya lleva el sobrenombre de "Titán" y, aun siendo estrictamente instrumental, hace honor a su calificativo en un 4º movimiento en el que parece que Atlas ya no ha soportado más el peso de la esfera terráquea y todo ha saltado por los aires. En cualquier caso es una excelente pieza, en la que lo que más me gusta son las ingeniosas variaciones que el compositor incluye en en movimiento 3ª sobre la canción infantil francesa "Frère Jacques". Versiones referenciales: Walter, Kubelik, Neuman, Bernstein, Haitink, Barbirolli...Recomiendo la del inmenso checo Rafael Kubelik. Muy interpretada en los últimos años, a partir de la fiebre Mahler.




Sinfonía nª 2 "Resurreción". Una indudable obra maestra  a pesar de su ampulosidad. Mahler añade el bellísimo lieder "Ulricht" y un finale optimista y grandioso con participación de soprano, contralto y gran Coro Mixto. Dada su duración, sobre 70 minutos, se suele interpretar en solitario en los programas. Y con gran frecuencia a pesar de las dificultades y el contingente humano que precisa. Aquí no hay duda posible: Otto Klemperer - "el augusto" , uno de los 4 0 5 más grandes directores de orquesta de todos los tiempos y discípulo de Mahler - se lleva la palma en cualquiera de sus interpretaciones, en vivo o en estudio.

Sinfonía nº 3.- Irregular, con una maravillosa canción a cargo de una soprano (tambien se escuchaba en "Muerte en Venecia"), funde pasajes hermosamente poéticos con "tuttis" atronadores. Sin menoscabo alguno de su evidente calidad, no figura entre mis favoritas. Interpretación más recomendable los de siempre: Walter, Bernstein, Kubelik, Neuman, Ancerl, Horenstein......y entre los que están vivos Abbado. No se ejecuta con demasiada frecuencia.




Sinfonía nº 4.- Otra obra maestra maravillosa que se sitúa en las antípodas de la "Resurrección". Aquí todo es juguetón, de aire hasta infantil, alegre, sin dramatismo ni pretensiones trascendentales. El finale consiste en una deliciosa canción cargada de ironía en la que se cuenta como se divierten los santos en el cielo. Interpretadísima, y con razón. Al igual que la 2ª debe figurar con justicia en el catálogo de las mejores sinfonías jamás escritas. Aquí me quedo con Barbirolli o Bernstein.




Sinfonías nº 5, 6 y 7.- Estas tres obras suponen un importante cambio en el estilo mahleriano. La 5ª es la del celebérrimo adagietto que supone 10 minutos de paz y sosiego entre el estrépito reinante. La 6ª y la 7ª son las más difíciles de su autor. Con todo logro entrar en el misterioso universo de la pero me quedo indiferente ante las "músicas nocturnas 1 y 2" de la . Surgen en estas piezas - las tres instrumentales, sin coros ni cantantes - fuertes disonancias que influirán decisivamente en el dodecafonismo y en el serialismo  como han reconocido a lo largo de los años Schoenberg, Berg o Boulez hoy director mahleriano sin demasiada consistencia. Probablemente la 6º sea una obra maestra. No sabría pronunciarme sobre la 7ª. Intérpretes de referencia: Barbirolli para la  quinta y la sexta, Klemperer, Kubelik y Bernstein para la séptima.




Sinfonías nº 8 y 9.- La octava supone un retroceso a un romanticismo tardío y es la desmesura misma. Totalmente cantada, su primera parte es el himno "Veni creator", la segunda las escenas finales del "Fausto" de Goethe. Precisa de un coro inmenso y 8 solistas nada menos. Sus escasas representaciones suelen ser acontecimientos musicales. A mi, personalmente, no me estimula demasiado tanto aparato - es conocida  como la Sinfonía de los Mil,  nº de ejecutantes que demandaba Mahler - aunque la grandeza de su concepción no deja de ser admirable. La interpretación referencial sigue siendo la muy antigua de Bruno Walter. Luego, si acaso, vendrían Georg Solti y Lorin Maazel directores muy dados al ruido y la furia.

La sinfonía póstuma de Mahler - instrumental - es otra abrumadora obra maestra que el compositor nunca llegó a escuchar. Aquí se funde en perfecta simbiosis lo mejor de las quinta, sexta y séptima. Fue poco interpretada hasta hace algo así como diez años en los que han sentado cátedra Claudio Abbado y hasta el jovencísimo (29) años venezolano Gustavo Dudamel. Ninguno de ellos ha logrado igualar al gran Jascha Horenstein en su mejor interpretación mahleriana.


La canción de la Tierra (Das lied von der erde)



La obra mas inclasificable del genial compositor y, en mi muy discutible opinión, la cumbre de todo el opus mahleriano. ¿Es un poema sinfónico con mezzosoprano o contralto y tenor?. ¿Es, somo piensan y han escrito algunos expertos la verdadera sinfonía nº 9 que el compositor se negó a denominar con esa numeración por el fatídico presagio del 9?. Irrelevante. "La canción de la tierra" es una de las más bellas composiciones de la historia de la música, tanto en su prodigiosa instrumentación - ese perturbador uso del tam-tam en el finale -, en su hipnótico melodismo como en las extraordinarias y punzantes partes cantadas. La correspondiente al tenor posee una tesitura inclemente que tan solo Fritz Wunderlich ha sabido alcanzar. La melancólica, triste y casi con aires de adios a la vida de la contralto precisa de una voz que sepa además interpretar toda la sutileza emocional de su cometido. La irrepetible contralto Kathleen Ferrier - una de las mayores voces femeninas de la historia del canto - tan prematuramente fallecida (1912-1953), ha sentado y sentará para siempre cátedra en la interpretación de los bellísimos poemas chinos que enaltecen esta asombrosa partitura. Es por ello por lo que aquí no podemos soslayar dos registros referenciales: el de Bruno Walter con Ferrier y el discreto Patzak y el de Klemperer con Wunderlich y la gran Christa Ludwig.




Los lieder

Mahler es un liederista excepcional que no desmerece de los grandes maestros de la canción de concierto en alemán: Schubert, Schuman, Brahms, Wolf. Y a eso añade la virtud de no parecerse a ninguno de ellos. Tanto los Lieder eines fahrenden Gesellen ("Canciones de un camarada errante"); las composiciones sobre los textos de Des Knaben Wunderhorn ("El muchacho del cuerno mágico"); Kindertotenlieder (o "Las canciones a los niños muertos"), con Ruckert-lieder, basándose en ambos casos en los textos y el mismo título de los escritos por el poeta alemán Friedrich Rückert constituyen ciclos que son ejemplos supremos de la sabiduría del compositor en este género, acaso en el que consiguió - junto a "La canción de la tierra" - alcanzar lo verdaderamente inefable. En ellos está el amor, el dolor, la pasión y hasta el humor por raro que parezca. No sabría muy bien por cual de ellos decantarme, si hubiese de elegir tan solo uno este sería el integrado por las lacerantes "Canciones a los niños muertos", simplemente estremecedor.




Los lieder de Mahler han sido todo un regalo para los máximos cantantes - masculinos o femeninos y en cualquier tesitura - de cámara. La interpretación insuperable será, como es habitual en el lied, la de Dietrich Fischer-Dieskau que los grabó varias veces y le acompañaron toda su larga carrera, incluso desde el principio a finales de los 40 cuando Mahler cotizaba a la baja. Dígase lo mismo de de las escasas y apabullantes muestras dejadas por Kathleen Ferrier con Bruno Walter al piano. Y a continuación Janet Baker, Christa Ludwig, Birgitte Faessbander, Anton Dermota, Alexander Kipnis, Ernst Haefliger, Dietrich Henschel, Matthias Goerne, Herman Prey....y el barítono norteamericano Thomas Hampson, el único que ha podido acercarse al inconmensurable Fischer-Dieskau. Suelen interpretarse con acompañamiento pianístico u orquestal. Mahler los concibió, no todos,  para voz y orquesta sinfónica, lo que exige un esfuerzo suplementario al cantante.

Hoy este grande de la gran música figura - desde hace ya mucho tiempo - en los atriles de los directores de orquesta de todo el mundo. Mahler ya ha llegado merecidamente a la estratosfera en la que moran los artistas que están por encima del bien del mal. No siempre fue así: los dos más grandes directores sinfónicos del siglo XX (lo que equivale a la historia) Wilhelm Fürtwangler y Sergiu Celebidache ignoraron toda su vida la música de Mahler, ellos fueron apóstoles genuflexos - sobre todo el segundo - de Anton Bruckner. En el tercer milenio y en el año de 2010 el mayor director vivo Claudio Abbaddo es el máximo mahleriano  y, como antes escribí, la sorpresa del mediático Gustavo Dudamel y su orquesta "Simón Bolivar" no le anda muy a la zaga.


Luis Betrán

1) Harold Schonberg: crítico musical durante más de 50 años del New York Times y, posiblemente, el mejor escritor-musicólogo. Cualquiera de sus libros son de fácil adquisición y reunen las dos virtudes de la amenidad y del enseñar deleitando. Falleció hace un año aproximadamente con más de 90 años.

En cine el auténtico Mahler no es otro que Ashenbasch-Bogarde de "Muerte en Venecia". En 1974, el británico Ken Russell realizó su film "Mahler" estrenado en Zaragoza en el extinto cine Rex. A pesar de  la justamente pésima reputación de Russell, se trata de una estimable película

martes, 29 de junio de 2010

El Kaiser del canto cumple 85 años



Hoy no vamos a ir de cine sino de música. El arte más abstracto que existe. El que cada uno interpreta a su manera. Recuerdo sobre este menester la excelente película de Andrzej Wajda "El director de orquesta" (Dyrigent, 1980), protagonizada por sir John Gielgud, Daniel Olbrichsky y Krystine Janda. En ella se narra el fastidioso asunto de que el director de la Filarmónica de Varsovia - ordenancista y de mal carácter, amén de funcionario del partido - se pilla un rebote de narices porque el Gobierno polaco contrataba (en los postreros años de la Unión Soviética y sus satélites) los servicios de otro director de orquesta de fama y prestigio mundial, aunque británico, interpretado magistralmente por Gielgud. El caso es que sir John, lejos de los berridos de Daniel, se sentaba tranquilamente en un taburete y les comentaba a los músicos: vamos a dejarnos de tonterías sobre eso de que los primeros acordes significan las llamadas del destino, simplemente vamos a hacer música. La obra a interpretar era, obviamente, la 5ª Sinfonía de Beethoven. Chan, chan, chan, chan....

Amo la mal llamada música clásica o música culta casi tanto como el cine. Y la ópera. Y el jazz. Y el folk. Y la "chanson" (el salón de mi casa está presidido por una fotografía conjunta de Jacques Brel, Georges Brassens y Leo Ferré). Y el blues. Y el flamenco. Y el fado. Y hasta el rock de los 60 y 70 (stop Beatles y Rolling Stones). E incluso la copla cuando la canta doña Concha Piquer y no Rocío Jurado.Y.....los scores cinematográficos pero sin pasión. Continuará.

Hoy me quedo en la más inmortal e imperecedera ya que en 2010 cumple 85 años probablemente el cantante lírico más importante y trascendental del pasado siglo: Dietrich Fischer Dieskau, nacido en Berlín el 28 de mayo de 1.925


EL KAISER DEL CANTO CUMPLE 85 AÑOS





Le llamo el "Kaiser" porque su presencia, su elegancia y su señorío me recuerdan.....a un gran futbolista alemán llamado Franz Beckenbauer que jugaba de defensa central (líbero se decía entonces), que birlaba los balones a los delanteros sin despeinarse ni dar una sola patada y encima organizaba el juego del Bayern Munich y de la Selección Alemana. Un genio del balonpié, sin duda (3 mundiales 3). Al igual que nuestro hombre, que además de cantante es escritor, dirige orquestas de vez en cuando y es desde hace muchos años una figura capital de la cultura germana.

D.F.K. es barítono lírico y en esa tesitura nadie le ha discutido la primacía en la segunda mitad del siglo pasado, aunque en esto de la ópera sucede como en los toros: hay filias y fobias. También en el cine. Nunca he ocultado mi animadversión al cine americano de los últimos años que, salvo la excepciones de rigor, es profundamente idiota, infantil en el peor sentido de la palabra y queda a años-luz de su gran época de esplendor, que por cierto fue larguísima (de los orígenes del todavía llamado 7º Arte hasta los años 70 que es cuando inicia su lento y progresivo declive). A D.F.K. se le ha acusado de manierista, de demasiado exquisito (???), de tocar demasiados "palos" resultando inadecuado en más de uno. Discrepo. Lo de querer estar en todos los "ajos" y a destiempo me parece aplicable a Plácido Domingo cuya obsesión por ser considerado "el mejor tenor de todos los tiempos" solo es comparable a la de Daniel Barenboim por conseguir de una vez "el Premio Nobel de la Paz".




Razonemos la discrepancia. El gran teutón ha cantado ópera alemana, italiana, francesa, húngara... y su repertorio ha abarcado a Mozart, Haydn, Wagner, Strauss, Verdi, Puccini, Bach, Haendel, Cimarosa, Debussy, Ravel, Bizet, Massenet, Hindemith, Pfizner, Schoenberg, Berg, Britten....vamos que ni el Plácido por más que lo intente. Y eso contando con que existen muchos mas roles de lucimiento para tenor que para barítono. No contento con eso ha sido el "primus inter pares" en el refinadísimo campo del "lied" alemán o la "melodie" francesa. Se podrá, como mucho discutir su rango en la ópera. En absoluto en la canción. D.F.K. ha sido el mejor liederista que haya existido en cualquier espacio y tiempo. Un estudioso impar de Schubert, Schuman, Brahms, Wolf, R.Strauss, C.Debussy,W.A. Mozart.....hasta compositores vanguardistas del siglo XX a los que tambien interpretó y algunos de los cuales incluso crearon óperas para él, caso de "El rey Lear" de. Su libro "Hablan los sonidos, suenan las palabras" es lo más certero y minucioso que se haya escrito sobre los diversos estilos de canto que requieren cada uno de los compositores que él ha interpretado.



Su presencia escénica fue, poco a poco, haciéndose magnética. En su juventud se asemejaba al típico panzer alemán, grueso y cuadrado. Pero con los años se fue convirtiendo en ese caballero impecable -  un poco a lo Alfredo Kraus - y en interprete dramático de primer orden. Como era de esperar se le llamó "María Callas del lied", lo cual no me parece una comparación del todo acertada por más que uno sea "tiffosi" total de la divina.

D.F.K. nunca tuvo una gran voz si por ello entendemos robustez y volumen. No fue Hans Hotter, Herrman Prey ni  Ettore Bastianini  o Titta Ruffo . Y qué. Su timbre era bellamente aterciopelado, sus graves rotundos, sus agudos más que suficientes y "decía" el canto como nadie antes.....ni después. Los mejores liederistas del tercer milenio: Matthias Goerne, Dietrich Henschel, Ian Bostridge, Mark Pardmore....o han estudiado con él o les resulta imposible escapar a su influencia. Su discografía es enorme, pero aquí tampoco Plácido descansará hasta que la supere en cantidad que no en calidad.

La ópera

Como es de ley donde más brilló fue en la ópera alemana. De Mozart a Alban Berg. Destaco sus roles más canónicos y en los que sentó catedra.



W.A. Mozart

El Conde de "Las bodas de Fígaro" (versión en CD dirigida por Karl Böhm),  Papageno en "La flauta mágica" (versión CD de Ferenc Fricsay y de Karl Böhm)

Richard Wagner

Wolfram en "Tannhäuser" (versiones de Joseph Keilberth y Franz Konwitchny), Telramund en "Lohengrin" (versión de Rudolf Kempe), Gunther en "El ocaso de los dioses" y Wotan en "El oro del Rhin" y La walkiria" (versiones respectivas de la tetralogía completa "El anillo del Nibelungo" de Georg Solti y Herbert von Karajan), Kurwenal en "Tristán e Isolda" (versiones de Wilhelm Furwängler y Carlos Kleiber), Hans Sachs en "Los maestros cantores de Nüremberg" (versión de Eugen Jochum), Amfortas en "Parsifal" (versiones de Hans Knapperstsbusch y Georg Solti). Sus apariciones en Bayreuth fueron numerosas en la edad de oro del templo wagneriano, cuando oficiaba Wieland Wagner.

Richard Strauss

Orestes en "Elektra" (versión de Karl Böhm), Mandryka en "Arabella" (versión de Wolfgang Sawallisch)

Ferrucio Bussoni

Fausto en "Doktor Faust" (versión de Ferdinand Leitner)

Alban Berg

Doctor Schön en "Lulu" (versión de Karl Böhm)

Hans Pfitzner

Cardenal Borromeo en "Palestrina" (versión de Rafael Kubelik)

Paul Hindemith

Mattias Grünewald en "Mathis der Maler" (versión de Paul Hindemith)

El rol titular de "Cardillac" (versión de Joseph Keilberth)




Opera Italiana

Domenico Cimarosa

Gerónimo en "Il matrimonio segreto" (versión de Daniel Barenboim)

Gioachinno Rossini

Guillermo Tell en "Guillaume Tell" (versión de Mario Rossi en italiano)

Giuseppe Verdi

El papel titular de "Rigoletto" en la mejor versión en CD de esta ópera, la dirigida por Rafael Kubelik con Renata Scotto (Gilda) y Carlo Bergonzi (Duca di Mantua)

Rodrigo marques de Posa en "Don Carlo" (versión de Georg Solti)

El papel titular de "Falstaff" (versión de Leonard Bernstein)

Es evidente que Dieskau carecía de squillo y de italianitá para este repertorio. Pero su aristocrático fraseo y su dramatismo nunca exagerado compensaron estas carencias. Por supuesto nunca fue un barítono verdiano en la línea de Titto Gobbi, Giuseppe Taddei, Renato Bruson o Piero Capuccilli.


Añadamos sus formidables prestaciones en "La damnation de Faust" de Hector Berlioz o "El castillo de Barba Azul" de Bela Bartok. Y "El Rey Lear" compuesta para él por Aribert Reimann , dificilísimo y larguísimo reto en una ópera de extrema aridez que nadie ha osado cantar despues de él.

Se observará que fue dirigido por maestros de la dirección de orquesta de magnitud referencial, empezando por Fürtwangler y seguido por Knapperstbusch, Böhn, Fricsay, Kubelik, Kempe, Solti, Bernstein, Karajan, Sawallisch y una lista absolutamente única con las mejores orquestas de las diversas épocas.

En algunas óperas fue acompañado por su esposa, la eximia soprano Julia Varady, a la que dirigió en numerosos recitales.




Música religiosa

Decir, y no hace falta más que D.F.K. ha sido el supremo intérprete de Johann Sebastian Bach. Tanto en las "Pasiones", como en las cantatas o en la tremenda "Misa en si menor". Su director de cabecera en este magno repertorio fue el inconmensurable Otto Klemperer.

El lieder




No puedo añadir más de lo expuesto al principio. Estamos ante el mayor artista de este excelso repertorio.
Ya he citado los compositores (practicamente todos) en los que el genial cantante alemán ha sido, y será , imbatibkle. Una de las máximas emociones que he sentido en mi vida escuchando música, ha sido la de oirle sus 5 0 6 versiones de ese monumento cultural llamado "Viaje de invierno" (Winterreisse", Franz Schubert) acompañado por Gerald Moore, Parssons, Reinmann, Barenboim etc., o bien sus recitales en vivo (editados en CD) con la presencia al piano de Sviatoslav Richter con el que los expertos están de unánime acuerdo: el más grande y versátil pianista de todo el siglo XX. Tanto monta, monta tanto. Escrbiré de Richter en otra ocasión ya que  tuve la inmensa fortuna de asistir a dos conciertos que ofreció en Zaragoza. Si, si, en Zaragoza.

Y ya no prosigo. Sirva este texto absolutamente improvisado - se crea o no - como felicitación al más insigne cantante del siglo XX. Me ratifico en ello.


Luis Betrán


miércoles, 25 de noviembre de 2009

Grandes voces de la ópera: Victoria de los Ángeles

¡Que Santa Cecilia se torne milagrera en tanto que patrona de la música! ¿Qué hemos hecho los amantes de la lírica para merecer esto? Annus horribilis el 2004: Fedora Barbieri, Franco Corelli, Gérard Souzay, Nicolai Ghiaurov, Hans Hotter, Renata Tebaldi... Y llega el gélido 2005 y la inflexible Parca siega la vida de la amadísima Victoria de los Ángeles en aquestos horrendos aquilones de enero, febrero y marzo.

Como dice Castilla del Pino "Victoria no nos hizo solamente oir lo bello: en muchas ocasiones lo creo”" y añade Juan Angel Vela del Campo "ha convertido en oro todo lo que ha tocado, su pérdida es inmensa, no hay consuelo posible, qué dolor su ausencia" (El País, 16 de enero de 2005).

En efecto, Victoria de los Angeles –la más grande cantante lírica española de todo el siglo XX– no era únicamente una dama de la ópera, era mucho más. La expresión tan manida de singular e irrepetible parece concebida para esta mujer tantas veces golpeada por el infortunio en su vida privada, para esta antidiva que ejemplificó, en el sentido más profundo que se puede dar a esta palabra, el calificativo de artista. Su sensibilidad trascendente, su quitaesenciada musicalidad, su fraseo de encaje, su timbre de amorosa seda, su perfecta diccción en italiano, en alemán, en francés –que maravilla su forma de interpretar la melodie de Fauré, de Chausson, de Canteloube o las frágiles criaturas de Massenet, de Gounod, de Debussy-, su dramatismo o gracejo, según el caso, en las canciones españolas de Falla, Granados, Rodrigo, Turina, Mompou, Monsalvatge, Toldrá...

Quedan para la historia sus puccinianas Mimí o Butterfly junto a tenores del calibre de Jussi Björling o Giuseppe Di Stefano; su Elizabeth del wagneriano Tannhausser en Bayreuth bajo la dirección de Sawallisch –ella fue la única española que pisó el coliseo de la verde colina–; su divertida e interiorizada Rosina de El Barbero de Sevilla; su fragante condesa de las mozartianas Bodas de Fígaro; se sensualidad sin desgarros chulescos en la estupenda Carmen dirigida por sir Thomas Beecham; sus verdianas Desdémona (Otelo, naturalmente) junto a Mario del Mónaco o Amelia (Simon Boccanegra) con Tito Gobbi; su inigualable Marguerite del Fausto de Gounod con la batuta de André Cluytens y flanqueada por Nicolai Gedda y el enorme Boris Christosff; su perfumada Manon de Massenet dirigida por Pierre Monteux; su etérea Melisande de Debussy con la que se despidió de la ópera en 1980 (Madrid) y su trágica Salud de La vida breve de Falla que sólo ella hizo inmortal. Y en la intimidad camerística y emotiva del lied, acompañada por Gerald Moore en sus décadas de esplendor vocal de los 50 y los 60, solamente Elisabeth Schwarzkopff y Dietrich Fischer Dieskau le pueden hacer sombra; con ellos grabó un fabuloso LP, trasvasado a doble cd, en homenaje a ese maestro de los pianistas acompañantes. Y en la canción española de concierto nadie tuvo el decir primoroso de Victoria. Ni su antecesora Supervía ni sus seguidoras Lorengar o Berganza.

Y con todo... ¡qué vergüenza!, ¡qué indignidad!, ¡qué ingratitud! para Cataluña y España entera. Victoria de los Ángeles hizo su gran carrera operística en Alemania, Italia, Austria, Inglaterra, Francia, Argentina y hasta en Japón o Sudáfrica. Cantó ópera nada menos que en 53 países, pero poco, poquísimo en España y junto a Alfredo Kraus como único tenor español en el Werther de Massenet. El Liceo, donde había debutado en 1945, la castigó posteriormente con 27 años de ausencia, probablemente por apellidarse López García y ser una charnega. Y aquí me permito una digresión para oportunistas postmodernos: el nacionalismo es la raíz fascista, la izquierda jamás puede ser nacionalista, su razón de ser -Marx dixit- es el internacionalismo, la ausencia de fronteras, la unión del proletariado universal. Victoria retornó al emblemático teatro de las Ramblas en l992 y la aclamaron y la inundaron de flores. ¡A la mierda hombre, a la mierda!, como diría Fernando Fernán Gomez. La hipocresía y el oportunismo primando sobre la cultura en los politicastros de aldea.

A la postre, nada importa tanta mendacidad. La voz más íntima y estremecedora del ultimo siglo –de nuevo Vela del Campo– nos dejó un tristísimo 15 de enero de 2005 a los 81 años. Había nacido el 1 de noviembre de 1923. En nuestra memoria quedará el recuerdo de una mujer que cantaba como su nombre, que nos emocionaba como un poema de Cavafis, como una tela de Rosetti, como una película de Ozu. Ella es genialmente inmortal.

martes, 17 de noviembre de 2009

Grandes voces de la ópera: Maria Callas

El día 17 de septiembre de 1977 fallecía, en su lujoso apartamento de París, la “prima donna assoluta” de la ópera del siglo XX. “Callas forever”, para siempre -como el título de la reciente, fallida y nunca vista en Zaragoza película del otras veces estimable cineasta y director teatral Franco Zeffirelli, alguién que concibió escenografías barrocas (Tosca, sobre todo) para la más perdurable de las sopranos-.

Porque en plena era de la mercadotecnia, de las voces inmaculadas e inertes, de la publicidad desmedida, Callas vende más discos que, por ejemplo, los tres tenores S.L., juntos y por separado. Quede claro, no obstante, que esto tiene el mismo interés que sus amoríos con Onassis, sus peleas con sopranos envidiosas o con teatros ayunos de profesionalidad, sus caprichos y sus cóleras de diva sin mesura; es decir, ninguno.

Hubo antes, durante y después de Callas, voces que emitieron y emiten más bellos sonidos. No es necesario citar nombres, están en el consciente y en el inconsciente del colectivo de los amantes de la lírica. Pero no existió cantante alguna que mejor interpretase el hecho operístico. Drama cantado, no se olvide. O comedia cantada y recitada, que las hubo sobresalientes e hicieron inmortal a Rossini, por ejemplo. Antes de Callas, habitó, en las década de los veinte y los treinta del pasado siglo, la inconmensurable Rosa Ponselle que, al revés del sortilegio de los ruiseñores de la época – Nellie Melba, Luisa Tetrazzini, Amelita Galli-Curci, Mercedes Capsir y un largo etcetera – prendió la antorcha, cien años apagada, de María Malibrán o Giuditta Pasta: cantantes-actrices que crearon el tipo de soprano dramática de agilidad, mezzosopranos quizá, que forzaron su instrumento para alcanzar el latido trágico que buscaban. El que demandaban Rossini, Bellini, Donizetti y demás belcantistas.

María Callas, que siempre reconoció su deuda con Ponselle, (aunque no con Luchino Visconti, el exquisito aristócrata de izquierdas, inmenso cineasta y director escénico, que fue quién encauzó debidamente su genio dramático, en montajes que asombraron en la Scala milanesa –La Vestale, La sonámbula, Ana Bolena, La traviata-, y que dieron la vuelta el mundo), cimentó su revolución, aún a costa de perder la voz prematuramente, devolviendo a mujeres enérgicas, desdichadas, ingenuas, picaronas o inermes, un aliento trágico –o cómico– perdido años ha en pirotécnicos gorgoritos que habían impuesto la gimnasia sobre la magnesia, la vocal se entiende. Y otra vez la ópera ya no volvería a ser lo que fue. Norma, Tosca, Violetta, Medea, Amina, Lucía, Ana Bolena, Leonoras (tanto la de El trovador como la de La fuerza del destino), Rosina (la de El barbero de Sevilla) recuperaron y, probablemente con creces, su auténtica dimensión humana, sin la cual un cuerpo, un rostro y una voz, por bella que sea, sobre un escenario son cosa incompleta en una ópera aún cuando la seducción vocal se muestre irresistible.

Más de 40 años desde que abandonó los escenarios. Y el hambre, la pasión , el deseo de otra María Callas nos sacude violentamente cuando escuchamos a cantantes tan musicalmente correctas como las del recién inaugurado milenio. Y el mito crece, se expande y ni se desvanece ni se disolverá jamás. Porque si la ópera es -y así se quiso que fuera desde Monteverdi a Alban Berg- teatro cantado, el reinado de María Callas se eleva definitivamente a lo eterno, a lo inefable. Y el estremecimiento de lo magistralmente interpretado nos hará llorar de añoranza y de emoción renovada cada vez que veamos un viejo video o DVD de María Callas, cada vez que escuchemos sus grabaciones, remasterizadas o no. Es el privilegio de la genialiadad. Y en eso nadie alcanzó a esta imponente artista, americana de nacimiento, pero griega de origen y de aspecto, hecha para cantar y para interpretar. Y, encima, sin serlo, resultar la más bella en un escenario. Callas fue, es y será la ópera italiana por excelencia. El melodrama que crearon y soñaron Bellini, Donizetti, Verdi o Puccini y que ella elevó a las olímpicas cimas de la eterna tragedia helénica.

martes, 3 de noviembre de 2009

Pongamos que hablo de Joaquín

Texto de Fernando Gracia

Ya habréis imaginado que ese Joaquín no puede ser sino el Sabina. A disculpar por lo facilón del título. Pero es que esa canción no representa cualquier cosa en la carrera del ubetense. Creo que fue la primera que oí compuesta por él, y curiosamente no se la oí al bueno de Joaquín, sino a un chaval que se anunciaba –creo recordar-como “Garbancito”. Flor de un día, cantante de cuando la calle Preciados de Madrid estaba llena de gente que no lo hacía mal.

Recordar la carrera de Sabina no viene al caso. Sé que a muchos no le cae ni medio bien, pienso que más como persona que como artista. Nada que añadir al respecto: sobre fobias, filias y gustos varios no debe haber disputa. Pero permítaseme decir que a mi modesta opinión estamos ante uno de los mejores poetas urbanos que ha dado este país en las últimas décadas, y que un buen puñado de sus canciones no solo están ya en el acervo popular sino que quedarán como de lo más granado de la producción dentro del género.

Se me ocurre hablar de Joaquín para recordar que un grupo de amigos –amigos entre sí y algunos de ellos amigos personales míos- que tocan bajo el nombre de Seven (son siete, como se puede colegir) tienen montado un espectáculo que viene a ser una especie de “integral Sabina”, que interpretan donde pueden, que tampoco son muchos sitios, vista la penuria de nuestra ciudad en cuanto a salas para tocar como Dios manda, o sea en vivo.

Y en plenas fiestas del Pilar desgranaron su colección de canciones en un local que hay en el Tubo, que se llama Rock and Blues, donde aunque parezca mentira hasta se oye bien, y tuvieron un éxito tremendo. Sí, ya sé, que muchos de los presentes eran familiares, amigos y conocidos, pero también había de los otros, sabinianos, rockeros y hasta poetas. Y nos sabíamos las letras y las cantamos, y volvimos a darnos cuenta del enorme talento del de Úbeda componiendo bellos textos y atrevidas metáforas, al ritmo de un estimable rock.

No nos dieron las diez, ni las once, sino las doce, ya que a esa hora se acaban los conciertos en ese local, y nos fuimos tarareando la del pirata cojo y la de esa princesa y tantas y tantas otras, que cada vez que las oigo me parecen mejores.

Dicen que pronto vuelve el original, el más madrileño de los no nacidos en Madrid, a tocar en nuestra ciudad. Volarán las entradas como la última vez e intentaremos conseguir una por si es la última vez que su voz rota suena en directo para nosotros. Dicen que es un tipo difícil, complicado, incluso él lo dice, pero a mí me interesa el artista y ese cada vez me parece mejor. Y los de Seven, que revisan sus canciones, no solo le rinden tributo sino que lo hacen con el mayor de los respetos, como corresponde a su condición de buenos músicos, que no viven de ello; que simplemente disfrutan tocando. Como yo oyéndoles.